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9 poemas de Mario Nosotti

Mario Nosotti es un poeta, crítico y ensayista nacido en Buenos Aires en 1966. Editó la revista de poesía Música Rara. Obtuvo la beca del Fondo Nacional de las Artes en 2014 y 2021. Publicó los libros de poesía Parto mular (Último Reino, 1998), El proceso de fotografiar (Viajera Editorial, 2014), La casa de la playa (Club Hem, 2018), Dos poemas inconclusos (Caleta Olivia, 2021). En crítica: Sombras bajo la lámpara de aceite: Notas breves sobre libros y literatura (Borde Perdido), el ensayo biográfico La casa de los pájaros: Notas sobre la vida y la obra de Juan L. Ortiz (UNL, 2021), y La música vendrá: Una biografía del poeta Edgar Bayley (Gog &Magog, 2024). En 2023 apareció en España El paso de unas nubes, una antología de su obra poética con selección y prólogo de Mercedes Roffé por Editorial Liliputienses. Es docente en la Maestría de Escritura Creativa de la Universidad de Tres de Febrero y codirige la Colección Estaciones de poesía argentina (Miño & Dávila Editora). Colabora con distintos medios gráficos y digitales de Argentina y el exterior. Lleva adelante el sitio de poesía y crítica Música Rara. Presentamos una selección de su obra poética y seis poemas de A pesar de los días, un libro de poemas en prosa que HD Ediciones publicará en los próximos meses en Argentina.

***

Cuando hay estas tormentas de verano
me acuerdo que revientan
olas enormes sobre el malecón. Uno pasa
y de pronto lo asaltan gotas sucias
pesadas como perros.
Mis hijas se reían asustadas ese día,
miedo y alegría, de que las voltee el mar.
El viento les inflaba los vestidos
como a pequeñas damas del siglo XVII.
Corrimos hasta el auto porque el aire
mojado nos heló,
y por un instante insoportable
se volvió la alegría
de tener ese hogar.

***

Génesis

Me comí una mandarina
Las semillas brotaron de mi boca
Desde el labio pulposo se lanzaron al plato
Ése fue el fin del árbol y del fruto. De ahí, a la basura,
y basta.

***

La caja de las fotos

IX 

Es la primera foto
donde los retrasados
hubieron de posar
casi 30 minutos
inmóviles o más.
Quizás en esa extrema rigidez,
la imposición de una
compostura imposible,
algo de lo que la felicidad tiene de rígido,
incómodo y callado,
supieron.
Ante todo un silencio,
o distancia,
angustia suspendida en la mirada,
la risa en la belleza
congelada y la vez la presencia
de aquello que no puede despertar.

*

XX

Fue como el esfumado de Leonardo,
bastó un poco de sombra,
así surgió la vida.

La perfección finalmente no vino
de la reproducción del máximo detalle
sino de ese dejar caer
algo en lo obscuro,

algo, que en la atracción de su caída
donara la abertura a lo que el ojo
quiera, decida ver allí.

Leonardo descubrió –entre otras cosas-
la magnética fuerza de aquella
invitación,
más fértil y perfecta
que un detalle del rictus, concretud.

Lo indiscernible fue
un líquido amniótico
ese espacio que vela
lo que puede surgir de su
frescura,
el latente descanso
de imagen prometida.

Lo anterior –me parece o mejor dicho,
confío- refuerza la teoría de la no voluntad,
una vez llegado al punto,
la náusea del esfuerzo,
resta solo alejarse,
confiar en lo que ocurra.

Fue Leonardo esfumado
como el máximo objeto de su amor,
renuncia del que todo había buscado,
bosquejado, pulido.

Su camino al absurdo:
mientras más claro está
no ve más ni mejor,
lo que la imagen quiere
no es pulso de la línea, o la composición,
sino el preciso avance de la sombra,
llamado a lo que el resto
es apenas un cuadro,
una apuesta a ese punto
que exige creación.

***

Como cajones de un almacén saqueado. Así siento mi alma este invierno de 2023. Alguien sabe por qué. Y no sé dónde está ni lo que piensa. La imagen es de Shklovski . La usa para escribir las dachas tendidas de costado. Una vez que regresó a Finlandia. Sus palabras imprimen un acento extranjero. Hacen ser de otra parte. A su propio capricho me moldean un cuerpo. Y vacían de toda virtud.

***

Un pintor que quería ser poeta. Y viceversa. Un poeta que. Alguien sueña la palabra SARDINAS. El otro escribe cosas sobre el color naranja. Hay letras sueltas vagos designios. La verdad es un hilo escurridizo. Asoma por abajo del zapato. Desde mayo mi corazón está frenado. Roto. Miro por la ventana sentado en un café. Frases para Galletas de la fortuna. Un poema de O’Hara.

***

El color verde agua. En las tejas de la casa de enfrente. Me dio tranquilidad. Visto desde mi casa. Es de nuevo el color preferido. Ahora me doy cuenta. Solo en ese declive que desagua. En ladrillos mohosos. Un tono sostenido. Rodeado de otras formas. Bajo el sol de las cuatro esa organización. Me devuelve la calma. El vaivén de un lugar olvidado. Quizás de otra manera no lo hubiese visto. Ese color. Sobre esa forma. Este momento.

***

Vago en los acueductos de ese país mental. Un recuerdo de bosques ciudades y caminos. Alguien enciende fuego. Con libros que sacaron a la calle. Y que nadie leyó. El papel retorcido ilumina los árboles. También las manos rojas y las caras curtidas. La memoria de otros llega como una música. Enfrente hombres y mujeres toman cerveza. Se ríen de lo serio y lo gratuito. De cosas que no entienden. El papel de la historia es para calentarse. Incluso cocinar. Para literalmente iluminarse.

***

Le diría que no se preocupe. Le diría que no se preocupe y que se oponga a todo. Que no se deje atar por sus propias ideas. Que baje hasta el arroyo. Y si ya no hay arroyo. A las vías del tren. Le diría que mire alrededor y haga silencio. Que renuncie. El viento transportaba el polen de los plátanos. Dejaba una película de polvo en los rieles brillantes. Un perro se asomaba justo enfrente. Como una aparición. La vía hacía una curva y a lo lejos. El ojo de lo humano se esfumaba en los pastos.

***

El impulso que le dio ese poeta. Lo hizo subir al techo de la casa. Ahí se quedó dormido. Esperando que alguien lo descubra. Y compruebe si hay vida en la tierra.

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