Querido Peter Parker:
Aquél era un gran amigo y lo pasábamos muy bien. Estoy hablando de los años 80, de la época del Mundial de España, en 1982. He mirado hace poco que la película de Superman dirigida por Richard Donner y protagonizada por Christopher Reeve es de 1978, con lo que su reflujo, digamos, me llegó de lleno cuando era pequeño, y recuerdo que Superman estaba en las chapas de las botellas y en los bollitos de chocolate que comíamos por entonces. El sabor, uno de los sabores de la infancia. También recuerdo cómo con este amigo, Marcos, veía yo mi querido El imperio contraataca, en el primer vídeo que recuerdo, quizá del sistema Beta, o ya del sistema VHS, que fue el que se impuso durante muchos años. ¿El mundo evoluciona? ¿Avanza? Espero que sí. Supongo que unas cosas más que otras, mucho más unas que otras.
Eres un personaje muy simpático. En primer lugar porque eres de verdad. Creo que a todos nos interesan los superhéroes, paradójicamente, por vuestra realidad, por vuestra verdad. Es decir, por aquello que tenéis más parecido a nosotros, que es mucho. Nosotros nos queremos parecer a vosotros, pero somos muy parecidos y nos sentimos reflejados en vosotros cuando os vemos. Y ahora que lo pienso no sólo somos parecidos a vosotros en vuestra faceta de superhéroes, aunque ya el hecho de estar vivos nos convierte a todos en héroes… No, me refiero a que vosotros, como seres que compartís nuestro mundo en vuestra faceta “normal”, como Peter Parker, Clark Kent (Superman), Matt Murdock (Daredevil), Bruce Wayne (Batman), por ejemplo, os parecéis mucho a nosotros. Y también como superhéroes, porque seguramente representáis una faceta desarrollada, más desarrollada, de lo que nosotros somos, de lo que podríamos llegar a ser. Y no hablo sólo de lo físico, de vuestras fuerzas, de los superpoderes; hablo también de cualidades humanas, digamos, como la bondad, la moral, la virtud en general.
Has tenido mucho éxito en nuestro mundo. De los cómics has saltado a todas partes, con tus mallas rojiazules, tus redes de araña: has saltado a la tele, al cine, a los videojuegos, a los disfraces infantiles… Y nos has hecho felices. También nos has hecho pensar, al menos a mí.
Peter Parker, eres un chico, o un hombre, interesante. Un muy buen estudiante, un estupendo fotógrafo, una persona con problemas cotidianos que te acercan mucho a nosotros, problemas fundamentalmente amorosos y económicos, quizá como muchos (iba a decir como todos, pero hay gente que tal vez no los tiene), en fin, con problemas, en general, como todos. Tus superpoderes te dan ventaja, pero también te complican la vida, y sólo arreglar esos problemas que tienes en tu vida “normal” ya conlleva muchas dificultades, muchísimas. Por eso digo que sólo vivir ya nos convierte en héroes. Algunas veces he escrito de los enfermos, y quién no lo es en un momento a otro, que merecerían medallas, sólo por serlo, por la lucha contra la enfermedad, por todo lo que ésta conlleva. Sí, Peter, desde luego mereces una medalla, no sólo por ser Spiderman, al que tanto debemos, sino por ser Peter Parker, al que también admiramos.
Quién no ha estado enamorado de su vecina… Tú la tenías en la casa de al lado, y cuenta tu tía en la película de 2002 que cuando vino ella, Mary Jane, a vivir allí con su familia, le dijiste a tu tía que parecía un ángel, o que lo era. Probablemente lo fuera, a su manera. Creo que la actriz que da vida a Mary Jane en esa película está muy bien elegida: es muy guapa, pero también muy natural, muy cotidiana. Como el actor que encarna a tu personaje, Tobey Maguire, muy famoso ya, también muy natural, pero con un atractivo peculiar, con una normalidad, sí, muy especial.
No parece un superhéroe, pero sí que lo es, un chico muy inteligente que lucha contra sus limitaciones para que éstas no lo perjudiquen demasiado, pues todos me parece que las tenemos, y por lo que se ve en los cómics y en las películas también las tienen los superhéroes, tal vez más que nosotros. Creo que es una de las razones por las que me gustan tanto estas historias. En fin, porque sois como nosotros, en gran parte, aunque esto pueda sonar un poco extraño.
Clark Kent resulta un poco exagerado, pero si lo sumamos a Superman, que también lo es, por otro lado, pues no lo es tanto. Además, todos tenemos un lado heroico, y si nos cuidamos un poco hasta podemos ser fuertes y atléticos, y con algo de suerte tan guapos como Bruce Wayne, por ejemplo, que también tiene mucho contenido, o como lo suelen ser todos los superhéroes. A ti también te pintan guapo en los cómics, pero vulnerable (como Peter Parker… bueno, también, en cierto modo como Spiderman). En fin, a ti te presentan como un chico normal.
Tus “poderes”, en la vida real, son tu talento, tu inteligencia, y yo diría que tu moral, tu bondad. Te pareces a otros superhéroes. También es así Superman, y aunque Clark Kent se haga el tonto y el torpe no consigue hacerlo siempre; no lo puede evitar: le desbordan lo que es, lo que lleva dentro. Aunque reconozco que las gafas hacen bien su papel, y cualquiera que haya usado gafas sabe cómo le condiciona de cara a los demás ese pequeño detalle. Es un buen disfraz; parece tonto pero no lo es.
Los superhéroes reciben grandes dones, pero las personas normales, de una manera u otra, también los tenemos. Son capacidades especiales; efectivamente, algunos las llaman dones. Pueden hacer maravillas. Y se pueden desarrollar, educar, ampliar, etc. Tu tío Ben te dice en una ocasión algo que cambió tu historia: “Un gran poder implica una gran responsabilidad”. Esta frase es muy importante y debemos recordarla, quizá hacerla nuestra. Tú la recuerdas a menudo. La ejerces, por decirlo de algún modo. Es posible que todos hayamos tenido un tío como tu tío Ben. Tener un tío así, acaso varios, es como un don del cielo.


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