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5 poemas de Noviembre, de María Regla Prieto

5 poemas de Noviembre, de María Regla Prieto

Este canto al amor, a la infancia, a los recuerdos, a lo que fue, y a lo que pudo ser y no fue, está dedicado al padre de la poeta, Joaquín. Una vez más, la poesía nos redime del intenso dolor y de la soledad en la que nos sume la pérdida de un ser amado. Con prólogo de Salvador Daza.

En Zenda os ofrecemos cinco poemas de Noviembre (Renacimiento), de María Regla Prieto.

***

TU PALABRA

Tu palabra, padre,
me redimía del acechante averno,
alineaba planetas,
iluminaba astros,
y, como soplo divino,
rasgaba el aire.
Ella sola
alimentaba la ternura
de los silencios,
aligeraba el peso
de las noches
y levantaba la bruma
de la soledad primigenia.
Nombraste mi mundo
con tu certero verbo,
armonizándolo todo
o no.
Solo tu aliento
separaba la luz de las tinieblas,
alimentaba la avidez de la llama,
recomponiendo las raíces
del mundo.
No importa que no pudiera descifrar
la plegaria de la tormenta entonces
ni su estallido.
Qué más daba que me cegara
el resplandor amarillo del liquen,
que el temblor se apoderara
del albor de los sueños
o que me estremeciera
ante el secreto rumor del mar.
Mi despertar a la vida
se estrenó
con tu palabra.

***

TU MADRE

Hembra de madera seca y fuego,
dura y recia,
habitante de las marismas infinitas,
conocedora de la voz profunda
y germinada de la tierra,
esa era tu madre,
la de los ojos turbadores
como un mar en luz.
Hechicera de pelo blanco,
largo como el velo de una novia,
que todos los amaneceres
con delicado mimo,
trenzaba con sus dedos de papel.
Sibila iluminada
de voz antigua,
de sintaxis desnuda
y palabra árida.
Domadora de tormentas,
la mujer de abismos y sombras,
esa era tu madre.

***

EL HERMANO DE LECHE

A Mila Marín, con todo el amor que merece.

Hubo un hermano.
Los dos nos asomamos a la vida
en el mes décimo del calendario,
con pocos días de diferencia.
En vez del vínculo de la sangre,
compartimos las galaxias y las estrellas refulgentes
de la maravillosa y nutricia vía láctea.
Ambos saciamos nuestra ansia primera de vida
en los mismos montes de la Luna,
turgentes y hermosos.
También compartimos el común aroma
primigenio de la madre,
la misma piel caliente,
el mismo cuerpo incendiado de amor.
Incluso oímos la misma nana
dulce y rítmica
acunando nuestro sueño.
Un hilo de seda dorado
unió entonces nuestros corazones.
Con mi hermano siempre era verano.
Veo, como si no hubiera pasado el tiempo,
su cuerpo de niño-pez escurridizo,
moreno, delgado y vibrante,
bajo el sol del mediodía.
Abrazábamos las arenas de la playa,
y jugábamos sin descanso
a enredarnos en las rizadas orillas de la costa.
Me enseñó a nadar, a compartir,
y que un juguete roto podía ser
una diversión infinita.
Que el mundo era un lugar
que iba más allá de las paredes de la casa.
Recuerdo muy bien el color verde
tornasolado de sus ojos.
La cadencia de su voz,
cuando aún éramos pequeños,
descubriéndome algo prodigioso,
nunca exento de peligro.
Cuando se convirtió en un hombre,
fue bello y hermoso
como un héroe griego.
Era terco, osado y temerario
como si la eternidad fuera su aliada.
Le gustaba beber la vida a grandes tragos,
sin medida.
Le daba consejos que nunca seguía
y él me regalaba sonrisas.
Él partió temprano.
Desde entonces, me falta una mano
o quizás un brazo,
o una pierna,
o parte del corazón.
Estoy incompleta.
También, la luz del verano
se oscureció para siempre.

