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9 poemas de Julián Herbert

Julián Herbert es un poeta, narrador, cronista y ensayista nacido en Acapulco, México, en 1971. Es autor de libros de poemas como Chili Hardcore (1994), El nombre de esta casa (1999), La resistencia (2003 y 2015), Autorretrato a los 27 (2003), Kubla Khan (2005), Pastilla camaleón (2009) o Álbum Iscariote (2013). También es autor de los libros de crónicas La casa del dolor ajeno (2015) y Ahora imagino cosas (2019), de los libros de cuentos Cocaína (manual de usuario) (2006) y Tráiganme la cabeza de Quentin Tarantino (2017), y de la novela Canción de tumba (Premio Jaén de Novela 2011 y el Premio de Novela Elena Poniatowska 2012), entre otros libros. Es vocalista de la banda de rock Los Tigres de Borges. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen (2003), la Presea Manuel Acuña (2004), el Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola (2006) o el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez (2008; compartido con León Plascencia Ñol). Presentamos una selección de su obra poética.

***

Experiencia de la muerte del ojo del tigre 

“Contenidos mentales”, los llama Gerald Murnane.
Cuando bebía, inhalaba, fumaba de una lata,
fumaba de una pipa, aspiraba de un foco,
los sentía tan cerca: una mañana
en el aeropuerto de Oaxaca
pedí jugo y lo mezclé con mi mezcal
para calmarlo, mi mezcal
era un bebé con ataque de pánico,
otra ocasión en Mexicali
Héctor García dijo que el tocón para la toalla
parecía una cámara –veníamos
de fumar metanfeta casera
y de abrirle un concierto a Cirerol–,
desarmé toallero, picaporte, control
del aire acondicionado, laptop, unos lentes,
Madrastras se largó
al aeropuerto, me quedé en el hotel
una noche extra fumando, desarmando cosas,
el buró, las persianas, hasta que amaneció y
salí corriendo porque
Paulina Rubio me amenazaba
de muerte en el televisor: Ni una sola palabra
ni frases ni miradas
bailando en el pretil del balcón de mi cuarto
como un juguete que choca contra un muro.

“Contenidos mentales”, los llama Gerald Murnane.
Mis primeras noches en rehabilitación
tuve la pesadilla de asistir a una feria
en compañía de mi hijo, yo era David Silva
en Campeón sin corona y boxeaba
con un dragón mecánico, un séquito
me siguió calle abajo entre
vítores, pero me abandonaba
frente al dragón. Había danzantes, cuetes
que estallan en el aire y al caer
eran botellas rotas, me preocupó
que los filos de lluvia cegaran a mi hijo,
por eso demoré en darme cuenta
de ir descalzo, los vidrios se clavaron en mis pies,
a veces el dragón yace muerto o dormido,
a veces me tragó: tengo que pasar
entre los engranes de sus intestinos
como un Charlie Chaplin creepypasta,
al final me siento en el vano de una puerta
o en medio de una plaza
a sacarme cuchillas transparentes y rojas
de la carne.

Luego vino la Edad de la Meditación: “Un búfalo
pasa por una ventana. Su cabeza, sus cuernos,
sus cuatro patas ya han pasado. ¿Por qué
su cola no pasa?”: buen koan
para no prender fuego
a los cuartos de hotel de Mexicali.

“Contenidos mentales”, los llama Gerald Murnane.
Ahora me parecen lejanos y nítidos:
el horror con el que tiembla el agua
cuando nos acercamos, un parpadeo
de ángeles decapitados sobre una roca negra,
la fantasía de que, si llega el fin del mundo,
podría aprovechar la embriaguez de mis amigos
para matarlos y alimentarme de sus restos.
No encontré menos oscuridad.
Encontré una máscara limpia.

***

Manuel bandeira me llama por cobrar

Así quisiera yo mi último poema:

Los narcococos cayeron en Jujuy

(dodecasílabo neobarroso to-

mado de un periódico);

navaja negra el derecho de Caín;

nadie hablaría de ángeles

si las nubes portaran armadura;

la fantasía es un lugar en donde llueve;

el plagio es otro lugar en donde llueve;

la lluvia es un lugar fantástico desde un ángulo recto.

 

Así quisiera yo mi último premio:

que tuviera la llama de los diamantes

que se suicidan casi sin perfume

y la pureza de las cosas

que sollozan sin explicación.

