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6 poemas de Julián Cañizares Mata

Julián Cañizares Mata es un poeta nacido en Albacete en 1972. Ha publicado Travis poemas (Colección Provincia, Diputación de León, 1999), Los elementos del clima (Editorial Aventis, 1999), El hombre sin cabeza, el gato Wilson y el Condotiero Fajardo, dentro del libro Tres tipos con gafas (Editorial Academia de Samotracia, 2001), Sustituir estar (Ediciones DVD, 2009), Lugar y Esquema (La Isla de Siltolá, 2013), La lealtadmantenimiento (La Isla de Siltolá, 2015), Navajazo (La Isla de Siltolá, 2017) y Cuarenta ciervos invisibles (La Isla de Siltolá, 2020). Dirige el fanzine Guitarrazo. Presentamos una selección de poemas inéditos.

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Breve historia de la democracia española

Yo te pegué una hostia.
Tú me pegaste una hostia.
Los dientes fundaron un partido político.

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Un hijo

Tuve un hijo y ya todo lo demás dejó de importarme.
Dejó de importarme el devenir de la poesía española.
Dejó de importarme la política nefasta y el olor a cruz.
Dejó de importarme estar o no estar, ser o no ser.
Incluso dejaron de importarme las sanciones fiscales.
Es posible que todo tenga una solución sin mí. Que
haya personas que actúen en mi nombre, y que mi yo
esté representado en un montón de yoes desconocidos.
Supongo que soy una persona que ha dejado de vivir
un yo contextualizado, para vivir un yo extraordinario.
Pocos campos han conseguido puertas. Pero eso, a mí,
ya no me importa. Porque tuve un hijo, y así vivo.

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Quince despertares

En la escuela, en el instituto, en la universidad.
Todos deberían escribir un poema de amor
para poder pasar de curso. Los profesores, también.
(Pero ellos para poder seguir siendo profesores).
Luego, esos poemas deberán ser guardados.
En un archivo municipal. En ese archivo habrá
palabras resguardadas del quicio de la violencia.
Todos pondrán leer sus poemas.
Una vez al año, irán con sus familias. Con amigos,
con ellos mismos. Y los leerán. Y no podrán
salir del poema sin haber visto qué sintieron
en aquel momento, cuando tuvieron que pensar
en el amor. Quizá no sirva para mucho.
Pero no se me ocurre otra idea mejor, menos mala,
de acabar con la violencia. Algo que sea perfecto.

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Veintiún saludos

Me compré un icono bizantino.
Lo metí en la maleta, tomé el avión,
y volví a casa. Lo colgué
en la pared. Tres semanas más tarde,
se cayó al suelo.
(Cuando lo compré, la dependienta
me sonrió como si fuera su novio.
En la maleta, no sufrió ni el icono
ni el viaje.
Cuando tomé el avión,
me ayudaron a encontrar mi asiento.
Ya en casa comprobé que mi casa
tenía la justa medida para tener luz.)
Durante esas tres semanas,
fui a pasear y tuve setenta saludos,
doscientos pensamientos positivos,
cuatro intentos de saltar y saltar.
Pero cuando lo encontré en el suelo,
la violencia me dijo: eh, qué tal.
Y yo le dije: te estaba esperando,
pero no por ello estaba sufriendo.

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Catorce fríos

Una vez, fui de camping. Dormí en una tienda
de campaña, y en pleno invierno me desperté
y salí de ella, al pleno invierno. Hacía mucho
frío, mucho frío. Estaba nevado, había un reno,
una rama caída por el peso de la nieve, y el aire
dolía dentro de los pulmones. Me pareció
que la naturaleza era violenta, y mi percepción
de ella no lo era. Al contrario: estaba bien,
estaba donde quería estar. ¿Quién quiere estar
en pleno frío, en plena nieve, en pleno reno?
¿Quién desea salir de una tienda de campaña
y sentir el frío por todas partes, y no saber
si ese frío se quitará un minuto después, o dos
años después; o quizá nunca; o quizá hace años?

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Consecuencias

Las cosas no son lo que parecen.
Todo gira en torno a proyectar palabras.
Las palabras no deben dinero.
Se escuchan disparos en tu corazón.
Parece que hoy va a llover sin ganas.
Las ganas de inventar palabras viejas.
El código de enamorarse está roto.
La contraseña es de un solo grito.
Dicen que va a llover y no lo parece.
La soledad es eso que nos acompaña.
Los dibujos de un sobrino la matan.
Dejo de inventarme causas.
Quiero estar debajo de un árbol ruso.
Las corrientes marinas me acorralan.
Fundan ciudades dentro de los pueblos.
Los disparos también se disculpan.
Las cosas no son lo que parecen.
Es tiempo de amar sin consecuencias.
El futuro es una metáfora de bosque.
Una proyección de una rama rota.
Es tiempo de amar y de quererlo.

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