***

CONCÉDEME

Concédeme, padre,
que el recuerdo de tu voz
no se borre nunca,
ni el color de tus ojos,
ni el sonido de tus pasos llegando a casa,
ni el tacto de tu mano en la mía,
cuando me llevabas al colegio.
Concédeme, padre,
que no olvide nunca
tus advertencias,
tus consejos,
las lecciones que me enseñaste,
ni tus deliciosas recetas.
Que permanezcan los buenos momentos
que compartimos,
y también los malos,
donde aprendí tanto de la injusticia de la vida.
Concédeme que sea capaz de honrarte, padre,
todos los días,
pues no sé si ahora, sin tu mirada,
aunque sea de desaprobación,
torceré mis propósitos.
Concédeme que mis manos germinen,
que la soledad no pese,
que el mar invada mis sueños,
que la tormenta se aleje,
aunque me empape la lluvia.
Concédeme, padre, que mi corazón
no sangre cada vez que pienso en ti.

***

ORACIÓN

Padre que habitas en mi corazón,
santificada sea tu memoria para siempre
y bienaventurado sea tu nombre.
Que tu alma descanse
en esos cielos en los que creías
y que, si existen, te mereces,
porque fuiste un hombre honesto, honrado y bueno.
Ojalá hayas encontrado, padre, la paz
que se te negó tantas veces en vida.
Perdóname todas esas veces que no estuve a la altura,
y, sobre todo, perdóname las omisiones
más que las acciones.
Tú sabes de qué hablo.
Dame fuerzas para perdonar a los que te ofendieron
y para afrontar la vida sin tu presencia y tus consejos.
Permíteme caer en todas las tentaciones
en las que te hubiera gustado incurrir
y que la vida no te brindó;
vivir la libertad que se te negó,
portar las alas que a ti te cortaron de raíz.
También, llevarte la contraria en muchos asuntos de la vida,
equivocarme una y mil veces,
aunque ya no pueda discutir contigo,
y rebelarme en tu nombre contra la injusticia,
ya que tú no pudiste hacerlo tanto como hubieras deseado.
Que nadie silencie mis palabras
ni le ponga freno a mi corazón.
Y, padre, líbrame de todos los males.

—————————————

Autora: María Regla Prieto. Título: Noviemebre. Editorial: Renacimiento. Venta: Todos tus libros.

BIO

María Regla Prieto Corbalán es doctora en Filología Clásica por la Universidad de Sevilla. Colabora en prensa con artículos de opinión. Junto con Salvador Daza, ha publicado cinco estudios históricos sobre clérigos homicidas, siendo finalistas del premio nacional Así fue: La historia rescatada (2005). Ha dirigido cortometrajes basados en sus relatos. Entre sus obras literarias mencionaremos el Epistolario latino de Luisa Sigea, las novelas La esfera de lo divino y Magallánica, el libro de relatos La mirada de Perséfone, el ensayo Extraños pájaros, las obras de teatro Dos mujeres bajo una misma luna (Premio de Teatro Breve Francisco Nieva 2019) y El encargo, además de los poemarios Diario de Babel y Noviembre. Su novela Manos de trapo ha sido finalista de la octogésima edición del premio Nadal.

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Roberto López
Roberto López
1 día hace

Me parecieron más que excelentes cada uno de los poemas. Una forma de expresarse que no es común pese a su aparente sencillez. Felicitaciones a la autora.

Nieves del Olmo
Nieves del Olmo
11 horas hace
Responder a  Roberto López

Con que sencillezse describe ese sentimiento de ausencia, de pérdida que tantos llevamos dentro.
Enhorabuena Regla.

Raquel Soria
Raquel Soria
10 horas hace

Gracias Regla como siempre
tus palabras en prosa o en verso me llegan muy dentro.Un abrazo

María
María
9 horas hace

No todo el mundo tiene la capacidad de emocionar y transmitir como lo hace la escritora Regla Prieto; sencillez, emoción, realidad, sensibilidad…

Jose jimenez muñoz
Jose jimenez muñoz
7 horas hace

Los poemas están bien escritos. Son poemas familiares para leerlos en reuniones de familia y ocasiones así. Los verdaderos poemas son incendios.

Lola Carrasco
Lola Carrasco
6 horas hace

Disfrutó mucho con los escritos de Maria Regla Prieto y estos poemas son de una ternura inmensa.

M. Carmen Hervás
M. Carmen Hervás
5 horas hace

Preciosos versos en los que la autora se desnuda y nos acerca a su lado más personal, mostrando una gran sensibilidad hacia sus seres queridos, hecho en que nos podemos ver reflejados. Enhorabuena

Maite
Maite
2 horas hace

Magnifica obra de arte ! Un tesoro de poemas .