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De Celia aventurera a Celia se casa: el cambio de la literatura infantil con el franquismo

De Celia aventurera a Celia se casa: el cambio de la literatura infantil con el franquismo

La Fundación Juan Negrín rememora en la exposición “El viaje de Celia: la literatura infantil española entre 1920 y 1950” la explosión creativa que vivió la literatura para niños y adolescentes entre los entre los años 20 y 30 del siglo XX en España y el cambio que sufrió con el fin de la República.

Con el personaje de Celia creado por Elena Fortún, la muestra hace un recorrido de la evolución de esta literatura durante la II República española, la Guerra Civil y el franquismo y en cómo esa niña de Celia y sus amigos (1935), aventurera e imaginativa, que piensa por sí misma, se transforma en Celia se casa (1937), cuando ya adulta renuncia a sus sueños para dedicarse a lo que se espera de ella.

“Nos pareció que podía ser un buen vehículo para ver lo que pasó a los intelectuales españoles durante esa etapa, cómo en plena guerra los escritores defienden a los de su bando y luego cómo los del bando ganador se quedan y tienen éxito y los del bando perdedor se tienen que exiliar”, explica Luz Caballero, presidenta del Colectivo Andersen, dedicado a promocionar la literatura infantil y que ha producido esta exposición.

El comisario de la exhibición, José Jiménez, cuenta que se trata de la época de la Generación del 27, que trata a los niños “como seres pensantes”.

“Los niños son personas que tienen que desarrollarse, jugar y aprender, pero con un producto cultural de calidad, y eso se nota en Celia y en otros autores como Antonio Robles, Salvador Bartolozzi, Magda Donato y la propia Elena Fortún; fue una eclosión de literatura infantil y juvenil brutal”, agrega.

Según explica Jiménez, tras la Guerra Civil, la calidad de este tipo de literatura pasa a ser “ínfima en todos los aspectos”, incluidas las ilustraciones, aunque con excepciones, como Antoñita la Fantástica, de Borita Casas.

EFE/ Angel Medina G.

“La nueva literatura se tiene que amoldar a los paradigmas del nuevo Estado, en el que no se permite la disidencia, en el que cualquier atisbo de crítica social es reprimido y en el que los niños hacen una cosa y las niñas hacen otra”, agrega.

Así, la literatura dirigida a los niños promovía la narrativa de “ser buenos soldados, obedientes y sumisos”, mientras que a las niñas las alentaba a “ser católicas devotas, amas de casa y, sobre todo, no plantearse ningún tipo de ilusión más allá de eso”.

La maestra y profesora del máster en Promoción de la Lectura Infantil por la Universidad de Castilla-La Mancha Dolores Hernández, que ofrecerá una de las cinco conferencias organizadas en torno a la temática de la exposición, cuenta que lo que Elena Fortún narra en Celia tiene un trasfondo autobiográfico.

“Elena Fortún —detalla— fue una niña enfermiza, y su madre prácticamente no la dejaba relacionarse con nadie. Eso le hizo desarrollar una imaginación y unas ganas de hacer cosas, fabulaba con las cosas que le hubiera gustado ser de niña y lo reflejó en su personaje”.

“A partir de los siete años el personaje va creciendo hasta que llegamos a Celia se casa, cuando ya definitivamente el personaje se acopla a lo que tenía que ser una la mujer en el régimen, en su casa, con sus hijos y con sus tareas”, agrega.

La autora vivirá la libertad de la República y las dificultades de la Guerra Civil y del exilio durante el franquismo (su marido era soldado republicano) y, en su deseo de regresar a España, dejará sin publicar algunas de sus obras que podrían haberle dificultado el regreso, entre ellas Celia en la Revolución, donde narra la guerra, y su autobiografía novelada, en la que revela su identidad lesbiana.

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