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5 poemas de Joaquín Campos

París, Venecia y Nueva York son ciudades que asociamos a grandes versos y poetas. En Pekín, y sobre la capital china, seguro que también se han escrito poemas, pero no es fácil encontrarlos firmados por un extranjero en un país donde la censura —y autocensura— ejerce —y se ejercía— mientras él escribía y allí residía. Joaquín Campos (Málaga, 1974), reside desde 2007 fuera de España en un exilio premeditado y privilegiado, antes en Asia y ahora en África. Poeta en Pekín (Renacimiento) es su novena obra y su cuarto poemario, del que Zenda publica estos cinco poemas. Demasiado humano, su quinto poemario, saldrá a la venta este próximo septiembre.

***

SANLITUN 2016

Tacones sin cerebros;
putas en las esquinas;
taxis sin taxímetro;
tabaco de dudosa procedencia.

Fideos a veinte dólares;
deportivos que derrapan;
calcetines de Mickey Mouse;
sonrisas enlatadas.

Sanlitun con embajadas
es un milagro no cotidiano
aunque sin ellas
sería la misma perversión:

aquella que dispone a tipos
maquillados, que revientan
sus visas por camisas a cuadros,
siquiera de once varas,
cuando el sol nunca sale
ni tampoco es que se ponga.

***

TIANANMÉN

La plaza como un aeropuerto
ya no huele a cadáver
sino a vida muerta.

Un niño sonríe ondeando
la insignia nacional.
Su padre, perjudicado,
echa humo por la boca.
La madre,
emocionada,
tira fotos con el móvil.

Un guardia de escaso rango y edad
anhela el fin de su jornada laboral
erecto como un cable.
Mientras, los conductores azotan el asfalto
en una imagen de película.

Y ante todos ellos Mao,
con su gesto impertérrito,
llenando de humillación
todas las cabezas,
las cámaras de fotos,
los bolsillos de las gentes,
y el recuerdo de unos estudiantes
de los que nunca sabremos ni sus nombres.

***

CHOPO CAMINO DEL INVIERNO

Tus hojas no caen,
sino que como las aspas
de los molinillos de mi infancia,
se ajetrean ante una rama erecta,

que impertérrita,
acepta tu retahíla de vaivenes
que a mí me sacian los ojos
como a la de quince un beso.

Un chopo camino del invierno
es la esperanza de la vista;
el goteo de ilusiones;
ese barco que zarpa

sin más destino que su cielo
que le mira abotargado
de la rabia de unas ramas
tan cerca de ese baile,

donde los molinillos hacen música,
el tronco pisa fuerte,
y la gente no pone la atención suficiente
ante un milagro no cotidiano.

***

NIEVA CÁNCER; LOS NIÑOS JUEGAN

A José Watanabe (in memoriam)

Una de la madrugada…
Pekín recibe una importante nevada.
El asunto es que durante semanas
no había cielo sino masa gris contaminante.
¿Qué habrá nevado entonces?

Ocho de la mañana…
Los niños hacen bolas de nieve
mientras sus madres les tiran fotos
y sus abuelas vigilan que estén bien abrigados.
Se combate el frío pero nunca la enfermedad.

Once de la mañana…
El cielo vuelve a estar como de costumbre.
A un niño le faltan dos dedos de una mano.
Su abuela le mira amarillenta.
La madre liga a través de las redes sociales.
El padre debe estar follándose a su secretaria.

Tras la primera nevada del año en Pekín
todo sigue en su sitio.
Y yo, aprovecho para narrarlo.

***

NI FETO

“El embrión, en las
dos últimas semanas,
apenas ha crecido”,
comentó el ginecólogo,
mientras nos enseñaba
las maneras de sacarlo
del útero, agarrado a él
tras aquel chorrazo de semen
del que brotó un milagro
que no ha llegado ni a feto.

Nunca sabré tu cara;
ni siquiera tu sexo.
Si te olerían los pies
o follarías a pelo.
Nueve semanas y pico
generando ilusión,
entre parias como yo,
que nunca quisieron ser padres
aunque ya te eche de menos.

Te imagino ahí dentro:
Muerto.
Congelado entre la vida ajena,
como la de tu madre que se agarra
a su hija, mientras yo,
me desangro por este bolígrafo.
Mi llanto no te valdría de nada,
aún sin cerebro ni planes
incrustado a un útero
convertido en tu ataúd.

Camino por las calles llenas de tipos
que un día fueron embriones
además de fetos.
¿Habrías estudiado?
¿Amado a Nietzsche?
¿O admirado a todas las nubes del mundo?
Hace tres días, en Córdoba,
soñé que te llamarías Cid;
jugando con el destino
cuando ya debías estar muerto
o camino de.

¿Se despide un embrión de la vida?
¿Acaso no te escuchó ni tu madre?
Porque yo, por mucho que puse la oreja
y besé su vientre, en sí tu casa,
sólo inventaba conversaciones,
pataditas y demás idioteces.

Entraste a través de mi esperma,
y saldrás ensangrentado
a través del coño de tu madre,
cuando seis meses más tarde
habrías sido jaleado,
mientras hoy, navegas congelado
esperando el cauce de una menstruación
que te arrastre hasta la taza
de un váter cualquiera.

El dolor es menos intenso
sin una cara.
Pero mi pena
alarga este poema,
primero y último
a la memoria
de un embrión
que no llegó ni a feto.

Me despido ya, Cid,
digo embrión,
digo poca cosa,
digo ilusión.

Tu madre agarra a su hija.
Yo, me miro la polla,
con la que disparé este ensueño
que sólo ha valido
para este triste poema.

Al menos no mediará una lápida
entre tu forma y mi llanto;
entre tus nueve semanas
y la necrológica del ginecólogo.

Habría dado, para que lo sepas,
de todo lo que dispongo
por enseñarte a leer.
Con eso me habría bastado.

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Autor: Joaquín Campos. Título: Poeta en Pekín. Editorial: Renacimiento. Venta: Todos tus librosAmazon, Fnac y Casa del Libro.

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