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50 consejos para ser escritor, de Colum McCann

50 consejos para ser escritor, de Colum McCann

Lee en voz alta. Arriésgate. Prepárate para que te arranquen la piel a tiras. Fracasa. Acepta el rechazo. Encuentra a un lector en quien confíes. Disfruta de las dificultades. Abraza el misterio. Lee promiscuamente. Imita, copia, pero conviértete en tu propia voz. Sé descarado ante la página en blanco. Canta. Comparte tu rabia. Resiste. Confía en tu bolígrafo azul, pero no te olvides del rojo. Sé un explorador, nunca un turista. Mantén la calma. Dilata tus orificios nasales. Llénate los pulmones de lenguaje. Te pueden quitar muchas cosas —tu vida incluida— pero no tus historias sobre esa vida. He aquí una palabra dirigida no sin amor ni sin respeto a un joven escritor: escribe.

De la mano de Colum McCann, ganador del National Book Award y profesor de Escritura Creativa, Seix Barral publica 50 consejos para ser escritor, una clase magistral que es mucho más que un manual de escritura: una llamada a mirar el mundo con ojos de escritor, una invitación a ir más allá de nuestros límites, un desafío y un estímulo.  A continuación, reproducimos un fragmento.

CARTA A UN JOVEN ESCRITOR

Vivo mi vida en círculos crecientes

que encima de las cosas se dibujan.

Rainer Maria Rilke

Haz las cosas que no sean computables. Sé serio. Sé abnegado. Sé un subversivo de lo fácil. Lee en voz alta. Arriésgate. No tengas miedo de los sentimientos, ni siquiera cuando los demás los tachen de sentimentaloides. Prepárate para que te arranquen la piel a tiras: sucede. Permítete indignarte. Fracasa. Tómate un respiro. Acepta el rechazo. Deja que los desmoronamientos te espabilen. Practica la resurrección. Ten capacidad de asombro. Carga con tu pedacito de mundo. Encuentra a un lector en quien confíes. Él también tendrá que confiar en ti. Sé un estudiante, no un maestro, incluso cuando enseñas. Déjate de pamplinas. Si te crees las buenas críticas, tendrás que creerte también las malas. Aun así, no te hundas. No consientas que tu corazón se endurezca. Asúmelo: los cínicos cuentan con mejores frases lapidarias que nosotros. Anímate: ellos no consiguen nunca terminar sus relatos. Disfruta de las dificultades. Abraza el misterio. Encuentra lo universal en lo particular. Vuelca toda tu fe en el lenguaje, los personajes un cálculo. La frase se hizo popular en el lenguaje de la ciencia ficción para aludir a todas las operaciones informáticas que acostumbran a resultar en la destrucción del dispositivo que no puede procesarlas. Oblígate a ir más allá. No te quedes chapoteando en el mismo charco. Puede que sobrevivas si lo haces, pero seguro que te será imposible escribir. Nunca te des por satisfecho. Trasciende lo personal. Confía en la perdurabilidad de lo que es bueno. Obtenemos nuestra voz de las voces de los demás. Lee promiscuamente. Imita, copia, pero conviértete en tu propia voz. Escribe sobre aquello que quieras saber. Mejor aún, escribe rumbo a aquello que desconoces. El mejor trabajo surgirá de fuera de ti. Sólo entonces tendrá un alcance interior. Sé descarado ante la página en blanco. Restituye lo que haya sido ridiculizado por los demás. Escribe más allá de la desesperación. Haz justicia de la realidad. Canta. Forja tu visión en la oscuridad. El dolor ponderado es mucho más recomendable que el no ponderado. Sospecha de aquello que te consuele en demasía. La esperanza, la convicción y la fe te fallarán a menudo, pero ¿y qué? Comparte tu rabia. Resiste. Denuncia. Ten aguante. Ten coraje. Ten perseverancia. Las frases silenciosas importan tanto como las ruidosas. Confía en tu bolígrafo azul, pero no te olvides del rojo. Haz que importe lo esencial. Admite tu miedo. Date permiso. Tienes algo de lo que escribir. Por muy limitado que sea no quiere decir que no sea universal. No seas didáctico, nada aniquila la vida de un texto tanto como las explicaciones. Esgrime un argumento para lo imaginado. Empieza con la duda. Sé un explorador, nunca un turista. Visita lugares en los que no haya estado nadie. Lucha por subsanar. Cree en el detalle. Haz que tu lenguaje sea único. Una historia empieza mucho antes de la primera palabra. Termina mucho después de la última. Haz de lo ordinario lo sublime. Mantén la calma. Revela una verdad que todavía no haya sido desvelada. Y sé entretenido al mismo tiempo. Sacia el apetito por la solemnidad y el alborozo. Dilata tus orificios nasales. Llénate los pulmones de lenguaje. Te pueden quitar muchas cosas —tu vida incluida— pero no tus historias sobre esa vida. Así pues, he aquí una palabra dirigida no sin amor ni sin respeto a un joven escritor: escribe.

