Hace más de cinco años, al concluir en Zenda mi artículo sobre El primer senador de Roma, señalé que la historia de Escipión Emiliano no podía quedar ahí. Aquella novela abría una herida política que exigía ser explorada hasta el final. Tras el segundo volumen de la trilogía, Numantia, y ahora con Enemigos de Roma, Juan Torres Zalba lleva el relato hasta su punto más incómodo: el momento en que Roma, dueña del mundo, empieza a devorar a quienes intentan reformarla.
Hoy, más que nunca, la lectura de estos acontecimientos, ocurridos hace casi veintidós siglos, provoca una inquietante sensación de familiaridad. Las formas políticas quizá se han civilizado, pero las prácticas, los odios, las traiciones y las malas artes permanecen peligrosamente cerca de aquellas que dominan la vida pública. En la República romana, como ahora, el poder rara vez tolera a quienes lo cuestionan con argumentos, razón y justicia.
Enemigos de Roma arranca con el asesinato de Tiberio Sempronio Graco, tribuno de la plebe, nieto de Escipión Africano, cuya única “culpa” consiste en intentar redistribuir las tierras públicas para fortalecer la ciudadanía, la riqueza común y las legiones de Roma. Su muerte no es un exceso aislado, sino el síntoma de una enfermedad política profunda: cuando en Roma la razón vence en el debate, la respuesta del poder es eliminar al hombre que la encarna. Matar al líder que va contra el poder establecido se convierte, para la República, en la solución política más eficaz.
Torres Zalba describe con precisión ese ecosistema moral en el que los salvadores de hoy se transforman en los apestados de mañana. El favor del pueblo se pierde mucho más rápido de lo que cuesta ganarlo, y quienes ayer son héroes pasan a ser enemigos públicos, condenados al destierro, al olvido o a la muerte. Roma no olvida, pero tampoco perdona: devora a sus mejores hombres para seguir avanzando, más poderosa y depravada a la vez, como si necesitara sangre ilustre para mantener en pie el edificio de su poder.
La política romana que emerge de estas páginas es sibilina, violenta y despiadada. Cuando las batallas dialécticas se pierden, la respuesta de los derrotados es la algarada brutal. Los senadores, envueltos en la dignidad de la toga, actúan como auténticas víboras que se devoran entre sí. El Senado aparece, una vez más, como un nido de egoísmos enquistados, incapaz de imponer el honor, la justicia y la verdad, pero muy eficaz a la hora de proteger privilegios y aplastar disidencias.
Uno de los grandes aciertos de Enemigos de Roma reside en el contraste permanente entre los valores heroicos del campo de batalla y la miseria moral del foro. Los mismos hombres que demuestran valor, disciplina y grandeza en campañas, al colgar el uniforme y vestir la toga se convierten en políticos ruines, mezquinos y traicioneros. Roma sabe hacer grandes militares, pero rara vez sabe hacer buenos gobernantes.
Este retrato conecta de forma natural con la lectura que muchos descubrimos, fascinados, hace décadas en la Historia de Roma de Theodor Mommsen. Aquel Nobel alemán supo narrar como nadie la grandeza y las miserias de un pueblo que convirtió el Mare Nostrum en el eje de su poder. Mommsen dedica páginas memorables a la saga de los Escipiones, pero a mí me hubiera gustado que profundizara más sobre la revolución de los hermanos Graco. Quizá por eso quedó en mí, desde entonces, la sensación de una historia incompleta.
La trilogía de Juan Torres Zalba viene, precisamente, a llenar ese vacío. Con rigor histórico, pulso narrativo y una notable profundidad psicológica, el autor rescata del margen a Tiberio y Cayo Graco y los sitúa en el lugar que les corresponde: el de auténticos adalides de los derechos del pueblo y detonantes de una etapa convulsa que marca el inicio del fin de la República.
En este tercer volumen, Roma es palabra y discurso, pero también traición y vergüenza; es honor y justicia, pero también olvido y desagradecimiento; es vida y admiración, pero también asesinatos y muerte civil. Ahí reside su grandeza y su horror. Roma construye civilización mientras devora a quienes intentan humanizarla.
En esos tiempos, Grecia nos lega el pensamiento y las letras; Judea, el relato espiritual y la esperanza de un mundo mejor; Roma, la organización política, jurídica, administrativa y logística, articulada por medio de una lengua franca. Pero esta novela recuerda que ese legado nace en medio de luchas fratricidas, ambiciones desmedidas y una violencia institucionalizada que sigue resonando en nuestro presente.
De la trilogía, considero que este último título es el más literario, ya que el núcleo de la narración se articula en torno al debate y al discurso político. Torres Zalba delimita con trazo seguro la introducción, el nudo y el desenlace, todo ello sostenido por una sólida base histórica, fruto de muchas horas de búsqueda, investigación y estudio.
Una de las grandezas del libro reside en su capacidad para narrar de forma amena y comprensible el intrincado derecho romano, cuyos fundamentos continúan hoy vigentes. Constituyen, de hecho, los pilares sobre los que, a lo largo de los siglos, se edifican nuestras bases jurídicas y se sostienen muchos de los derechos fundamentales actuales. No es casual que el Derecho Romano siga estudiándose hoy en nuestras universidades.
Por todo ello, Enemigos de Roma no es solo una historia novelada, sino una advertencia: la historia enseña que quienes anteponen la justicia al poder y el bien común al privilegio suelen pagar un precio alto. La trilogía de Juan Torres Zalba se alza así como una aportación sólida a la narrativa sobre el mundo romano, no tanto por la amplitud de su relato como por la hondura moral que lo atraviesa. En sus páginas se libra el combate de unos pocos contra una oligarquía aferrada a la riqueza y al dominio, y se confirma una verdad antigua y persistente: la grandeza de los imperios rara vez nace sin el sacrificio de quienes intentaron hacerlos más justos.
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Autor: Juan Torres Zalba. Título: Enemigos de Roma. El destino de los nietos de Escipión: ser enemigos públicos de Roma. Editorial: La Esfera de los Libros. Venta: Todos tus libros.


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