El filósofo y jurista Carl Schmitt (1888-1985), caído en desgracia desde 1945 por haber proporcionado armazón jurídico a los nazis, concedió en 1971, a sus 83 años, cuando aún se le consideraba “un hombre peligroso”, una larga entrevista radiofónica que ahora se publica íntegra, transcrita y traducida por primera vez al español.
Teórico de la revolución conservadora, crítico feroz de la democracia liberal, políticamente antisemita pero no racista —su esposa era eslava—, Schmitt fue exonerado de responsabilidades penales por los tribunales que juzgaron a los dirigentes nazis pero, catedrático de Derecho, fue apartado de la vida académica y condenado al ostracismo civil. Católico desde su más temprana educación, Schmitt siempre se desenvolvió en ambientes sociales y académicos de mayoría protestante, en los que también debió de resultar “un hombre peligroso”, con asertos como el pronunciado en esta entrevista: “La casa parroquial evangélica (es) el más peligroso de los grandes polvorines de la historia de la espiritualidad”.
El título Mientras el imperio siga ahí se refiere, más que a ningún sistema político pasado o presente, a la idea de Schmitt de que el poder político debe asentarse en bases sólidas y ejercerse con fortaleza, según ha aclarado el editor, quien ha comentado con humor que publicar estas obras no es por adhesión a su autor sino “por su lucidez y brillantez intelectual” y porque en esta entrevista habla de su vida, casi por única vez. La entrevista a Schmitt corrió a cargo del periodista Klaus Figge y del profesor Dieter Groh, autor del epílogo a esta edición y a la edición alemana, y quien en esas páginas afirma que no fue difícil llevar a cabo esta larga “conversación” en la emisora Südwestfunk.
“No tuvimos oposición porque Schmitt era demasiado desconocido. Y si alguna gente lo conocía, como mucho, fruncían el entrecejo”, confiesa Dieter Groh en esas páginas, para añadir: “Al principio fue difícil aportar algo sobre Schmitt. Durante un tiempo fue difícil decir algo contra Carl Schmitt, y después fue difícil decir algo a favor de Carl Schmitt. Actualmente es difícil decir algo sin Carl Schmitt“. También señala Groh que a la hora de hacer la entrevista “no se habló de dejar fuera determinadas etapas”, sino que ambos entrevistadores, a medida que avanza la conversación, se esfuerzan en saber por qué colaboró con el régimen nazi, un asunto sobre el que el jurista siempre responde de forma taimada y huidiza.
En la entrevista hay varias alusiones a España —la hija de Schmitt se casó con un profesor de Derecho gallego—, y el mismo Schmitt, conocedor de la novela picaresca, se llegó a definir a sí mismo como “un pícaro español”, mientras que en los años treinta explicó a un jerarca nazi que la fascinación que Hitler ejercía en un mitin sobre la gente era similar a la que se sentía en la plazas de toros españolas cuando salía el toro.



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