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6 poemas de Estela Figueroa

Foto: Natalia Leiderman.

Estela Figueroa es una poeta nacida en Santa Fe, Argentina, en 1946. Entre sus publicaciones destacan Máscaras sueltas (1985), El libro rojo de Tito (1988), A capella (1991), Un libro sobre Bioy Casares (2006) o La forastera (2007). Ha realizado trabajos para cine y teatro y coordinado talleres literarios en el Pabellón de menores de la cárcel de Las Flores, donde editó la revista Sin alas. Dirige la revista La Ventana, que publica la Dirección de Cultura de la Universidad Nacional del Litoral. En este ámbito universitario también coordina el Taller Literario, tarea que se vio plasmada en la edición de tres libros y fichas de poesía, versiones teatrales de aguafuertes de Roberto Arlt y la escritura y emisión de dos radionovelas. Colabora en el Diario El Litoral y sus poemas han sido traducidos a varios idiomas y han aparecido en diversas publicaciones internacionales. El hada que no invitaron: obra poética reunida 1985-2016, publicado por la editorial Bajo la luna en 2016, incluye sus libros de poesía hasta la fecha junto con Profesión: sus labores, que permanecía inédito. Invitamos a quien quiera conocer más sobre la vida y obra de la autora a adentrarse en la entrevista realizada en 2016 por Patricio Foglia y Natalia Leiderman en Malón Malón. La mejor definición de los rasgos de su poética es la que la propia autora da en uno de sus poemas:Las nuestras, mi amigo, / son obras pequeñas. / Escritas en la intimidad / y como con vergüenza.

***

MI CUERPO

Hay momentos en que mi cuerpo me parece
como una casa abandonada.

Y no sé si soy yo
o es mi fantasma
que ha entrado en él
por error.

***

TRACÉ UN PARÉNTESIS EN MI VIDA

En ese paréntesis puse mis emociones.

Como un chico que en una tarde de domingo
pasea con un globo
yo paseo con mi paréntesis
Si el hilo es fuerte
lo conservaré
Si es débil
no claro que no

Mis emociones
me inundarán
como un río.

***

SUSPIRO

Suspiro dentro de un vaso
que era para flores.
Un suspiro lo limpia.
Otro lo empaña.

***

MUJER EN DICTADURA

Gruesas paredes cubrieron las ventanas, las puertas.
Quedé sola, sin libros. Quise gritar ¡los libros no! Pero
también se habían llevado mi voz. Dejaron un agujero para
mirarme. Una araña empezó a cubrirlo.
Tal vez ellos se olvidaron de mí.

***

AMOR DE MADRE PRESA EN DICTADURA

Después de los castigos corporales
el miedo
y no saber
cuánto tiempo
permanecería en esa cárcel
su amor de madre
disminuyó.

Su pequeña hija
crecía sin ella
prescindía de ella.

Había guardado
un ovillo de lana roja
que desteñía.

Los días de visita
lo sumergía
en un jarro de agua
y esperaba.

A ese agua roja
se la pasaba por la cara
y la dejaba secar.

No quería que la niña
la viera tan pálida.

De su amor de madre había quedado eso:
el deseo
de no hacerla sufrir.

***

A MANUEL INCHAUSPE, EN EL HOSPICIO

Las nuestras, mi amigo,
son obras pequeñas.
Escritas en la intimidad
y como con vergüenza.
Nada de tonos altos.
Nos parecemos a la ciudad
donde vivimos.

Perdiste tus últimos poemas
y yo casi no escribo.

De allí
esos largos silencios
en nuestras conversaciones.

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