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5 poemas de Historia de la carne, de Bileysi Reyes

5 poemas de Historia de la carne, de Bileysi Reyes

Foto de portada: Daniel Mordzinski

Este poemario es una liturgia de fracturas, donde la palabra se hunde en el músculo y lo revela. Reyes construye una voz lírica que se fragmenta y recompone, que se sabe herida y canto, semilla y desgarro. Cada página es un umbral donde la carne habla, sueña y arde.

A continuación reproducimos 5 poemas de Historia de la carne (Huerga y Fierro), de Bileysi Reyes.

*****

Cuando Marosa era Marosa yo era una ventana abierta

A veces venía también una
falena que se posaba sobre mí y nos
convencía a mí y a ellas de que las tres
éramos Marosa

Silvia Goldman

A Marosa di Giorgio

Cuando Marosa era Marosa yo era una ventana abierta y una cesta de panes

un capullo de rosa

un bolsillo de su falda.

Corríamos sobre la marea y nos atrincherábamos como luciérnagas. Los templos nos mordían el campo: había glicinas y cardamomos había magnolias y mariposas de fuego edulcoradas por la sal.

 

Cuando Marosa era todavía Marosa yo era una comadreja salvaje. Marosa se llamaba a sí misma: Marosa.

Nos llamábamos: Marosa como eco en la colina

y el grito nos salía de costado.

Desde entonces rompíamos la tradición

para nunca entrar en el duelo de que yo me refracte sobre Marosa ni que Marosa se refracte en un espejo

donde lenguaje es también una casa

donde el desprendimiento es también pómulos hundidos.

La llama latía viva en la carne

se sumergía como maraña de cuernos sobre la boca y sobre mi pecho

relucía el arma ardiente: la palabra. Enmohecida por los misales sometida a las montañas

caí como cien gotas de fuego entre corrientes de ceniza.

*

Atrapo a sorbos y modulo mi cuerpo alveolando al pulgar de tu mejilla: tus manos gruesas de dedos comidos por el tiempo: tus manos huellas dactilares: reflujo sanguíneo hasta la punta: tus cabellos sostienen la esquina del mundo hasta tus ojos que queman que dejan astillas en tu voz de canto grueso: tu voz de medianoche en tu pecho que acoge al mío en tu orilla: mi pecho de alas grandes: vocablo de mar desdibujado: unidades agrarias se refractan entre el hueso compacto: hueso esfinge conjugado hasta la médula: el codo sostiene a la raíz en cuarto menguante: tus labios entrecruzan mis palabras hasta tu oído.

¿Y en qué mundo existes todavía?

*

Pavana sobre la crisis de los 30

Si todas las lámparas de la casa se apagaran

podrías vendar esta herida

Anne Carson

es una parábola mi cuerpo

mi cuerpo muta sin pedirme permiso:

poros dilatados                         huesos que rechinan

¿quién les puso número a los óvulos? retinol

protector solar cremas hidratantes

la faja se encuentra fija con la carne

gimnasio                                extensor mayor abdominales

ocho vasos al día ocho horas de sueño

brócoli                       coliflor

broil con las fajitas de pollo se abre la herida real

el burnout                           las cinco de la tarde la calle agrietada en mi epidermis

pezones tallan colinas laterales

sobre mi pecho.

*

en el ala izquierda

la noche en su trino

parece venir desde la sangre

se abre el hueco en el pasillo

hasta la médula

trata de emular la sobriedad del tallo

(acallarse es de pronto convertirse en trueno)

en no devorar la cola de la plaga

*

El lago se ha
extinguido, oscuro
duerme el cañaveral
murmurando en el sueño

Herman Hesse

 

La carne es esa casa alveolada en la colina. Ella busca en mi interior vestigios de un rostro ennegrecido que salió volando una tarde de agosto. Atraigo los espejos que conforman sus fauces. Soy volátil corrompida en la garganta: esperar es siempre conservar la gracia, es no enervarse consumiendo un filo en el ojo del agua. En el epicentro de la luz miro hacia el abismo, hay un llano horizontalmente cubierto de hojas secas, donde existen casas a las que no podré volver. Sus luces tallan removiendo sus pieles negras. Sus ojos, escindidos en la pared, lloran por aquellas luces, resienten los reflejos camuflados en dos millones de ápices: se traducen extensivamente a dos kilómetros y medio. Cuánto llorar con la cara alborotada: el mundo se vuelve sepia en la pupila. Hay poblados así: lúgubres en su trajinar espeso.

La casa ha envejecido con mi sueño: se ha entregado al esquicio y no puede sino estallar tachuelas convertidas en moho.

Esta casa resulta pequeña en su llanto: ya no surgirá jamás como una estípula.

***

Bileysi Reyes (San Pedro de Macorís, 1993), máster en Escritura Creativa por la Universidad de Salamanca y licenciada en Letras por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), ha sido ganadora del Premio Nacional de Ensayo Joven 2025 (Ministerio de Cultura). En 2024 obtuvo la Residencia Literaria 1863 en A Coruña otorgada por el CCE en Santo Domingo. Primer Lugar en cuento de la Feria Regional Monte Plata 2019. Accésit en el concurso de cuentos Juan Bosch TLNSD 2018. Ha publicado los poemarios El jardín de las lenguas rotas (Editorial La Chifurnia, 2026), Historia de la carne (Huerga y Fierro Editores, 2025), Selva de palabras cortadas (Amargord, 2023) y el libro de ensayo Huellas del aire (Editora Nacional, 2026). Textos suyos aparecen en las antologías Voces del Este, Ellas narran, Quinta dosis, La caravana del rayo (Antología de poesía Panhispánica, 2024).

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Autor: Bileysi Reyes. Título: Historia de la carne. Editorial: Huerga y Fierro. Venta: Todostuslibros.

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