 

Así quisiera yo mi último amor:

que fueras tú,

que fuera un aguamala,

que fuera el tren transparente del mezcal,

que fuera el lujo marchito de beber a solas,

que fuera mi hijo menor con el cabello cortado a lo mohicano

y con un hacha,

que fuera lento,

que me diera suficiente oscuridad,

que tuviera chispas de tigres debajo de las uñas,

que fuera mi rehén y se callara.

 

Así quisiera yo mi último cuerpo:

arrodillado,

vacío de dolor,

pidiendo una limosna

en el umbral del dolor. 

***

Poemas

los poemas donde te esperé
hasta las once de la noche
con cinco pesos en la mano
y el presentimiento de que ya no pasarías

los poemas oscuros y profundos
donde caminé promesas que duraban
medio bosque cubierto por la nieve
and miles to go before I sleep

los poemas donde me casé contigo
casi siempre tenías los ojos claros
verdes o azules
y una vez eras pelirroja
pero igual nos divorciamos

los poemas donde
nos cagamos de la risa
de los poetas que escribieron
aire altísimo

los poemas donde
nos cagamos de la risa
del poeta que escribió
una cantiga

los poemas donde
nos cagamos de la risa
de los poetas que cantaban
uy uy uy señorita

los poemas que pagaron
con la beca
un volkswagen verde
entre blancas gallinas

los poemas
que leímos mal

los poemas
espanto: un fulgor
de gas de hueso viejo
ardiendo fluorescente en
la noche del panteón:
un pedo metafísico

los poemas
que nos hicieron engordar

los poemas que sólo funcionaron
si habías visto la tele:
David Vincent los ha visto
transforma este cuerpo decadente
dónde está mi arco
maldita pobreza

los poemas que sólo funcionaron
si no habías visto la tele:
dichoso quien tome a tus niños
y estrelle sus cráneos contra las peñas

los poemas peor de todas
los poemas sombrero de fieltro
los poemas mataviejitas
los poemas ropa sucia
los poemas con Dj Vj CB doble cabina y
tubo de téibol
los poemas herpes
genital
los poemas realismo chistoso
los poemas del Hola!
los poemas del Círculo
los poemas del circo
los poemas de Ciro Gómez Leyva

los poemas que escribieron
las mejores mentes de mi generación
destruidas por la frescura

***

Sakyamuni me llama por cobrar 

Hay suficiente oficio para matar estas palabras,
suficiente medusa faraón y derrumbes bajo el río,
una madre pasea trozos de mujer en la carriola,
no excavarás la sombra,
hay tiempo todavía,
la voluntad quema los ojos
mientras pequeñas bestias descienden de los árboles
y apalean a tus vacas, habrá tiempo
de ir al mercado con una lista de venenos,
estás expuesto a todo tipo de invasión,
tienes que amar el corazón de los comanches
que te comes, al menos
come lo que matas,
el guarismo en la torre, la torre
que se alimenta de centinelas,
suficiente medusa: roca en las vendas: polvo habrá:
faraones dispersos, lesiones de tinieblas,
no tengas miedo, cruza el río Vedana,
yo no soy ese mundo, soy apenas su orilla,
la novia nunca va desnuda,
hay suficiente oficio para matar
estas palabras, no te preocupes, hay
suficiente oscuridad para mañana.

***

McDonald’s

Nunca te enamores de 1 kilo
de carne molida.
Nunca te enamores de la mesa puesta,
de las viandas, de los vasos
que ella besaba con boca de insistente
mandarina helada, en polvo:
instantánea.
Nunca te enamores de este
polvo enamorado, la tos
muerta de un nombre (Ana,
Claudia, Tania: no importa,
todo nombre morirá), una llama
que se ahoga. Nunca te enamores
del soneto de otro.
Nunca te enamores de las medias azules,
de las venas azules debajo de la media,
de la carne del muslo, esa
carne tan superficial.
Nunca te enamores de la cocinera.
Pero nunca te enamores, también,
tampoco,
del domingo: futbol, comida rápida,
nada en la mente sino sogas como cunas.
Nunca te enamores de la muerte,
su lujuria de doncella,
su sevicia de perro,
su tacto de comadrona.
Nunca te enamores en hoteles, en
pretérito simple, en papel
membretado, en películas porno,
en ojos fulminantes como tumbas celestes,
en hablas clandestinas, en boleros, en libros
de Denis de Rougemont.
En el speed, en el alcohol,
en la Beatriz,
en el perol:
nunca te enamores de 1 kilo de carne molida.

Nunca.

No.

***

No entendí tu poema

Me perturbó el hedor a basura inorgánica.
Se le veían los clavos.
Tiene escamas.
Pensé que iba a ser unitario.
Pensé que tendría un enfoque social.
No venía con un dragón de juguete sorpresa.
Me dio asco que hablara de dolores de muelas en las muelas
de otros.
Parecía una lista de pendientes domésticos.
Algo en su interior me dice que estamos solos.
Se tapa los oídos cuando roba.
Hay demasiado hermetismo y vanidad en su tejido de
referencias.
No ayuda a que los jóvenes lean más.
Le falta idolatría.
Parece un dibujo del cielo pegado con cinta scotch en el
cielo.
Sutura heridas reales con mímica.
Sabe a ajo.
Pide becas para comprar wolkswágenes verdes junto a
blancas gallinas.
Compra colchones, tambores, refrigeradores, estufas,
lavadoras, microondas.
Paga mal.
No sale en el insta.
No sabe perrear.
Propone aporías descabelladas, por ejemplo mitusear perrhijos.
Solo bebe agua de animal mimado.
Deja un rastro de baba, como los koanes o los caracoles.
Perora que la magia consiste en que otras personas te
transfieran su sentido de la realidad.
Optó por las ciudades en lugar de las selvas o las ruinas.
Masticaba tentáculos de ideas oscuras.
Masticaba esfínteres de esfinges.
No confía en —ni alaba— las sonrisas de las chicas bonitas y
valientes que sostienen el mundo.
No sé a qué se refiere cuando dice que la memoria es un
fantasma gradual.
No sé a qué se refiere cuando dice que tienes que saber qué
es un objeto antes de poder
fijarte en él.
No hay ideas ni experiencias detrás de sus palabras.
No aprendió a socializar con ventaja.
Se comporta como si estuviera leyéndonos la mente en voz
alta.
Me ofende que se burle de las flores
inusitadamente bellas
de plástico del parque.

***

El corazón del sábado en la noche
(Tom Waits bebe con Li Po)

El viento baja del bosque. La luz del bulevar
baila como una vela en el pretil de una ventana.
Cielo tibio. Las montañas forman una corona
alrededor de nosotros. Alguien habla de futbol
entre el llano dormido del estacionamiento
y los gritos que salen a la puerta del bar.
Por la barra, las luces de colores
saltan vasos vacíos,
como en un juego de damas chinas.
La música es un río tembloroso de estrellas.
Una botella de vodka
hace más transparente la luna.

***

Zapatistas en el baño de mi casa

Oh nena no sabes qué noche terrible
yo estaba feliz pensando en ti
escribiendo un poema sobre la primavera
un amigo se acerca y me pide que hospede a
3 ó 4 zapatistas que están en la ciudad

Oh mi amor dije que sí gustoso
todavía pensando en ti
todavía escribiendo mi poema
no sabía no no sabía
que me estaba metiendo con el méxico bronco

Dieron una conferencia y pude dormir a gusto
pero luego al hospedarlos descubrí que me engañaban
no eran 3
sino 10
y ninguno guerrillero
sus profesiones eso sí me resultaron muy extrañas

4 punks
1 vendedor de camisetas
2 marxistas ortodoxos infiltrados en telmex
2 europeos mohosos pero de muy buenas familias
y el décimo se me hace que había sido boxeador porque ya briago le dio por descontar al respetable

Pero lo más triste baby
ah honey
es que todos vivían en Monterrey
sólo habían ido a Chiapas a
mirar una cascada

Apenas instalados pidieron de cenar
sin importarles que yo pensara en ti
que todavía no terminara mi poema
me miraron con desprecio me llamaron
individualista
luego pusieron un caset de def con dos
otro de los Ramones
y cantaron como si vomitaran

Convencido de que no se apiadarían cociné para ellos
1 kilo de huevo 6 tomates 20 chiles 80 tortillas 2 bolsitas de frijoles
Ellos me apresuraban
sus ojos relampagueaban
varios litros de tonayan escurrían de sus labios
la casa apestaba como un temazcal de mezcal

