Matías Moscardi es un poeta y narrador nacido en Mar del Plata, en 1983. Publicó los libros de poesía Bruma (Vox), Los misterios del punk rock (Neutrinos) y Strobel Street (Club Hem), entre otros; las novelas Mediopelo (Puente Aéreo), Las Cosas (Clase Turista) y Las palabras (Puente Aéreo); El Gran Deleuze para pequeñas máquinas infantes (Beatriz Viterbo; seleccionado por la Dirección General de Cultura y Educación para integrar la Colección “Identidades bonaerenses”); y Las respuestas: 1779 preguntas (Beatriz Viterbo); Diario de limpieza (Bosque Energético), la saga infantil Marina Maravilla y el Fabuloso Dojo Literario de Katsumoto Hagakure (Editorial AZ) y el libro ilustrado Una temporada en Charlandia (Ralenti). Coescribió, junto a Andrés Gallina, tres libros: Diccionario de separación: De Amor a Zombie (Eterna Cadencia), Guía maravillosa de la Costa Atlántica (Sudamericana) y Museo del Beso (Reservoir Books). En género ensayo, publicó La máquina de hacer libritos: Poesía y editoriales interdependientes en la década de los noventa (Eduvim; premio FNA) y La rosca profunda (Prebanda; que reúne sus colaboraciones en el blog de Eterna Cadencia). Es Investigador Adjunto de Conicet y Doctor en Letras por la Universidad Nacional de Mar del Plata, donde trabaja como docente a cargo de la materia «Taller de oralidad y escritura».
***
los ascensores
me besabas en la columna
y ahora apenas recuerdo tu cara
yo tenía siete años
todavía no me había crecido el corazón
y le preguntaba a mi abuela
si lo que late es tumor
y ella me decía: lo que late es sangre
tu familia alquilaba en verano
un departamento en planta baja
mi abuelo era el encargado de ese edificio
una vez vio morir a un hombre
nosotros no lo vimos, lo escuchamos
mientras nos besábamos lo oímos caer
el sonido venía de la garganta de los ascensores
nos dio miedo
porque parecían los ruidos digestivos
de un animal que se come vivo a otro
esa tarde, cuando no mirabas
me limpié los restos de saliva
que dejaste en mis labios
me limpié con la sensación
de quien extrae algo
de una funda muy estrecha
y después no logra comprender
cómo hacía para entrar
un objeto tan grande
en una bolsa tan oscura.
***
carta
ayer soñé
otra vez con vos
y otra vez volví
a olvidar el sueño
me lavo los dientes
preparo café
espero de las cosas
la clave para interpretar
este mensaje
cuya naturaleza
parece la de un cartero
que todos los días
invariablemente
antes de golpear la puerta
antes de tocar el timbre
antes de preguntarse
si todavía queda alguien vivo
en este domicilio
deja una, otra vez
un aviso de visita
jamás la carta:
***
platos de cerámica
hoy, mientras lavaba
los platos de cerámica
que heredé de mis abuelos
pegajosas telarañas
agrisadas por el polvo
sucedió que al ponerlos
abajo del chorro de la canilla
a algunos, a otros no
les salían pequeñísimas grietas
que al unirse formaban
una mancha, un tumor
que pasaba de la invisibilidad
a la visibilidad, lenta
pero progresivamente
como una foto sumergida
en líquido de revelado:
era el agua entrando
por resquicios tan diminutos
que el ojo traduce
como materia blanca, lisa.
así parecía que los platos
iban a romperse
ante el mínimo roce
sólo con exponerlos
a la presión y al peso
del agua de la canilla.
¿volverían a la normalidad
cuando estuvieran secos?
una pregunta tonta
porque se vean o no
aquellas marcas
forman parte de ellos
y en ese momento
me hicieron dudar
de la integridad
de los platos
de cerámica,
de la integridad
del resto
de las cosas.
***
fotos
en las fotos no parece existir la tristeza
apenas como un exceso la sospecha
de que ese rostro no expresa felicidad
de que en tus ojos brilla un resto
de la discusión que tuvimos aquella tarde
pero no mucho más, no más que eso
en las fotos no parece existir la tristeza
estabas hermosa cuando nos conocimos
cambiaste de corte y color de pelo
a lo largo de los años y en esos cambios
que las imágenes registran parecías
más madura de lo que en verdad eras
pero no mucho más, no más que eso
en las fotos no parece existir la tristeza
apenas la sensación cuando las miro
de haber perdido algo que jamás
jamás tuvimos pero que ahí
ahí está.
***
all is lost
se trata de un yate
en medio de un mar
apacible y hermoso
un yate
que podría ser
tu vida
choca contra un container
flotando a la deriva
sin ninguna razón
comienza a entrar
agua por todos lados
y no hay diálogo
no es divertido
pero tampoco dramático
no esperes música
ni tiburones
ni siquiera gritos
llantos
de acuerdo con el guión
podrás putear una sola vez
hay que elegir bien
y el mar
si viene tormenta
da miedo
mejor es cerrar
las heridas
aunque arda
lo único que se divisa
como paisaje
son unos peces brillantes
que vuelven inexplicable
más difícil de entender
esa soledad
sobrevivir es aburrirse
la piel se curte con el sol
y duele
tampoco cambia nada
que pasen uno
dos barcos
ni prender
una bengala
porque no habrá nadie
que vea esa señal
en todo caso
resta incendiar
incluso
lo que queda
y aún así
es muy probable
que no alcance
y tengas que abandonar
tu cuerpo
en una tumba líquida
oscura, inmensa
y entonces
cuando todo
absolutamente todo
esté perdido
quizás quede algo
quizás
no.


Debo admitir que disfruté leer estos poemas. No conocía al autor, nunca había escuchado hablar de él. Bueno, ha escrito mucho según la reseña, es profesor, y qué bueno, qué chévere. Realmente le deseo todas las bendiciones posibles y que sus estudiantes puedan aprender mucho de él.
Ahora bien, entrando en la crítica de estos poemas: me gustó el poema de la carta. Tiene imágenes literarias. Es realmente el que más me gustó, y puede ser una cuestión de gustos también. El poema de la foto tiene una suerte de elipsis flotante, y también hay una anáfora que, en realidad, hace que este poema sea un poema.
Es que la mayoría, en realidad, me parecen más narraciones que poemas. Y será cuestión de gustos, pero honestamente son los dos únicos poemas que me gustaron. Y de tanto que ha escrito, no sé cómo no han podido conseguir unos poemas más poéticos, con más lenguaje poético, con más estructura poética.
“El ascensor”, ese poema, me resultó una especie de… no sé, una especie de microcuento. No le encontré mucho el sentido de poesía. Y será cuestión de gustos, pero solo dos poemas medianamente me gustaron. Y hablo desde mis intenciones de escribir, mis intenciones de leer poesía, quizás desde un prejuicio: el de que la poesía debe tener un ritmo constante, un rompimiento del lenguaje natural, del lenguaje normal.
Pero me ha dejado deseando muchas cosas estos poemas.
Les envío un abrazo enorme desde Chalguayacu, Valle del Chota, Ecuador.
Otro que confunde lo que le sucede en la vida con la poesía.
Otro que confunde lo que sucede en un poema con lo que sucede en la vida.
Otros dos que confunden la vida y la poesía
No será que están siempre confundiéndose…Vida y poesía