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5 poemas de Ocean Vuong

Foto: MacArthur Foundation.

Ocean Vuong es un poeta, ensayista y novelista vietnamita-americano nacido en Ciudad Ho Chi Minh (antes Saigón) en 1988. Emigró a Estados Unidos con su familia en 1990, tras pasar un año en un campo de refugiados de Filipinas. En 2014 recibió la beca Ruth Lilly/Sargent Rosenberg de la Poetry Foundation y en 2019 la beca MacArthur Grant. Ha publicado las plaquettes Burnings (Sibling Rivalry Press, 2011) y No (YesYes Books, 2013). Con el poemario Cielo nocturno con heridas de fuego (Vaso Roto Ediciones, 2018, traducción de Elisa Díaz Castelo) ganó el Whiting Award y el Forward Prize en Estados Unidos, y el Premio T.S. Eliot en Inglaterra. Sus textos se han publicado en medios como The Atlantic, Tha Nation, The New Yorker y The New York times. Es profesor en el Amherst College de Massachusetts. En narrativa ha publicado En la tierra somos fugazmente grandiosos (Anagrama, 2020). Sus poemas abordan temas como el exilio, la guerra y la homofobia. Escribe con la humildad y el orgullo de quien tiene la conciencia de ser el primer alfabetizado en una familia en la que la poesía siempre se transmitió fue oral. Escribe desde la posición de inmigrante, refugiado y homosexual en una América marcada por el prejuicio y los traumas de una guerra que le marcó con el estigma del exiliado. 

***

Acción de Gracias 2006

Hace demasiado frío en Brooklyn esta noche
y todos mis amigos están a tres años de distancia.
Mi madre me dijo que yo podría ser
lo que quisiera, pero decidí vivir.
En el rellano de una vieja casa de piedra rojiza
un cigarro arde y se disipa.
Camino hacia él: una navaja
que el silencio afila.
El humo esculpe su quijada.
La boca por la que vuelvo a entrar
en la ciudad. Extraño, eco
palpable, aquí está mi mano, llena de sangre delgada
como el llanto de una viuda. Estoy listo.
Listo para ser cada uno de los animales
que dejas atrás.

***

De cabeza

¿Acaso no lo sabes? El amor de una madre

ignora el orgullo

como el fuego

ignora los gritos

de los que incendia. Hijo mío

incluso mañana

tendrás el día de hoy. ¿Acaso no lo sabes?

Hay hombres que tocan pechos

como tocaría

cráneos. Hombres

que cargan sueños

y atraviesan montañas, con los muertos

sobre la espalda.

Pero sólo una madre puede andar

con el peso

de otro corazón latiendo.

Niño tonto.

Puedes perderte en cada libro

pero no te olvidarás de ti mismo

como dios olvida

sus manos.

Cuando te pregunten

de dónde eres,

diles que tu nombre

fue arrancado de la boca sin dientes

de una mujer de guerra.

Que no naciste

sino que te arrastraste, de cabeza

hacia el hambre de los perros. Hijo mío, diles

el cuerpo es una daga que se afila

cortando.

***

Rompe hogares

Y así fue como bailamos: arrastrando los vestidos
blancos de nuestras madres, agosto

nos teñía las manos rojo oscuro. Y así amamos:
medio litro de vodka y una tarde en el desván, tus dedos

acariciando mi pelo, mi pelo un incendio. Nos cubríamos
los oídos y los arranques de tu padre se convertían

en latidos. Cuando nuestros labios se tocaron el día se cerró
como un ataúd. En el museo del corazón

dos personas sin cabeza construyen una casa en llamas.
La escopeta siempre estuvo sobre la chimenea.

Siempre hay tiempo para matar, -sólo para rogarle a dios
que te lo devuelva. Si el desván no, el coche. Si el coche no,

el sueño. Si el chico no, su ropa. Si vivo no,
cuelga un teléfono. Porque el año es una distancia

que hemos recorrido en círculos. Es decir: así
bailamos: a solas en cuerpos dormidos. Es decir:

así nos amamos: en la lengua un cuchillo que se vuelve
lengua.

***

Porque es verano

te vas en bici hasta el parque amoratado
por las 9pm en los arces relucen bolsas de plástico
deshechas por los días el maizal
recién arrasado y mentiste
sobre a dónde vas se supone
que saldrías con una mujer a la que no le encuentras
un nombre pero él te espera
en el campo de béisbol detrás del banco
salpicado con cigarros Newport condones rotos
él te espera con manos pegajosas y menta
en el aliento un corte de cabello barato
y los levis de su hermana
un tufo a orina se levanta del pasto húmedo
después de todo es junio y eres joven
hasta septiembre él se ve distinto
al de la foto pero no importa
porque besaste a tu madre
en la mejilla antes de venir
hasta acá porque la rendija oscura de la bragueta es suficiente
para hablar a través del cierre un grito delgado
donde plantas tu boca
para escuchar el sonido de pájaros
que golpean el agua el chasquido elástico
de las pretinas cuatro manos apresurándose
en docenas: un enjambre de deseo que vistes
como velo de novia pero no
lo mereces: el chico y
su soledad el chico que te encuentra
hermoso sólo porque no eres
un espejo porque no tienes
suficientes rostros para abandonar has venido
tan lejos para ser nadie y es junio
hasta mañana eres joven hasta que una canción pop
suene en el cuarto de un chico muerto el agua filtrándose
de cada esquina del verano y tú quieres
decirle está bien que la noche también sea una tumba
de la que logramos salir pero él ya se está arreglando
la camisa el maizal una crueldad que apesta
a estiércol te untas el cuello con
lápiz labial te vistes con manos temblorosas
dices gracias gracias gracias
porque todavía no sabes para qué sirve
perdóname porque eso es lo que dices
cuando un extraño emerge del verano
y te ofrece una hora más de vida.

***

En la tierra, somos brevemente hermosos (Fragmento)

I

Te contaré cómo nos equivocamos lo suficiente para ser perdonados. Cómo una noche, después de abofetear a mamá y embestir con una sierra la mesa de la cocina, mi padre se arrodilló en el baño hasta que escuchamos sus gritos amortiguados por las paredes. Y así aprendí que un hombre en el clímax era lo más cercano a la renuncia.

Traducción: Elisa Díaz Castelo

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