1 NO HAY REGLAS

Existen tres reglas para escribir una novela.

Por desgracia, nadie sabe cuáles son.

W. Somerset Maugham

No hay reglas. Y, si las hay, sólo están ahí para ser dinamitadas. Abraza esas contradicciones. Tendrás que estar preparado para sostener simultáneamente en la palma de tu mano dos o más argumentos enfrentados.

Al diablo con la gramática, pero sólo si ya conocías la gramática de antemano. Al diablo con la formalidad, pero sólo si ya has aprendido lo que significa ser formal. Al diablo con la trama, pero más te vale hacer que suceda algo en algún momento dado. Al diablo con la estructura, pero sólo si la has considerado de cabo a rabo tan minuciosamente como para que te permita caminar a través de tu trabajo con los ojos cerrados.

Los grandes dinamitan las reglas deliberadamente. Lo hacen con el fin de reinventar el lenguaje. Lo dicen como nunca nadie lo ha dicho antes. Y entonces lo desdicen, y lo siguen desdiciendo, dinamitando sus propias reglas una y otra vez.

De manera que sé intrépido al dinamitar —o quizá, incluso, al inventar— las normas.

2 TU PRIMERA FRASE

Todas las novelas deberían empezar

con la misma frase: «Confiad en mí, tardará,

pero aquí hay orden, muy tenue,

muy humano».

Michael Ondaatje

La primera frase debería abrirte la caja torácica en canal. Debería llegarte dentro y retorcerte el corazón. Debería sugerirte que el mundo jamás volverá a ser el mismo.

El comienzo debería ser activo. Debería zambullir a tu lector en algo urgente, interesante, informativo. Debería proyectar hacia delante tu relato, tu poema o tu obra teatral. Debería susurrarle a tu lector al oído que todo está a punto de cambiar.

Gran parte de lo que luego seguirá estará basado en el tono del comienzo. Garantízanos que el mundo no es un lugar estático. Ofrécenos algo concreto a lo que aferrarnos. Transmítenos que estamos yendo a algún sitio. Pero, igualmente, tómatelo con calma. No embutas el universo entero en tu primera página. Logra un equilibrio. Deja que la historia se desarrolle. Piensa en ella como si fuera una puerta. Una vez hayas conducido a tus lectores hasta el umbral, podrás pasearlos por el resto de la casa. Al mismo tiempo, mantén la calma si no consigues hacerlo bien a la primera. A menudo no encontrarás la frase de inicio hasta que vayas por la mitad del primer borrador. Llegas a la página 157 y de repente te das cuenta: Ajá, aquí es donde debería haber empezado.

Así que retrocedes y empiezas de nuevo.

Arranca elegantemente. Arranca ferozmente. Arranca delicadamente. Arranca por sorpresa. Arranca con todas las cartas sobre la mesa. Esto, por supuesto, suena un poco a que te digan que camines por la cuerda floja. ¡Adelante entonces, camina por la cuerda floja! Relájate en la tensión del alambre. La primera frase, como el primer paso, es sólo la primera de muchas, y no obstante determina la forma de lo que está por venir. Intenta dar un paso, luego dos y luego tres. Llegará un punto en que quizá consigas atravesar medio kilómetro de firmamento.

Y entonces tal vez te tropieces y te caigas de nuevo. No importa. A fin de cuentas, se trata de un trabajo de la imaginación. No morirás en el intento.

Al menos, no todavía.

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Autor: Colum McCann. Título: 50 consejos para ser escritor. Editorial: Seix Barral. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro