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Los años dorados y el verano peligroso

Los años dorados y el verano peligroso

Noche mediterránea en un Torremolinos que recibe a sus primeros turistas. Casas humildes y encaladas; pescadores curtidos por el sol, la sal y la vida. En el Club Montemar – El Remo, uno de aquellos pequeños hotelitos donde la jet set internacional buscaba comodidad envuelta en exotismo, los camareros sirven la cena. Entre los comensales, vestidos de etiqueta, irrumpe una aparición mariana postmoderna: Brigitte Bardot entra en bikini, tirando de las riendas de un borrico. Se acerca parsimoniosamente a la barra y pide una copa.

Corre el año 1957. Bardot se aloja en una casita junto al club mientras rueda una película dirigida por su marido, Roger Vadim, quien contó después cómo aquel burro, de nombre Romeo, llegó incluso a dormir en su habitación. Los rodajes y visitantes ilustres empezaban a aterrizar en una Costa del Sol incipiente que, desde Torremolinos, entonces aún parte de Málaga capital, comenzaba a convertirse en una suerte de Costa Azul castiza, barata y, por poco tiempo, tranquila.

Uno de los epicentros de este despegue fue el Hotel Pez Espada, abierto en 1959 como el primer cinco estrellas de la zona. Allí, unos años más tarde, tuvo lugar el célebre incidente entre Frank Sinatra y un fotógrafo del diario Pueblo, que intentó retratarlo junto a una actriz cubana con la que se mostraba especialmente cariñoso. La historia es conocida: el crooner acabó en los calabozos del Gobierno Civil y fue expulsado entre maldiciones. “No volveré a este maldito país”.

Por el Pez Espada desfilaron figuras como Rita Hayworth, Marlon Brando, Rock Hudson, Anthony Quinn o, por supuesto, Ava Gardner. También parte de la aristocracia europea: Balduino de Bélgica, Grace Kelly y Raniero de Mónaco o los duques de Windsor. La nómina de celebridades que llegaron a Torremolinos, y después a Marbella, es casi interminable.

Muy cerca, en Churriana, se encontraba La Cónsula, la residencia de los Davis, una pareja estadounidense amiga de Gerald Brenan y Gamel Woolsey, que vivían a unos cientos de metros de ellos. Por esta casa pasaron Cyril Connolly, Bertrand Russell, Laurence Olivier, Orson Welles, Vivien Leigh y el propio Ernest Hemingway, que celebró allí su 60º cumpleaños. Su encuentro con Brenan no fue especialmente afortunado: en sus memorias, el autor de Al sur de Granada lo describe como “una especie de capitán de barco de barba blanca que solo quería hablar de toros”.

Aquel cumpleaños, el 21 de julio de 1959, se convirtió en una de las anécdotas más conocidas de los llamados Golden Years de la Costa del Sol. Según algunos testimonios, la fiesta se desmadró: los asistentes, ya con demasiadas copas, acabaron montándose sobre un pobre burro y Hemingway apostó a que podía acertarle de un disparo a un cigarro que el maestro Ordóñez sostenía entre los labios. La velada terminó con fuegos artificiales y una palmera ardiendo que necesitó la intervención del cuerpo de bomberos. Según Valerie Hemingway, nuera del escritor, “la fiesta de cumpleaños fue un éxito rotundo; vino gente de todo el mundo, incluidos los marajás de Cooch Bihar y Jaipur y su médico de Idaho”.

Hemingway había llegado a Málaga en mayo de 1959. La casa de los Davis era su base logística desde donde seguir los duelos entre Luis Miguel Dominguín, entonces número uno del escalafón, y Antonio Ordóñez, gran amigo suyo. El encargo, hecho por la revista Life, acabaría convirtiéndose en Un verano peligroso.

Lo que debía ser un simple reportaje taurino se transformó en un viaje agotador que, según Andrés Arenas, contribuyó a precipitar su derrumbe emocional. El norteamericano, ya frágil, intentó una empresa imposible: seguir a los dos toreros por toda España, escribir el texto, seleccionar fotografías y convertir aquella rivalidad, entre cuñados además, en una épica de vida o muerte para el público estadounidense.

El resultado fue un manuscrito monumental: Life pidió diez mil palabras y recibió ciento veinte mil. La revista lo mutiló, Hemingway se enfureció y su salud se resquebrajó aún más. A los excesos del verano se sumaron los tratamientos de la clínica Mayo, incluidos los electrochoques. El 2 de julio de 1961, el escritor se quitó la vida. Según le leyenda, cuando le dieron la noticia a Belmonte este solo dijo dos palabras: “Bien hecho”.

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Ernest Hemingway: Un estilo de vida, de Andrés Arenas. Dastin Export, 2006.

Excéntricos en la Costa del Sol, de José Luis Cabrera y Carlos G. Pranger. La Térmica, 2021. Una enciclopedia heterodoxa con perfiles de los personajes más curiosos de la costa malagueña.

Pez Espada, de Alfredo Taján. Ediciones del viento, 2010. Excelente novela que retrata los años dorados de este emblemático hotel.

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