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Un ejercicio de deshidratación sentimental

Un ejercicio de deshidratación sentimental

Durante mucho tiempo estuve investigando sobre el fenómeno de las lágrimas con el fin de escribir un ensayo, como el personaje principal de esta novela, pero me di cuenta de que el asunto pedía un banco de pruebas, un espacio sentimental, narrativo.

Había sido Simone Weil quien me había llamado la atención sobre las carencias de la ciencia para explicar el llanto humano. En la última obra que escribió, equiparaba el vínculo que une el éxtasis místico y los fenómenos que lo acompañan, es decir, las levitaciones, las visiones, los milagros, etc., con el mecanismo que relaciona la tristeza y las lágrimas: tanto el uno como el otro son misterios de los que nada se sabe, decía ella. Eso despertó en mí lo que suelen despertar los misterios: el desafío de desvelarlos. Y me puse a la tarea. Pero por algo los misterios son misterios: cuanto más se acerca uno a ellos, más grandes y profundos se hacen.

"Eso confirmaba mi conjetura, que era la misma que la de Simone Weil, y fue el impulso decisivo para ponerme a escribir"

Me interesaba despejar en primer lugar si la afirmación de Simone Weil (formulada en 1943) tenía todavía vigencia o si, por el contrario, la ciencia había dejado ya al descubierto “el misterio de las lágrimas”. Al respecto, creo que leí la bibliografía (que no es mucha) más importante, tanto la propiamente científica como la de divulgación científica. La ciencia sigue sin explicar la naturaleza de ese mecanismo al que me refería antes. Eso confirmaba mi conjetura, que era la misma que la de Simone Weil, y fue el impulso decisivo para ponerme a escribir.

Comencé, pues, a escribir el texto hace doce o trece años, mientras aún residía en Bremen, Alemania. Los primeros capítulos aparecieron a lo largo de 2014 en la edición española del Huffington Post, donde yo tenía un blog. Se publicaron allí casi la mitad de los capitulitos de la primera parte, a razón de uno por quincena. Tal vez algún lector actual de Zenda tuvo ocasión de leerlos entonces (todavía se pueden leer: Las lágrimas de la separación (Novela) es uno de ellos, pero todos siguen aún disponibles en la página del Huffington Post).

"Creo que lo narrativo surgió también como una necesidad mía de acercarme al lector, de que viera en el tema una corporeidad cruda, una encarnación"

Cuando nació mi hijo pequeño no sólo dejé de publicarlos, sino que también se detuvo la escritura de la novela, porque no tenía tiempo ni cabeza. No obstante, en Viena, adonde me trasladé a vivir en 2015, volví a conectarme lentamente con el texto, hasta hace poco más de dos años, cuando lo di por terminado.

Como puede comprobar quien la haya leído, el edificio fue creciendo en estancias que alternan lo ensayístico y lo narrativo. Creo que lo narrativo surgió también como una necesidad mía de acercarme al lector, de que viera en el tema una corporeidad cruda, una encarnación.

Además, el hecho de que, puesto que lloramos, sabemos lo que es llorar, es sólo una suposición. Eso es lo mismo que decir que como hablamos una lengua, conocemos lo que es el lenguaje. Pero una cosa es el conocimiento como “usuario” del llanto, o de un idioma, y otra muy distinta el conocimiento profundo de estas cosas. En la novela, el narrador se tropieza con la pretensión de explicar las lágrimas al que llora. Pero mientras en la novela todo es posible, en el ensayo el rigor científico y el dato objetivo obligan. En la novela cabe todo, siempre que sea verosímil. En el ensayo puede haber afirmaciones inverosímiles, siempre que vengan avaladas por la experiencia.

"Mi única audacia ha sido la de intercambiar las cualidades de los arquetipos"

En vez de constituir un problema, esto me ha brindado la oportunidad de ofrecerle al lector el modo de lectura que prefiera, en clave narrativa o en clave ensayística. Sólo bajo esa fórmula para introducir el ensayo en la novela, sólo bajo esa premisa, la novela es una autonovela y el protagonista tiene algo que ver conmigo. Lleva mi nombre y algunas señas que lo identifican como un personaje real, pero no soy yo, ni el personaje es real. A otros personajes con nombres existentes y señas identificables les ocurre lo mismo.

Es cierto que el contexto es el vienés, algunos ambientes que yo he conocido. Viena se me impuso como el lugar ideal, dentro de su mundanidad, en el que hacer convivir a estos mis personajes desarraigados.

En las novelas sentimentales, y esta quiere serlo (una novela sentimental de entretenimiento), se suelen cruzar dos arquetipos. El ser femenino es tierno, vulnerable y violento cuando es herido. El ser masculino se presenta enloquecido por su incapacidad de gestionar sus emociones, víctima de sus propias debilidades. Mi única audacia ha sido la de intercambiar las cualidades de los arquetipos. El protagonista es un ser que permite que su lado oscuro se exprese y que lo haga con pudor, pero con contundencia. Es un ser que se hace amigo de su propio dolor y de su propia decepción con el fin de convertirlos en acción y en visiones delirantes. Ese delirio es el buen hilo conductor de su historia.

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Autor: Carlos Ortega. Título: Un ensayo sobre las lágrimas. Editorial: Alianza. Venta: Todostuslibros.  

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