La Celestina es uno de los personajes más icónicos de la literatura española: una anciana astuta, despiadada y mentirosa, cuyo nombre terminó bautizando a las demás alcahuetas. En esta novela de formación, Baudel nos presenta al personaje en su infancia y juventud.
En este making of Desirée Baudel explica cómo escribió Mi nombre es Celestina (Grijalbo).
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Fernando de Rojas escribió una obra a medio camino entre el horror y el humor que supuso un antes y un después en la historia de la literatura española. Su tragicomedia ofrecía algo novedoso más allá de la forma: ofrecía personajes que se apartaban de algunos estereotipos de su tiempo para convertirse rápidamente en canon y llegar a ser tradición. Cuando, como profesora de literatura, me acerco al final de la explicación de la Edad Media y dejo atrás al Cid empuñando su Tizona, al Conde Niño convertido en Gavilán, a las enamoradas que suspiraban por su habibi ausente o al pobre Patronio, cansado de dorarle la píldora a su inseguro amo, los alumnos descubren a uno de los personajes de nuestra tradición literaria que más les llama la atención. Y para sorpresa de esta profesora que aún cree en el poder de los amores contrariados que huelen a almendras amargas, el personaje que les hace abrir los ojos como platos no es el osado Calixto ni la arrebatadora Melibea. Es más, apenas pestañean ante el destino aciago de los enamorados de la tragicomedia, quizá curtidos por los amores parcos en caricias a los que las pantallas y la falta de control parental les tienen acostumbrados, o tal vez prevenidos por el eco que les ha llegado del final desgraciado de Romeo y Julieta, más desde el mundo de las series o el cine que de las páginas de un libro. Quien realmente les provoca muecas de sorpresa y una tremenda curiosidad es esa vieja artera que tiene la cara cruzada por una cicatriz, y el alma por otras tantas. Y aunque parece que Fernando de Rojas no pretendía que la vieja acaparara todas las miradas, ya en vida del propio autor la vieja le robó el protagonismo a los enamorados, hasta el punto de colarse en el título original por primera vez unos veinte años después de publicarse por primera vez. La obra pasó a titularse Libro de Calixto y Melibea y de la puta vieja Celestina. La alcahueta fue robando protagonismo a los amantes como uno de esos actores secundarios que eclipsa con su humanidad ambigua e imperfecta a la estrella, demasiado bella y deslumbrante. Con su rol de personaje turbio y atormentado que muestra la roña acumulada en todos sus pliegues, además de la inmundicia que la rodea, Celestina se convierte en el personaje más interesante.
La Celestina se gana la atención de uno de los públicos lectores más exigentes: el adolescente. Son incapaces de fingir interés; se les da mejor fingir desinterés. Pero cuando empiezo a contarles las malas artes de la vieja, sus vínculos con el diablo o con el mundo del deseo prohibido, cuando descubren que no siente más que codicia y que desconoce la compasión, fruncen el ceño. Un día una alumna me preguntó por qué Celestina era así. Ese fue el día que se encendió en mí la chispa de la idea que poco a poco me fue quemando hasta que se hizo inevitable intentar responder esa pregunta.
Mi nombre es Celestina es la respuesta. En esta novela he procurado entender a la puta vieja y no solo eso, sino que también he intentado desplegar todos esos dobleces del manto de mugre que la cubre y buscar el origen de todas esas marcas. ¿Por qué la alcahueta no parece sentir empatía por otras mujeres desdichadas? ¿Por qué es egoísta y avariciosa? ¿Por qué se dedica al engaño? ¿Por qué es tan astuta? ¿Por qué es sospechosa de hechicería? ¿Por qué está sola y toda compañía es para ella negocio?
Espero haber logrado, desde el máximo respeto, ofrecerle un origen que la explique y que la dote de esa humanidad compleja de mujer sola en un mundo de hombres. La Celestina es una mujer de su tiempo, una mujer que solo pudo habitar en los márgenes de una sociedad en la que una mujer sola ya estaba condenada.
Mientras me documentaba acerca de la época y más tarde, al empezar a escribirle un pasado al personaje, fui dándome cuenta de que su soledad de mujer y ese destino que Fernando de Rojas le puso delante, aunque separado por más de quinientos años, no está tan lejos de la soledad de las mujeres que habitan hoy en este mundo que se nos está volviendo feo y áspero.
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Autora: Desirée Baudel. Título: Mi nombre es Celestina. Editorial: Grijalbo. Venta: Todos tus libros.


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