Tal vez exista la felicidad de la niebla en las ventanas junto a la de los vuelos de las golondrinas, al igual que puede existir la felicidad de la música de la verbena y la comer higos a la sombra de un árbol. Puede que existan muchas formas de felicidad, algunas que nos resulten increíbles, algunas que tengan lugar en lugares tan remotos y con un clima demoledor, donde respirar es un riesgo, como sucede, o puede suceder, en la Patagonia. Sobre todo en la Patagonia de hace unos cuantos años, en el tiempo en el que no estaban trazados todos los mapas y el que llegaba allí, el que estaba descubriendo, podía inventarse mientras inventaba el mundo. Eso es lo que les sucede a los personajes a los que presta atención Claudio Magris (Trieste, 1939) en este libro, Cruz del Sur, que, como cabe esperar de cada obra del autor italiano, es una lectura maravillosa. El adjetivo “maravilloso” no es un adjetivo cualquiera: se refiere tanto a digno de admiración como a fenómenos mágicos. Magris mantiene su estrategia narrativa intelectual para atraparnos con las historias de tres personas que quisieron hacer de la Patagonia su tierra: fundando una cultura, como rey o entregándose a ella religiosamente. Relata sus vidas sin dejar de mostrarnos que está investigando sobre ellas. Es capaz de integrar las referencias y las fuentes de información sin que nos demos cuenta de que ha interrumpido el relato biográfico, porque la propia investigación es también relato.
Estamos en un tiempo en que comenzó a inventarse el mundo moderno, en que se apuntaba a formas de colonización —cultura, política, religiosa— que podían fracasar si se intentaban en lugares inhóspitos. Se trata de un territorio donde campa la pobreza, ingrato a causa del clima, en un tiempo en que no ha llegado ninguna administración y se puede dar cualquier situación de injusticia. Allí vamos a conocer otra cultura, que es tanto como decir, deduciendo del planteamiento de Magris, otra sinceridad. Magris no oculta su admiración por ciertas pasiones, que podrían antojarse difíciles de admirar, como la locura ridícula de quien pretende hacerse rey por el sencillo hecho de nombrarse rey. «También los grandes ríos desconciertan con frecuencia a los potamólogos», concluye al finalizar su primer relato, el de Benigar, que luchó por construir una sociedad en lo que el autor califica de ingenua utopía. Y es que la ingenuidad va quedando entrelazada con la pasión en estas biografías. Pero hay que recordar la etimología de la palabra ingenuo, que viene del latín ingenuus, que quiere decir “nacido libre”. Magris escribe para recordarnos el significado de esta palabra, “ingenuo”, para lo cual construye tres pequeños poemas épicos. Tal vez de corte un tanto intelectual, pero poemas al fin y al cabo.
Magris nos recuerda que vivir es plantearse una vida salvaje, es una combinación de sensibilidad y resiliencia, es sostenerse en la última frontera. Y para llegar a estas conclusiones practica otra pasión, la de la lectura. Se convierte en un narrador que no olvida su condición de lector, nos recuerda que no es posible crear, en este caso literatura, sin haber construido un sustrato en condiciones: «Cada capa que se considera la última revela siempre otra debajo; del mismo modo, cada historia abre una trampilla hacia otras historias más escondidas». Así es como se estructura una investigación, que en algún momento cabe dar por completa, o al menos lo bastante completa como para dar por bueno el relato con todo lo que desea comunicar. Cruz del Sur es un libro híbrido, mestizo e intelectual, de difícil encasillamiento en ningún género. Pero eso poco importa, cuando lo que tenemos delante es una obra que atiende a las pasiones y a la inteligencia, sin decepcionar a ninguna de las dos.
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Autor: Claudio Magris. Título: Cruz del Sur. Traducción: Pilar González Rodríguez. Editorial: Anagrama. Venta: Todos tus libros.


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