Pasé la noche en vela

sorbiendo coca colas

sin poder orinar pues siempre había (siemprehabíasiemprehabía)

zapatistas en el baño de mi casa
zapatistas en el baño de mi casa

Luego de discutir
de golpearse
de hablar mal del gobierno
de censurar a marcos
de alabar la dictadura proletaria de la esquina
luego de cabecear de vomitar regurgitar de carraspear de
abofetearse
nuevamente
mutuamente hasta la sangre
hasta los belfos
luego de asegurarme que Zapata había sido
maricón
se fueron por fin con esa cruda
que sólo da a las diez de la mañana
se fueron dejando como única prenda
como único recuerdo
un caset de los Violent Femmes

En cuanto desaparecieron
como si todo fuera magia
o todo fuera un viejo sueño
se esparció la primavera sobre el tufo de la cruda
varitas de nardo creciendo en tus fotos
flores en tu cabello guacareado
sentí unas ganas locas de declamar poesías
y eso que aún me faltaba lo más bello
Oh honey
llegaste pisando los talones de la primavera
con la propiedad privada de tus pechos chiquitos
con el imperialismo a cuadros de tu blusa verde
hey dear —estabas lista
para pasar a la catafixia— y mientras te desnudabas
perdoné mentalmente a los explotadores que se comieron mi
comida
que vomitaron en mis muebles y me dieron
a cambio
nomás este caset
de pronto supe que nunca voy a rebelarme
No sé quién soy
soy tan voluble
me conformo con un trago
una cuenta de vidrio y un caset
me conformo con un pase
una blusa tirada y un caset

Y por eso te digo:
pásame el espejito para verme de cerca
porque ya no distingo dónde está el bien
dónde está el mal

***

Los que cumplieron más de cuarenta

para Pedro y Mabel

Los que cumplieron más de cuarenta
se deprimieron mucho el día de la fiesta,
o fingieron que era la misma fiesta de hace cuatro años,
o comieron y bebieron tanto
que al día siguiente se sintieron enfermos,
casi viejos.

Pero los que cumplieron más de cuarenta
ya están mejor: sus gestos
han perdido la ostentación de la juventud.
Ahora pueden fumar, sostener una viga,
pelear con el marido por culpa de los clósets
y hasta hacer el amor
con ademanes lentos, naturales, con la resignación
de quien sabe que el tiempo es pura pérdida de tiempo

Los que cumplieron más de cuarenta
tienen historias absurdas: accidentes
en motocicleta, piedras en la vesícula,
un rancho y un piano y una mamá que huele
a piloncillo con nuez, un hermano seminarista,
un volkswagen amarillo,
una infancia resuelta a punta de balazos
en el oscuro de un cine que hoy no existe.

Y así,
vuelta y vuelta la fe de la memoria,
inventándose penas adolescentes
para el cuerpo donde viven ahora,
los que cumplieron más de cuarenta recuerdan
no para revivir la juventud sino para decirla,
porque deveras no tienen miedo de los años
pero sí tienen miedo del silencio.

Los que cumplieron más de cuarenta
se enojan si les hablas de tú,
se enojan si les hablas de usted.
Hay que llamarlos a silbidos, a tientas,
a empujones,
a palmadas en la espalda,
hay que llamar su atención mencionando
políticos rusos o películas francesas,
hay que explicarles casi todo
acerca de los juegos de video
y los nuevos programas de la televisión

Los que cumplieron más de cuarenta
saben pensar el alba:
un cuerpo gozado en un hotel de paso,
un cuerpo solitario de vodka en el mejor hotel,
una calle vacía y de pronto los pájaros.
El amanecer esa banca en el parque
y las palabras que no llegan a la boca.

Hay que dejarlos recordar

y luego seguirlos hasta la ventana
(hablarles de tú, hablarles de usted),
palmearles despacito sobre un brazo
como a unos hijos nuestros que de pronto
crecieron demasiado y nos asustan.

Los que cumplieron más de cuarenta
desean cosas bien sencillas:
que la fiesta se acabe,
que las muchachas no les digan “señor”,
que diosito con su lápiz les borre la panza,
que el café vuelva a saber,
que a las calles de la infancia nadie les cambie el nombre,
que las piernas de alguien se abran para ellos
y dormir calientitos,
como si una señora difunta los arropara
estirando la mano desde atrás
—muy atrás—
de la vida.

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