Inicio > Poesía > 5 grandes poetas de Argentina (II)
5 grandes poetas de Argentina (II)

Portada: Joaquín O. Giannuzzi.

Este viernes, dentro de la sección No son todos los que están, presentamos la segunda lista de cinco grandes poetas de Argentina cuya obra bien podría ser considerada como clásica o influyente en las generaciones actuales de poetas de su país. Pasen y lean. Estos son los que están esta semana, y los que no, ya llegarán.

***

ARNALDO CALVEYRA

Arnaldo Calveyra fue un poeta, novelista, cuentista y dramaturgo nacido en Mansilla, en la provincia de Entre Ríos, Argentina, en 1929. Fue condecorado por el gobierno francés con la Ordre des Arts et des Lettres. Se licenció en Letras en la Universidad Nacional de La Plata y a comienzos de la década del sesenta una beca de investigación lo llevó a París, donde fijó su residencia desde entonces, dedicado a la docencia y la literatura. En Francia publicó buena parte de su obra en la prestigiosa editorial Actes Sud. Autor de libros como Cartas para que la alegría, El hombre del Luxemburgo, La cama de Aurelia, Si la Argentina fuera una novela, Diario del fumigador de guardia, Diario de Eleusis (AH, 2006), El cuaderno griego (AH, 2010), Allá en lo verde Hudson (AH, 2012), Novela (AH, 2014) y el libro póstumo Diario francés (AH 2017). Adriana Hidalgo editora publicó su Poesía reunida en 2008 con una segunda edición aumentada en 2012. Murió en París en 2015. 

Instantes de un castillo de arena

Lo teníamos con una mano. Sin caer superficie apagada por las
orillas tornasoleadas de la lengua. Por hablarnos casi, murallita
entretenida en el sol demasiado. Te abriré una puerta, una ventana,
una bajamar de aldea.

El mar, la carretera nacional. Ni parada ni tiesa. A tocar con
estos ojos.

En vano unos niños se lo han pedido al mar. Entra, se instala.
Napoleón paralítico que destroza. Canta. La sal, el torreón, la
bandera.

Escúchalo.
Nosotros.

Una niñita basta, consigue atravesarlo, encuentra las cocinas.

Cantamos una marsellesa en el desastre. No lo para. Se cae en
pedazos el puente levadizo.

Difícil tiempo.

Encuentro aquel esqueleto del sol extraviado en los años.

No, no volveremos.

El agua vertical de la ola color viento. Lejos, ¿por qué no todo
el mar?

Una escoba siete mares, el mar.

La bandera era lo que más queríamos, lo que más nos gustaba,
la bandera incolor en la luz.

Mañana por la mañana

***

JOAQUÍN O. GIANNUZZI 

Joaquín O. Giannuzzi fue un poeta, crítico literario y periodista nacido en Buenos Aires, Argentina, en 1924. Publicó críticas literarias en los diarios Crítica, Crónica, Clarín y La Nación. En 1962 empezó a colaborar con la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo. Obtuvo la beca del Fondo Nacional de las Artes (PK) para cursar estudios de poesía italiana en la Universidad de Florencia (1989). Se desempeñó como crítico de poesía en suplementos literarios de los diarios La Nación (PK), Clarín (PK) y La Prensa (PK) y en revistas especializadas. Entre sus libros destacan Nuestros días mortales (1958), Contemporáneo del mundo (1962), Las condiciones de la época (1967), Señales de una causa personal (1977), Principios de incertidumbre (1980) o Cabeza final (1991). Recibió el Premio Fondo Nacional de las Artes, el Premio Municipal, el Premio Nacional de Poesía y Premio Konex 2004, 1994 y 1984. Murió en enero de 2004. En 2024 el Fondo de Cultura Económica publicó su Poesía completa (1958-2008) con prólogo de Fabián Casas.

Poética

La poesía no nace.
Está allí, al alcance
de toda boca
para ser doblada, repetida, citada
total y textualmente.
Usted, al despertarse esta mañana,
vio cosas, aquí y allá,
objetos, por ejemplo.
Sobre su mesa de luz
digamos que vio una lámpara,
una radio portátil una taza azul.
Vio cada cosa solitaria
y vio su conjunto.
Todo eso ya tenía nombre.
Lo hubiera escrito así.
¿Necesitaba otro lenguaje,
otra mano, otro par de ojos, otra flauta?
No agregue. No distorsione.
No cambie
la música de lugar.
Poesía es lo que se está viendo.

Irene Gruss.

IRENE GRUSS

Irene Gruss fue una poeta nacida en Buenos Aires en 1950. Publicó libros de poesía como La luz en la ventana (El Escarabajo de Oro, 1982), El mundo incompleto (Libros de Tierra Firme, 1987), En el brillo de uno en el vidrio de uno (La Bohemia, 2000), La dicha (Bajo la Luna, 2004), La mitad de la verdad: Obra poética reunida, 1982/2007 (Bajo la Luna, 2008), La pared (Nudista, 2012), Música amable al fin (Mágicas Naranjas, 2012), Notas para una tanza (Gog & Magog, 2012) o Entre la pena y la nada (Ediciones del Dock, 2015). También publicó la nouvelle Una letra familiar (Bajo la Luna, 2017) y el libro de relatos Piezas mínimas (Buena Vista, 2017). Seleccionó y prologó las antologías Poetas argentinas (1940-1960) (Ediciones del Dock, 2006) y Pasajera del viento: Poemas de Irma Cuña (Fondo de Cultura Económica, 2013). Formó parte del taller “Mario Jorge De Lellis”, junto a Jorge Aulicino y Daniel Freidemberg, entre otros poetas. Murió en Buenos Aires en el año 2018. 

