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9 poemas de Charles Simic

Charles Simic es un poeta, ensayista y traductor nacido en Belgrado en 1938. Emigró en 1954 a Estados Unidos, donde reside desde entonces. Ha publicado más de veinte libros de poemas y traducciones de poetas de Europa Oriental como Izet Sarajlić. Es heredero directo la tradición poética de Vasko Popa y sus poemas se caracterizan por tener una gran carga irónica en la que se sirve de imágenes cotidianas para aludir a los principales traumas del mundo contemporáneo y criticar las sociedades totalitarias. Ha sido galardonado con el Premio Pulitzer de Poesía en 1990, la Beca al genio de la Fundación MacArthur, el Griffin International Poetry Prize y el Wallace Stevens Award. Fue nombrado el decimoquinto Poeta Laureado por la librería del congreso de EE.UU. en 2007. En la actualidad es profesor en la Universidad de New Hampshire y escribe en The New York Review of Books. En 2010 Vaso Roto Ediciones publicó sus memorias, Una mosca en la sopa, libro al que siguieron los poemarios El mundo no se acaba (2013), Mi séquito silencioso (2014), El lunático (2017) o Acércate y escucha (2020), así como su obra en prosa La vida de las imágenes (2018). También la editorial Valparaíso ha publicado varias antologías de su obra como Poesía (1962-2020), así como los libros de poemas El señor de las máscaras (2018), Picnic nocturno (2018) y una recopilación de sus artículos en el libro Días cortos y largas noches (2017). Presentamos una selección de poemas del libro Garabateando en la oscuridad (Vaso Roto Ediciones, 2018) y la antología Mil novecientos treinta y ocho (Valparaíso Ediciones, 2014).

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MIL AÑOS DE SOLEDAD

Al anochecer
Cuando deja de nevar
Nuestras casas se levantan
Muy por encima de la tierra
En el silencioso espacio
Al que ni el ladrido de un perro
Ni el grito de un pájaro, llegan.

Somos como los antiguos marineros:
Nuestros cuerpos son el océano
Y el silencio es el bote
Que Dios nos ha dado
Para nuestro largo y desconocido viaje.

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PAREJA DE VIEJOS

Esperan a que los maten,
O los desahucien. Pronto
No tendrán nada para comer.
Mientras tanto, están sentados.

Creen que un dolor violento está por llegar.
Empezará en el corazón
Y subirá hasta la boca.
Los llevarán en camillas, aullando.

Esta noche vigilan la ventana
Sin dirigirse la palabra.
Ha llovido, y ahora parece
Como si fuera a nevar un poco.

Lo veo levantarse para bajar las persianas.
Cuando su ventana se queda a oscuras,
Sé que su mano ha alcanzado la de ella
Justo cuando iba a encender la luz.

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DICIEMBRE

Nieva
y los vagabundos todavía
van
cargando con sus pancartas–

una proclama
el fin del mundo
la otra
los precios de una barbería local.

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GUERRA

El dedo tembloroso de una mujer
Recorre la lista de víctimas
La noche de la primera nevada.

La casa está fría y la lista es larga.

Todos nuestros nombres están incluidos.

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ENERO

Huellas de niños
en la ventana helada
de una pequeña escuela.

Un imperio, leí en alguna parte,
se mantiene gracias a
la crueldad de sus prisiones.

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LA QUE DESAPARECIÓ

Ahora que hace calor como para sentarse hasta tarde en el porche
alguien se acordó de una vecina,
aunque han pasado más de treinta años
desde que salió a caminar un poco después de la cena
y nunca regresó con su esposo e hijos.

Nadie presente podía recordar gran cosa sobre ella,
excepto la manera en que sonreía y se quedaba pensativa
de repente sin contar por qué,
cuando se le preguntaba, como si ya tuviera un secreto
o el corazón roto porque no guardaba ninguno.

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EL AMANTE

Cuando yo vivía en una granja, escribía cartas de amor
para los pollos que picoteaban en el patio,
o me sentaba en la letrina escribiendo a una araña
que enmendaba su tela sobre mi cabeza.
Fue cuando mi esposa se largó con el cartero.
Los vecinos se marcharon, también.
Su cerda y sus lechones chillaban
mientras corrían detrás del camión de la mudanza,
como lo hizo aquel espantapájaros que una vez até a un árbol
para que tuviera que escucharme.

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EN EL JARDÍN TRASERO DE ALGUIEN

Qué hermosa escena
ver a dos amantes beber vino y besarse,
y a un perro sobre sus patas traseras
mendigando las sobras de la mesa.

***

LA VENTISCA

Oh, quién estuviera dentro de un buzón
en una esquina de la calle cubierta de nieve
acurrucado a una carta
que envía amor y ardientes besos
para algún tipo afortunado de ahí afuera.

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La traducción es de Nieves García Prado.

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