El próximo 25 de marzo Jaime Sabines, el poeta del amor y una de las voces más leídas de la poesía mexicana del siglo XX, hubiera cumplido cien años. Dicen sus hijos que antes de fallecer, en 1999, Sabines les dijo que precisamente el amor era lo más importante del mundo, recordando tal vez aquellos versos suyos que a la sazón exponen:
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.
Celebrado por generaciones de jóvenes que en sus versos han encontrado una educación sentimental, Sabines recibirá homenajes con recitales, obras de teatro, danza y hasta un billete de lotería, así como la publicación de un poemario inédito aún sin título. Según ha declarado su hija, Judith Sabines, el poeta tenía varios cuadernos con poemas que nunca publicó, porque quería revisarlos a fondo, pero todo lo que saldrá a luz, alrededor de 70 poemas que datan de entre 1965 y 1968 y que han permanecido inéditos hasta ahora, lo había elegido él antes de su muerte. Nacido en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en los años 40 Sabines viajó a la Ciudad de México para estudiar medicina tratando de complacer a sus padres, pero su vocación fue más fuerte y tras abandonar esos estudios se inscribió en la facultad de Filosofía y Letras, entablando amistad con escritores como Rosario Castellanos, Dolores Castro, Roberto Cabral o Efrén Hernández. En 1952, con su primer libro bajo el brazo, Horal, regresó a su tierra y un año después se casó. Trabajaba de dependiente de una tienda de ropa y en sus tiempos libres escribía poemas en libretas de contabilidad. Así nació uno de sus poemarios más célebres, Tarumba (1956), considerado un espejo de su frustración al tener que volver de la gran ciudad a un pueblo de provincia. Y pocos años más tarde, en 1962, enfrentó una de las experiencias que marcarían su vida y su obra, la muerte de su padre, cuya pérdida inspiró el largo poema Algo sobre la muerte del mayor Sabines, acontecimiento que lo sumió en un silencio creativo, hasta que en 1959 la familia vendió sus negocios y se trasladó definitivamente a la Ciudad de México, donde su vida se centró en sus hijos. Finalmente, en 1973, cuando se decidió a publicar ese largo poema de duelo en forma de libro, las críticas le llovieron: le recriminaban hacer sonetos fallidos. Pero los lectores lo siguieron fielmente, siempre, aun cuando la polémica lo persiguió por sus coqueteos con la política y aceptó presentarse a diputado. Así, con una intensa vida a cuestas, el 12 de noviembre de 1989, mientras visitaba a su cuñada en Chiapas, el poeta tropezó y se fracturó el fémur izquierdo. A esto se sumó que contrajo una infección durante su hospitalización en Tuxtla Gutiérrez, lo que deterioró aún más su salud. Y a pesar de las múltiples cirugías que le practicaron, los resultados nunca fueron positivos y al final tuvo que depender de una silla de ruedas, hasta que enfermó de cáncer y tuvo que recluirse en su casa, donde moriría el 19 de marzo de 1999. Sus restos yacen en el panteón Jardín de la Ciudad de México junto a sus padres, Julio y Luz. Pero en el corazón de legiones de jóvenes mexicanos, así pasen otros cien años, su voz y su poesía seguirán cantando al amor y a la muerte.
BUROCRACIA A LA MEXICANA
El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) trabaja bajo las normas de toda burocracia que se respete: dejando pasar el tiempo para que sea el azar, la casualidad o los dioses quienes resuelvan los problemas que sus gestiones deberían resolver. Es el caso del Salón de la Plástica Mexicana (SPM), una institución con casi un siglo de vida que ahora enfrenta el desahucio de su sede histórica en la calle Colima de la famosa colonia Roma, ya que se adeuda un año de alquiler y obviamente el dueño del local exige el pago que las autoridades no atienden, por lo que un grupo de artistas enviaron una carta al coordinador de Artes Visuales del INBAL, Gerardo Cedillo, en la que pedían una reunión urgente para tratar el tema y ante la cual, denunció públicamente el muralista Julio Carrasco Bretón, no hubo respuesta, hasta que el asunto trascendió en medios de comunicación y, entonces sí, el INBAL, que dirige Alejandra de la Paz, salió al paso de las acusaciones y expuso mediante una nota informativa que el Salón de Plástica Mexicana, como institución, no desaparecerá, pero sí deberá cambiar de sede antes del próximo 30 de abril, luego de ocupar durante 32 años el inmueble del que va a ser desalojado. Según las autoridades culturales, la razón del cambio no obedece a adeudos, como expuso Carrasco Bretón, sino a que el dueño del inmueble decidió no renovar el contrato de arrendamiento. O sea que se trata de un pin pon en medio del cual queda un espacio fundado en noviembre de 1949 por importantes pintores, grabadores y escultores mexicanos como Frida Kahlo, Diego Rivera, Rufino Tamayo, Juan O’Gorman, Juan Soriano, Olga Costa, Leopoldo Méndez, Pablo O’Higgins o Gerardo Murillo, el Dr. Atl, entre otros, y que actualmente agrupa a cerca de 390 artistas, quienes temen el cierre del salón, ya que hace tiempo vivieron la experiencia de perder la otra sede que tenían en la calle Donceles 99, gracias a la malograda intervención del entonces coordinador, Carlos Bracho. Por otro lado, desde diciembre pasado el SPM no tiene director, ya que el relevo de la antigua titular, Cecilia Santacruz, no lo ha realizado el INBAL, responsable de hacerlo, alegando que, como la señora Santacruz ha iniciado su proceso de jubilación, se nombrará a un nuevo titular “cuando los procesos administrativos lo permitan”. Es decir, cuando la burocracia funcione como es debido, que es prácticamente nunca. Asimismo, según las autoridades culturales, el INBAL se encuentra “en la búsqueda de un nuevo espacio que reúna las condiciones necesarias para resguardar y continuar con las actividades sustantivas de este recinto, el cual forma parte de su red de museos”. ¿Saben cuándo va a ocurrir esto? Se admiten apuestas.


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