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María José Gálvez: «La lectura exige estar dentro de lo que se lee»

María José Gálvez: «La lectura exige estar dentro de lo que se lee»

María José Gálvez, Directora General del Libro y del Fomento de la lectura, es doctora en derecho, y hasta hace poco fue directora editorial de Tirant lo Blanc. Con Zenda habla a libro abierto acerca del ecosistema del sector, y le brilla la letra de la mirada conforme pasa las páginas sobre las que le pregunto. Sus ideas son claras, y su voz transmite la ilusión por un trabajo que construye personas, imaginaciones, futuros.

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—Siempre que hablamos de lectura hablamos de placer, pero no dejamos claro que lo primero es conseguir una disciplina de leer. ¿Cómo se enseña esa disciplina?

"En nuestros objetivos es primordial fomentar el gusto lector más que el hábito, la comprensión de la lectura y la lectura crítica para leer bien"

—En nuestros objetivos es primordial fomentar el gusto lector más que el hábito, la comprensión de la lectura y la lectura crítica para leer bien. Tres grados de profundidad en la lectura que exigen que leer sea igual que cepillarse los dientes tres veces al día. Recuerdo aquella campaña de mi infancia y cuya insistencia conseguía que uno lo interiorizase como algo que se hacía sin pensar. Esta imagen no es evocadora pero sí que la entiendo como un ejemplo práctico del hábito que debe ser la lectura como algo diario, y un requisito sine qua non para la libertad personal.

—Un hábito igualmente transversal, porque la lectura también se hace de la pintura, de la fotografía, del paisaje. ¿Leer es enseñar a mirar?

—La lectura debe ser transversal con todas las disciplinas porque enriquece el conocimiento en general, un mejor entendimiento con el lenguaje de cada una y esa mirada en torno a lo que nos rodea. Quien va al teatro lee, quien va al cine lee, y de esa suma de miradas surge la coherencia de la cultura y la evidencia de que desde la lectura se pueden unir todas las artes. Así lo experimentamos los asistentes al acto de homenaje a Cristina Peri Rossi en el Museo Romántico de Madrid, por su Premio Cervantes, donde la lectura de sus poemas se combinó con música y con una pareja bailando tango.

—Es difícil leer cuando supone abrir una pausa en una época en la que casi nunca llegamos a tiempo a nada. ¿Hacerlo pasa por entender el libro como aquella habitación propia de la que nos contaba Virginia Woolf? 

—La pandemia nos enseñó el goce de la pausa y de tener más tiempo. El refugio en esa habitación propia de la lectura en la que cada libro era también una ventana al monte, al mar, al cielo. Leer requiere una predisposición y una concentración necesarias. La lectura exige estar dentro de lo que se lee. Tenemos la suerte, y forma parte de nuestro trabajo, de que los clubes de lectura se están multiplicando dentro de la sociedad lectora, creando una relación de compañerismo en torno al mismo libro, en el que se encuentran todos los que comparten una misma historia y cada uno matiza la suya y enriquece la de los demás.

—Hace un siglo a la lectura se llegaba a través de los tebeos de domingo y de los libros para adolescentes. Hoy día se pasa del tebeo a la tablet. ¿Continúa siendo la adolescencia la asignatura pendiente de la lectura en las últimas décadas?

"Un deber que me he autoimpuesto es que el cuento para adultos e infantil tenga mayor protagonismo en la enseñanza"

—Tenemos una estupenda media lectora de literatura infantil y juvenil. Y a pesar del crecimiento porcentual de los últimos diez años, que a mí me gustaría que fuese exponencial, la adolescencia es el farolillo rojo de la lectura. Estamos centrando un esfuerzo en el gusto lector en esa franja de los 14 a los 18 años incrementando el programa de autores en los institutos y con acciones con el cómic y la novela gráfica como herramientas de trabajo.

—Ahora que cita la novela gráfica, hace tiempo que los escritores de relatos defienden su género como lectura en las aulas. ¿Cree que se necesita resetear la enseñanza de la Literatura?

—Vivimos un momento de explosión creativa y editorial en éste género, y un deber que me he autoimpuesto es que el cuento para adultos e infantil tenga mayor protagonismo en la enseñanza, y en ello estamos, con la ayuda de parte del sector, de profesionales como Juan Casamayor, que nos ha hecho interesantes sugerencias. Es importante la lectura dirigida destinada al aprendizaje de la Literatura. No se puede hablar de oídas del Quijote ni con lo cogido de la Wikipedia. Hay que aprender a leer en el colegio y en el instituto la Historia de nuestras letras, y hacerlo en vacaciones. Leer lo que debes, y leer lo que te guste. Todas las lecturas suman. Es importante leer sin prejuicios, lo mismo que hacerlo cuando se escribe.

—También se aprende a leer en las bibliotecas que fueron ágoras de barrio, el laberinto donde cada aspirante a lector crecía con su propio plano, y ahora espacios dinamizadores que usted apoya desde sus competencias.

"Las bibliotecas son la última trinchera de la cultura: siempre están cuando las necesitamos como lectores y más aún como ciudadanos"

—Las bibliotecas son la última trinchera de la cultura: siempre están cuando las necesitamos como lectores y más aún como ciudadanos. Lo dijo el ministro de cultura en el Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas de Las Palmas el pasado año, y es verdad. Estamos trabajando en hermanamientos entre bibliotecas de España, Iberoamérica y Europa, y en ese criterio de la biblioteca como ágora donde reside el derecho fundamental a la información, y en cuyo espacio se encuentran el jubilado que va a leer el periódico, la opositora en busca de documentación y los niños a clubs de lectura. Me resulta muy gratificante escuchar a las estupendas bibliotecarias que tenemos sobre la variedad de sus proyectos de animación lectora.