En la ruta

Lo único que podría curarme
o que al fin me sacara de este hospicio
es subir a un auto de línea sport
no muy confortable
pero amplio
que lo manejara
un hombre pudiente
potente
y valeroso
o sea temeroso de sí.
Si él aceptara conducir hasta la ruta
(odio el límite de la ciudad,
ese bochorno de la pobreza salpicado por uno que otro

cardo o girasol),
donde comienza la fila larga y azul del lino
o los maizales, amarillos,
si la antena de la radio funcionara
yo podría quitarme este peso de encima
podría mirar las cosas de forma diferente.

Sin que intervenga, sin presión de ningún tipo
este hombre serio o
sonriente
me acariciaría suavemente la nuca
de manera tal
que mi pelo pajizo se convertiría en lacio
mi nudo nervioso pasaría a
relajarse,
y podría mirarlo de frente, sonreírme yo también
o al menos
dibujar un nombre en la ventanilla
sin problema, como si él no existiera.
Entonces yo tomaría el volante
y mientras él descansara
(mirando fijamente la mano contraria)
me pondría a cantar esas canciones de
preguerra
que tanto enloquecieron a la generación
anterior.
Sólo así podría dominar mi ira
solamente así.
Cuando el auto se haya alejado bastante
y el calor sólo sea
esa curiosidad
por las mariposas estrellándose
contra el motor,
y el hombre a mi lado no se inmute
ni se inmiscuya
cuando la
alegría
sea lo único que me plazca.

***

ROBERTO JUARROZ 

Roberto Juarroz fue un poeta, bibliotecario, crítico y ensayista nacido en Coronel Dorrego, Buenos Aires, Argentina, en 1925. Salvo su colección realista Seis poemas sueltos (1960), su obra se agrupa en una serie de volúmenes correlativamente numerados del uno al catorce bajo el título general de Poesía vertical, desde 1958 hasta 1997, cuando apareció la decimocuarta entrega de manera póstuma. Fue amigo íntimo de Antonio Porchia, cuyo libro Voces le influyó notablemente. Su temática se centró en la metapoesía, y su lenguaje se fue haciendo conceptual conforme exploraba los límites de la palabra como nexo de relación del hombre con el mundo, un mundo contemplado como epifanía, como revelación. No le interesaba la musicalidad ni la experimentación con el lenguaje per se: intentaba buscar el fundamento último de la realidad exterior, por lo que su poesía es una especie de colección de callejones sin salida, una búsqueda constante. Murió el 31 de marzo de 1995.

A veces me parece
que estamos en el centro
de la fiesta
sin embargo
en el centro de la fiesta
no hay nadie
En el centro de la fiesta
está el vacío
Pero en el centro del vacío
hay otra fiesta.

*

El amor empieza cuando se rompen
los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco
sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o
alta,
se agacha hasta la sangre.

El amor empieza cuando Dios termina
Y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier
parte.

El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un
muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.

Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.

Roberto Juarroz.

JUAN L. ORTIZ

Juan Laurentino Ortiz, más conocido como Juanele, fue un poeta y traductor argentino nacido 1896 en Puerto Ruiz, un pequeño poblado en las cercanías de Gualeguay, provincia de Entre Ríos. Se le considera una de las figuras poéticas fundamentales de su país. Es hijo menor de una familia de diez hermanos. Pasa su primera infancia en Mojones Norte, donde su padre era capataz de una estancia. Realiza sus estudios primarios en Villaguay y luego se instala en Gualeguay, en donde se recibe de maestro. Los primeros libros de Ortiz fueron impresos y distribuidos por él mismo entre amigos y lectores conocidos, por lo que su obra tuvo poca difusión, y no fue hasta 1933 que, alentado por su amigo Carlos Mastronardi, editó su primer poemario, El agua y la noche, con poemas escritos entre 1924 y 1932. Es autor de otros libros de poemas como La mano infinita (1951), El alma y las colinas (1956) o De las raíces y del cielo (1958). Murió en Paraná en 1978.

Para que los hombres

Para que los hombres no tengan vergüenza
de la belleza de las flores,
para que las cosas sean ellas mismas: formas sensibles
o profundas de la unidad o espejos de nuestro esfuerzo
por penetrar el mundo,
con el semblante emocionado y pasajero de nuestros sueños,
o la armonía de nuestra paz en la soledad de nuestro pensamiento,
para que podamos mirar y tocar sin pudor
las flores, sí, todas las flores
y seamos iguales a nosotros mismos en la hermandad delicada,
para que las cosas no sean mercancías,
y se abra como una flor toda la nobleza del hombre:
iremos todos hasta nuestro extremo límite,
nos perderemos en la hora del don con la sonrisa
anónima y segura de una simiente en la noche de la tierra.

*

Todos aquí

Todos aquí para mirar arder y consumirse ese fuego.
Fuego sólo?

No es un corazón apasionado que se ilumina en los cielos?

La pasión de la luz antigua abriéndose en flores encendidas
para mirarse en el espejo humano.

El corazón dice: criaturas terrestres, la vida es gloriosa,
alzaos hasta el fuego armonioso como hasta la sangre
del éxtasis para que todos seáis como simientes ardiendo
para las cosechas sucesivas de la luz común que encenderá hasta la sombra
y la estrellará como un jardín.

4.2/5 (50 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios