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Goya viaja con nosotros, (Diario de un viaje de novela, II)

Goya viaja con nosotros, (Diario de un viaje de novela, II)

Hay algo profundamente novelesco en dejar atrás los almendros en flor de Aragón y adentrarse, kilómetros después, en la respiración verde y ondulante de los trigos castellanos. Con los ríos Ebro, Duero, Pisuerga poderosos e indomables por las abundantes lluvias.

Viajar para presentar una novela sobre Francisco de Goya tiene algo de invocación. No solo recorremos carreteras: seguimos rastros. Esta primera semana de gira —Zaragoza, Salamanca, Valladolid, Ávila y Borja— ha sido también una semana de señales goyescas, de presencias invisibles que emergen en cada ciudad.

"Presentar la novela bajo la custodia real de sus pinceles fue casi un gesto simbólico: hablar de Goya mientras su presencia nos observa desde la pared"

Comenzamos en la Fundación Ibercaja, en el Patio de la Infanta. Más de cuatrocientas personas llenaron el salón, con la complicidad imprescindible de la Librería París, y la brillante presentación del Premio de las Letras Aragonesas 2024, José Luis Melero, cuya generosidad intelectual es tan grande como su amor por los libros. Y de mi editora, Clara Rasero, que supo envolver al público con su emoción. Pero había algo más profundo en elegir ese lugar. Mientras el Museo Camón Aznar permanece en obras, los fondos goyescos de Ibercaja descansan allí. Entre ellos, el primer autorretrato de Goya —esa mirada joven, todavía expectante— y el gran retrato de Félix de Azara. Presentar la novela bajo la custodia real de sus pinceles fue casi un gesto simbólico: hablar de Goya mientras su presencia nos observa desde la pared. Comenzamos la aventura donde él empezó.

Salimos de Zaragoza con el corazón agrandado y la certeza de que la literatura, cuando se comparte, se multiplica. Paramos a descansar en la Plaza Mayor de El Burgo de Osma y detuvimos la furgoneta a la sombra del castillo de Peñafiel. Sonrío al comprobar que mi hija ya empieza a distinguir entre torreones, almenas y atalayas.

"Contar esta historia frente al río Tormes, bajo la piedra dorada de la ciudad universitaria, añadió a la tarde un aura casi gótica"

La siguiente parada fue la Librería Santos Ochoa de Salamanca, donde nos sentimos como en casa, pues nos une una profunda amistad con toda su familia, que poco a poco está creciendo y llenando España de sus fantásticas librerías.

Aunque Salamanca no cuenta con obra directa de Goya, la ciudad sí alberga una curiosa leyenda relacionada con el genio. En el siglo XIX, cuando se permite abrir la tumba con los restos del pintor en Burdeos para trasladar sus restos a España, faltaba la cabeza. Una de las hipótesis —tan inquietante como literaria— sostiene que el cráneo pudo acabar aquí, vinculado a estudios frenológicos de la época. Se habla de una cabeza atribuida a Goya que estuvo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca. ¿Era realmente la suya? ¿Fue una confusión? ¿O un mito alimentado por el romanticismo? Lo cierto es que contar esta historia frente al río Tormes, bajo la piedra dorada de la ciudad universitaria, añadió a la tarde un aura casi gótica. Una que intuyo que a Goya le habría gustado. Incluso muerto, sigue generando misterio a su alrededor.

Al día siguiente, lo primero fue cargar nuestra furgoneta eléctrica. Etapa a etapa vamos entendiendo mejor cómo hacerlo. Y así llegamos con un tiempo revuelto a Valladolid. La presentación en la librería Oletvm fue especial por la presencia de familia y grandes amigos, puesto que es la ciudad natal de mi mujer. Su librera, Estrella, es todo un referente y nos recibió con su inseparable sonrisa.

Valladolid fue también punto de peregrinación. Visitamos el convento de San Joaquín y Santa Ana, donde se conservan tres grandes lienzos de Goya —El tránsito de San José, San Bernardo y Santa Ludgarda— frente a las obras de su cuñado Ramón Bayeu. Después caminamos hasta la Casa de Cervantes. Sabemos que Goya leyó el Quijote y colaboró en un proyecto de ilustración de la novela. Pensar que dibujó al caballero manchego crea un puente invisible entre siglos. Literatura y pintura conversando. Brindamos con un Ribera del Duero por ambos genios. Elena aprovechó para mostrar su ciudad a nuestra hija Martina, pero el tiempo nos privó de poder ver las ardillas del parque del Campo Grande. Recorrimos la ciudad, visitamos la librería de El Rincón de Pepa en plena Plaza Mayor y la librería Moiras. Martina está disfrutando el viaje casi más que nosotros y ha comenzado a ayudarme en las firmas. En Oletvm se sentó conmigo al final de la presentación, y añadía corazones y estrellas a cada dedicatoria.

"La Librería Letras y su dueña, Gemma, son la viva imagen de la literatura actual. Con ella se demuestra de nuevo que una librería puede ser el corazón cultural de una ciudad"

En Ávila hay un rico patrimonio. Sus murallas son el alma de su pasado, mientras que la Librería Letras y su dueña, Gemma, son la viva imagen de la literatura actual. Con ella se demuestra de nuevo que una librería puede ser el corazón cultural de una ciudad.

Goya no estuvo Ávila capital, pero sí muy cerca. En Arenas de San Pedro pasó varios veranos en el Palacio de la Mosquera, invitado por el infante Luis de Borbón. Allí pintó al infante, a su esposa María Teresa de Borbón y Vallabriga —zaragozana— y a sus hijos. Retratos íntimos, familiares, casi domésticos. También frecuentó Piedrahíta, invitado por la duquesa de Alba. En aquel palacio de jardines versallescos coincidieron Jovellanos y Moratín. La Ilustración respiraba entre montañas. Y en el término de Cepeda la Mora, en la sierra de Gredos, se sitúa la cueva del bandolero Pedro Piñeiro, el Maragato. Fascinado por su historia, Goya pintó la serie La captura del bandido Maragato, seis pequeñas tablas que hoy custodia el Art Institute of Chicago. Muchos han visto en esa secuencia narrativa el antecedente de un cómic, quizá el primer tebeo moderno.

"La sensación es que no estamos haciendo solo la presentación de una novela, estamos siguiendo su rastro. Cada ciudad guarda una huella de Goya"

Cerramos la semana en Borja, con el aforo completo en el Centro de Estudios Borjanos. Regresar a Aragón tras cruzar Castilla tuvo algo de retorno simbólico. Borja también tiene su hilo goyesco. El ilustre borjano Romualdo Nogués, gran coleccionista, atesoró varias obras del pintor en su casa madrileña, entre ellas un dibujo preparatorio del autorretrato que abre Los caprichos. Hoy ese dibujo se encuentra en el Metropolitan Museum de Nueva York. Pensar que ese trazo salió de Aragón, pasó por manos borjanas y terminó al otro lado del océano nos ayuda a comprender que Goya siempre ha estado en movimiento. Exactamente como nosotros esta semana.

Al terminar estos primeros días de tour, la sensación es que no estamos haciendo solo la presentación de una novela, estamos siguiendo su rastro. Cada ciudad guarda una huella de Goya, ya sea real, artística o legendaria, y nuestra ruta literaria las va despertando a nuestro paso. Seguimos. Aún quedan miles de kilómetros que recorrer, y Goya, de alguna manera, se ha hecho un hueco en la furgoneta y viaja con nosotros tres.

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