—Me habla del hermanamiento con bibliotecas de Europa, y en ese campo está usted trabajando desde el pasado año en la Feria de Frankfurt, donde España es la invitada de honor. Un proyecto ilusionante e imprescindible para el sector del libro.

—Es una oportunidad con muchas dimensiones. En Frankfurt por una parte le vamos a enseñar al mundo, a través de la ventana de Alemania, la riqueza de la creatividad literaria y cultural que vivimos en España desde un punto de vista plural de géneros, de lenguas, de miradas que representan la brillantez, la modernidad y la vanguardia de nuestro país. Y por otra, la fortaleza profesional de nuestro sector editorial. Estamos trabajando para que no sea sólo en esa semana. Lo venimos haciendo desde 2019, y para que después queden unas sólidas redes institucionales y profesionales entre ambos países. Hemos invitado a una delegación de periodistas culturales alemanes a venir al día de Sant Jordi y a la Feria del Libro de Madrid para que vean y cuenten nuestra creatividad desbordante, que es el lema de la Feria.

—Leer derriba molinos. ¿Qué molinos hay que seguir derribando?

—Sin duda alguna. La lectura derriba el molino de la ignorancia, derriba el molino del miedo y derriba el molino de las desigualdades. Tres objetivos fundamentales en los que seguir empeñados para ser más libres y mejores personas.

—En Buzón de tiempo Mario Benedetti contaba en un cuento que nuestra biblioteca resume la historia de nuestra vida y la identidad de lo que somos. ¿Estará de acuerdo?

"Siempre recuerdo a María Moliner, que continúa siendo tan válida"

—Totalmente. Cuando lees mucho hay libros de los que no guardas recuerdo. Hay otros que necesitas recuperar de cuando en cuando por la belleza de una frase que tienes subrayada, por una emoción o un pensamiento que te marcó. Hay libros de un verano junto a la piscina, otros que han tenido que ver con tu formación profesional y como lectora, libros que representan ese gusto personal del que hablamos. Y aquellos que te transformaron. Su suma son los yoes de nuestra identidad.

—Hemos hablado del libro, de cuya dirección es usted la responsable, de las bibliotecas, con Ana Santos al frente de la Nacional, y de un sector con muchas autoras, agentes literarias, editoras, por primera vez una directora de la Feria del Libro de Madrid, y sobre todo lectoras. La lectura es mujer.

—Empiezo por el perfil de lectoras, que es la única brecha en la que jugamos en positivo desde el principio. Somos grandes lectoras porque queremos seguir aprendiendo, por la significación de libertad que le ha dado a la mujer cuando no la tenía, y ahora se ha materializado. Y es verdad que estamos muy presentes en el sector. Tenemos un boom de excelentes ilustradoras, magnificas traductoras, la Secretaria General de Cegal es mujer, y estamos al frente de otras instituciones. El mundo del libro no puede ser ajeno a la visibilidad real que las mujeres reivindicamos. Siempre recuerdo a María Moliner, que continúa siendo tan válida, en aquellas misiones pedagógicas en las que les decía a las mujeres: “La lectura es también para vosotras, cualquier libro, en cualquier lugar”.

—¿Qué falta para que leer sea en pocos años un presente de indicativo?

"Para eso estamos, para poner rampas de acceso a la lectura"

—Llegar a ese 30% de ciudadanos que nunca leen, y a esos otros colectivos que por la educación o por la economía no han podido acceder a la lectura, y motivarlos a hacerlo. El Día del Libro del año pasado fui a una cárcel y me sorprendió que tuviesen un club de lectura con una asociación vecinal, en el que estaban entusiasmados con El infinito en un junco. También me emocioné durante una campaña de «La lectura fácil» en una biblioteca con una niña con dificultades, que me dijo: “Muchas gracias por ponernos una rampa para que podamos leer”. Y para eso estamos, para poner rampas de acceso a la lectura. Igualmente estamos trabajando con los fondos de recuperación europea hacia la digitalización y la sostenibilidad en procesos eficientes para que el sector afronte mucho mejor lo que venga mañana, y porque el futuro del libro también tiene que ser verde.

—¿Qué lee la Directora General cuando llega a casa para desconectar del Libro?

—Del libro nunca puedo desconectarme, pero sí que elijo el gusto por las novelas, acabo de terminar El castillo de Barba azul, de Cercas, y Encrucijadas, de Franzen. Leo también mucho cuento porque soy una lectora compulsiva y me da rabia no terminar, y en el metro descubrí que los cuentos eran el tiempo perfecto para no quedarme a medias. Y leo muchas revistas culturales.

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Jose A FERNANDEZ
Jose A FERNANDEZ
2 años hace

Mi querido Guillermo. Como siempre una excepcional entrevista. un abrazo y no cejes en el empeño que el comentario, la crítica, la reseña cultural no sea considerada vital en los medios de comunicación. Ya sabemos… un niño que lee es un adulto que piensa.

Pepehillo
Pepehillo
2 años hace

¿Qué me están contando? Si uno de cada tres que acaba la ESO apenas sabe leer ni escribir. Es una vergüenza y un fracaso absoluto… ¡Y todos sonriendo y aplaudiéndose a sí mismos!