Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. En los dos primeros meses cuenta con la colaboración de Íñigo Palencia.
Sábado, 18 de enero de 1936: Un tal Enrique Líster
Pues ya hemos llegado. ¡Todo el mundo abajo!
Líster era tan duro como el metal de las armas. Todavía no había cumplido los treinta y ya tenía una vida digna de una novela de aventuras. Había nacido en una remota aldea gallega. A los once emigró a Cuba con su padre, donde la pobreza lo llevó a pasar por bandas de raterillos y desempeñar distintos oficios y, entre uno y otro, cumplir dos años en un reformatorio. De vuelta a España, comenzaron su actividad sindical y los incidentes con la Guardia Civil. La llegada de la República lo sumió en la desilusión. Ninguna medida de los gobiernos era suficiente para Líster, como tampoco para el resto de los líderes obreros. Sus encontronazos con las fuerzas del orden no cesaron y Líster llamó la atención de los dirigentes comunistas por su arrojo, su decisión, su capacidad de liderazgo. Solo necesitaba la formación adecuada.
En septiembre del 32 llegó a la Unión Soviética. Allí los mandos del Partido le procuraron una plaza en la Academia Frunze, del Ejército Rojo. Participó como obrero en la construcción del Metro de Moscú. En la Academia Frunze recibió lecciones sobre estrategia y táctica militar, fundamentos del marxismo-leninismo e historia del Partido. Toda esa vitalidad, todo su arrojo y su rabia, fueron canalizados. El sindicalista descontrolado se convirtió en un verdadero soldado. Y volvió a España en el 35, sin haber podido participar en la revolución de Asturias. Desde ese momento, en el Partido, dirigía la organización de las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas.
El fracaso asturiano llevó a los comunistas a replantear su estrategia. Por una parte, cara al público se defendía que el Frente Popular democrático, en conjunción con partidos burgueses avanzados, era el mejor parapeto antifascista. Pero al mismo tiempo también había que convertir las milicias en una fuerza de choque, y no había nadie mejor preparado que él para la tarea, un verdadero oficial del Ejército Rojo. Aquellas milicias no caerían en los vicios de los ejércitos burgueses.
A Líster le gustaba instruir personalmente a sus hombres. Así podía conocerlos, saber de dónde provenía su rabia, la misma rabia que le había movido a él durante su juventud. Le gustaba identificarse con ellos. Por eso cogía la camioneta y subían todos a la sierra para practicar el tiro y realizar alguna marcha por la montaña. Nada de otro mundo, porque la instrucción de los milicianos era en realidad lo justo para que un militante supiera agarrar un fusil y disparar. No había ni tiempo ni medios para más. La formación del espíritu iba implícita. Las marchas las aprovechaba para enseñar algo de doctrina marxista y les hacía distribuir propaganda en sus centros de trabajo. Después, finalizada la formación, serían esos hombres los encargados de proteger a los mandos del Partido y de defender los locales obreros.
—¡Adelante, camaradas! —gritó Líster—. Nos espera una larga caminata hasta nuestro campo de tiro.


Enhorabuena por el artículo. Hay algunas cosas que se intuyen en lo que comenta pero que no se hacen explícitas. Primero, la revolución de Asturias fue un golpe de estado contra la República que no triunfó, aunque dejó 1.500 muertos. Segundo, Lister fue un oficial comunista que participó en las purgas contra el POUM y los anarquistas, llegando a ejecutar a muchos de ellos para imponer la doctrina de su partido sobre las demás. Y por último, Lister no luchó por una República democrática, sino por el establecimiento de una República de corte soviético para nuestro país. Entiendo que la suya es una columna de ficción basada en hechos reales. Un saludo y enhorabuena por su relato.
Era un asesino…como la mayoría de comunistas…