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Shakespeare nuestro

El futuro es ese tiempo que solo existe en la escritura de los clásicos.

A finales del siglo XVI Shakespeare estaba escribiendo los sucesos de los días recientes en Venezuela. En algún momento de la madrugada de este 3 de enero, con su verborrea torpe, su balbuceante sintaxis, el tirano Nicolás Maduro puede haber pensado: “¿Tú también, Delcy?”, citando sin saberlo una tragedia del mítico autor inglés.

Los clásicos nunca agotan su sabiduría, su conocimiento del alma humana. Por eso en ellos reposa lo que fue, lo que será y lo que está siendo. La reciente extracción del dictador venezolano refrescó una idea que hace muchos años explica los instantes del presente: no éramos los adversarios de Maduro quienes podríamos traicionarlo, sino su entorno próximo, la cúpula con la que compartía el poder dictatorial.

"Difícil posición en la que ahora queda la izquierda predemocrática del mundo, que llevaba meses dando alaridos por la violación de la soberanía venezolana"

Acabamos de asistir a una operación extremadamente limpia, una negligencia programada en la que en pocos minutos un ejército extranjero penetró en una ciudad populosa, incursionó en una instalación militar y se llevó al dictador y a su siniestra compañera sin que las “poderosas” fuerzas armadas revolucionarias y sus “millones de milicianos” hicieran nada relevante por impedirlo.

El propio Trump aclaró muy pocas horas después que ya estaba en conversaciones con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de la dictadura. Eso confirmaba investigaciones anteriores del Miami Herald que revelaba contactos sucedidos en septiembre con la mediación de Qatar, en la que tanto Delcy como su hermano Jorge (presidente de la Asamblea Nacional) se ofrecían a Estados Unidos para poner en marcha la continuidad del chavismo sin Maduro.

Difícil posición en la que ahora queda la izquierda predemocrática del mundo, que llevaba meses dando alaridos por la violación de la soberanía venezolana. Ahora deberán percatarse de que son los suyos quienes han facilitado esa vulnerabilidad; ejercicio para el que estaban muy bien preparados, pues su estructura criminal se apoyaba en la injerencia de Cuba, China, Rusia e Irán sobre la riqueza y los asuntos venezolanos.

"De allí que, en estas primeras horas, la palabra democracia no haya aparecido en ninguna parte y la palabra venezolanos permanezca ausente"

Del mismo modo, las muy cordiales relaciones del trumpismo y el chavismo en estas horas iniciales son naturalmente fluidas. Con sus lógicas y matizadas diferencias, ambos son movimientos caudillistas basados en un ultranacionalismo xenófobo, detestan la división de poderes, el respeto a los resultados electorales si les son adversos, la libertad individual, el desarrollo de la libertad de prensa.  Imposible olvidar que en el origen de ambos movimientos se encuentran líderes que podemos arriesgarnos a situar dentro del “narcisismo maligno” definido por Otto Kernberg como ese trastorno en el que un sujeto se percibe imbuido de una grandiosidad extrema que le permite actuar desde la falta de empatía y desde tendencias agresivas que se escenifican en un desprecio de las normas sociales.

Porque cuando la historia recoja los discursos de Chávez y Trump se comprobará que son perturbadoramente similares.

De allí que, en estas primeras horas, la palabra democracia no haya aparecido en ninguna parte y la palabra venezolanos permanezca ausente. El discurso desde ambos espectros ideológicos se ha limitado a repetir vocablos como soberanía, soberanía, soberanía, o petróleo, petróleo, petróleo. ¿Dónde quedan allí los millones de personas que han sufrido represión, muerte, persecuciones, migraciones forzadas? ¿Para cuándo la liberación de los presos políticos, el retorno de la libertad de prensa, el respeto al resultado real de las elecciones de 2024, el desmantelamiento de la estructura represiva?

"Será maravilloso desdecirme en el futuro y celebrar que este fue el atropellado inicio de una Venezuela feliz y en paz"

Queda la ingrata tarea de reintroducir esas palabras en el debate de la actualidad. Convertir este acto de fuerza que ha permitido la permanencia de la cúpula podrida del chavismo en la apertura de un camino hacia la democracia. Queda la tarea de tragar grueso y quizá convivir por el momento con una fuerza armada extranjera y con los esbirros corruptos de una dictadura, para ir extrayendo trozos muy concretos que permitan el retorno de la libertad. Que no hablen solo los cañones y las pistolas, sino que al fin se escuche el desesperado grito de los venezolanos, el deseo por recuperar la dignidad de tener electricidad y agua todos los días, el contar con bombonas de oxígeno en los destrozados hospitales, el olvidar que el sueldo mínimo de la actualidad es de un dólar al mes, el comunicarnos entre nosotros sin el continuo espionaje y el miedo a la muerte o la tortura.

No parece tarea fácil. Hasta que se demuestre lo contrario, lo que acoto no ha aparecido en la agenda trumpista, y por supuesto no es de interés alguno en la intacta dirigencia dictatorial.

Será maravilloso desdecirme en el futuro y celebrar que este fue el atropellado inicio de una Venezuela feliz y en paz. El panorama inmediato es el de una tragedia en marcha, donde la dirigencia chavista se sienta en la misma mesa, pero sabe que el espíritu de la traición es lo que reina entre ellos. ¿Quién será el próximo? ¿Quién entregará a quién? ¿Cuál será el siguiente en vestir el uniforme de una cárcel?

Shakespeare sigue vivo. No importa que ellos no lo sepan. Shakespeare sigue vivo.

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John P. Herra
John P. Herra
1 día hace

Ésta ha sido una lección en crudo de cómo funciona la política internacional. Las ideologías y otras tramoyas son para los tontos. El poder y el dinero, de eso va la cosa.

Raúl Mannise
Raúl Mannise
1 día hace

No estoy de acuerdo con “la izquierda predemocrática del mundo que llevaba meses dando alaridos….” En mi país, Uruguay, el gobierno mantuvo una posición de derecha (Lacalle) y izquierda democrática (del populista Orsi) en relación a Maduro (y su régimen). Lo que de cuestiona y se critica ahora es el método invasivo de un país latinoamericano por un Imperio que se niega a abandonar, en el caso nuestro, la Doctrina Monroe (que fue dirigida al mundo pero que EEUU la aplica para sí mismo).