Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. En los dos primeros meses cuenta con la colaboración de Íñigo Palencia.
Domingo, 9 de febrero de 1936: Más mítines
La sobria fachada racionalista del Monumental Cinema recibió a los votantes de Acción Popular, el núcleo duro de la CEDA que lideraba José María Gil-Robles. Una larga fila de paraguas se desparramaba en espera ordenada a lo largo de la calle Atocha.
Llegaba el momento. El público empezó a corear: jefe, jefe, jefe. Si el mismísimo Mussolini hubiese aparecido, no se le habría dispensado un recibimiento mejor. Y eso que Gil-Robles no destacaba ni por su estatura ni por su porte. Un gesto serio avejentaba a este salmantino de treinta y siete años, con traje y corbata y un pañuelo blanco sobresaliendo impecable del bolsillo del pecho de la chaqueta.
—No toméis a vanidad el que me sienta orgulloso del espectáculo que hoy ofrece Madrid —se jactó. Sus palabras llegaron por megafonía a los demás teatros—. Amigos y enemigos tendrán que reconocer que este acto no tiene precedentes. Para mí tiene un doble valor. Nuestro partido se forjó en la lucha. Persecuciones, tropelías y alteraciones del orden público; todo se acumuló contra nosotros. Y, sin embargo, en las pasadas elecciones tuvimos un triunfo clamoroso. Hubo que formar gobiernos en que afrontábamos todas las responsabilidades, sin las garantías necesarias para hacerlas efectivas. Vimos cómo grandes sectores de opinión, impacientes, iban subrayando nuestras dificultades, porque más difícil que hacer un partido es mantenerlo en el poder cuando toca ejercerlo. Y, para colmo, hemos sido desalojados del Gobierno. Frente a lo que pedía la opinión pública, frente al clamor popular, han osado cerrar el paso al partido más votado de las últimas elecciones. Por eso muchos hoy proclaman nuestro fracaso. Creen que hemos sido expulsados del Gobierno y que el poder no volverá a nuestras manos. Pero yo tengo que preguntar ahora: ¿dónde está nuestra decadencia? ¿Qué partidos hay en España que puedan presentar este inmenso frente de batalla?
El auditorio estalló en una atronadora ovación que nada tuvo que envidiar a las que se sucedían en ese mismo momento en otros cines y teatros de la capital, donde el Frente Popular escenificaba su propia demostración de fuerza. El teatro Victoria, el cine Europa, el cine Montecarlo, el Salón Guerrero y más salas de espectáculos acogían los discursos de sindicalistas, socialistas, comunistas y republicanos de izquierdas.
También las izquierdas habían instalado un sistema telefónico de megafonía que permitía escuchar intervenciones en salas distantes y, en los palcos, adornados con emblemas de las Juventudes y banderas rojas con la hoz y el martillo, los recibimientos se hacían con puños en alto y entonando La Internacional. En el cine Europa, tras intentar en vano recibir con claridad la transmisión de otras intervenciones, los técnicos dieron paso al plato fuerte de la cita: Francisco Largo Caballero.
—Desde el principio de mi campaña vengo señalándolo —dijo el líder socialista ante un público entregado. Su mirada viva e intensa no ocultaba su satisfacción. Al igual que Gil-Robles, su figura no era imponente, pero algo había en aquel viejo estuquista de Chamberí que transmitía una voluntad inquebrantable y hechizaba a su parroquia—. Algunos nos presentan como vándalos. Otros creen que seremos meros auxiliares de los partidos burgueses. Pues bien, compañeros, nosotros afirmamos que mantenemos nuestros objetivos y que, con el triunfo, transformaremos las instituciones. Cumpliremos el pacto del Frente Popular y exigiremos que los demás lo cumplan. Cuando los socialistas fuimos requeridos para traer la República, la trajimos. Y ahora transigimos momentáneamente ante otros requerimientos, porque la lucha del dieciséis de febrero no es la revolución social, pero sí vencer al enemigo común, el fascismo. Y después, cumplir el programa, empezando por una amplia, amplísima amnistía y auxilios a las familias de las víctimas de Asturias…
—¡Viva Asturias! —clamó el público.


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