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Un amor con abrojos

Un amor con abrojos

Una engañosa simplicidad, una forma de desnudez, un estilo tan depurado que se hace invisible. Es la impresión que causan las primeras páginas de Pantalones azules (Fiordo, 2026), segunda novela de la escritora y periodista argentina Sara Gallardo, que acaba de aparecer en España, una impresión que se mantiene a lo largo de esta conmovedora nouvelle que fluye con calma, sin sobresaltos, pero sin pausar su ritmo, que plasma cómo las convenciones sociales coartan los sentimientos y deseos, apresando al individuo en una jaula de cristal que le impide disfrutar de los placeres de la vida y ser feliz. Amor con abrojos.

La voz narrativa es apenas un susurro acallado por las voces de los personajes que irrumpen en escena como en un teatro, especialmente la voz interior del protagonista, Alejandro Hernández, Alejo, un joven de veinte años y buena familia que estudia arquitectura y tiene una novia de su misma clase social, Elena. Si en su primera novela, Enero, Gallardo describe la angustia de una chica muy humilde que ordeña vacas en una estancia, a causa de un embarazo tras una violación que es incapaz de denunciar, en su segunda historia se pone en la piel de este muchacho de mentalidad conservadora que escribe poemas y alberga profundos sentimientos patrióticos y religiosos, que rechaza a los inmigrantes y a los judíos, al que vemos protagonizar un acto vandálico contra una sinagoga.

"La relación que emprenden a trompicones podría ser el inicio del típico romance estival fermentado por las hormonas en plena ebullición. No es así"

La acción transcurre en un tiempo y lugar indeterminado, después de la Segunda Guerra Mundial, en una ciudad argentina bañada por un río, en medio del cual, en una preciosa isla, la abuela y tías solteronas de Alejandro poseen una mansión. Empieza el verano austral, pero él no tiene vacaciones. Se dedica a estudiar y a escribir versos en una pensión y de vez en cuando acude a la casa de sus parientes para refrescarse con un baño. Allí, en una fiesta de estudiantes, conoce a Irma, una chica polaca no especialmente atractiva pero agradable y buena conversadora que lleva unos pantalones azules que a él le parecen horrorosos. No duda en decírselo, pese a su buena educación. Los pantalones que dan título al libro son un emblema de la distancia que media entre sus respectivos mundos.

La relación que emprenden a trompicones podría ser el inicio del típico romance estival fermentado por las hormonas en plena ebullición. No es así. La historia que nos cuenta Gallardo es tormentosa y compleja, un relato en claroscuros que destila melancolía, una apagada tristeza. Tiene más abrojos y espinas que sedosos pétalos. Como dice Irma, «eso del amor es un asunto raro. A veces pienso que si no oyéramos hablar de él desde que nacemos, las cosas serían más fáciles».

Alejandro se debate entre la atracción que Irma le inspira por su juvenil y despreocupada sensualidad y un desprecio reprimido hacia ella a causa de su humilde origen. La compara con su rica, estilizada y virginal novia, que pasa el verano en la estancia familiar, entre sirvientes, caballos y rehalas de perros de caza. Irma estudia arte, trabaja en una farmacia y vive con sus tíos en una buhardilla iluminada por los neones de un anuncio. «Una gordita imbécil», la describe despectivamente a su amigo Carlitos, que la considera una buena chica y acaba siendo su confidente.

"Gallardo se sirve de los encuentros y desencuentros de esta pareja para profundizar en los contrastes entre el mundo urbano y rural, las ociosas clases altas y los apuros de los inmigrantes"

Gallardo se sirve de los encuentros y desencuentros de esta  pareja para profundizar en los contrastes entre el mundo urbano y rural, las ociosas clases altas y los apuros de los inmigrantes, como el grupo de paraguayos que esperan volver algún día a su país endulzando la espera con música: «Los paraguayos cantaban con una dulzura y una melancolía que hacía en Alejandro el efecto de una bebida que se derramara desde los árboles de la selva al suelo morbosamente fértil de Paraguay».

Cuando Irma se derrumba al descubrir una tragedia familiar, Alejandro intenta ayudarla, pero lo hace de una manera tan torpe que ella lo rechaza. Decide dar un nuevo rumbo a su vida y emprende un largo viaje hacia Oriente, el lugar de sus ancestros maternos. Aunque Alejandro intenta despedirse de ella, al final no se atreve, y regresa a su rutina de libros y poemas, abocado a una vida gris y previsible, instalado en una cómoda mediocridad burguesa. Es un personaje ambivalente, al que se detesta por su arrogancia pero que también inspira cierta piedad por su inseguridad y estrechez de miras. Por su justificado temor a ser cobarde. El diminutivo Alejo se ajusta al distanciamiento que mantiene con sus semejantes, incluso con sus más allegados. La sutil introspección se alía con bellas descripciones del entorno, la naturaleza y la isla fluvial. «También era agradable entrar, todavía deslumbrado, en la casa sombría de suelo reluciente, donde el resplandor de la mañana era como una vibración excluida a duras penas por las persianas entornadas. Allí los floreros tenían algo de misterioso, manchones perfumados en la penumbra que luego, a la tarde, al abrirse las ventanas parecían corresponderse con los macizos de afuera sobre los que al rato comenzaría a caer la lluvia pulverizada de los molinetes».

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Sara Gallardo, escritora argentina

Descendiente de célebres científicos y políticos, Sara Gallardo Draco Mitre (1931-1988) era nieta del naturalista y ministro argentino Ángel Gallardo, bisnieta de Miguel Cané y tataranieta de Bartolomé Mitre. La biblioteca familiar alimentó su pasión por la literatura, que combinaba con el periodismo y los viajes. Se casó dos veces, tuvo cuatro hijos y falleció con solo 57 años, a causa de un ataque de asma, enfermedad que sufría desde niña. Debido a su estilo personal, al margen de los cánones y modas de la época, sus novelas no tuvieron mucho eco, pero ya en nuestro siglo fueron revalorizadas por escritores como Griselda Gambaro o Ricardo Piglia. La más conocida, Los galgos, los galgos…, es un retrato sagaz de la decadencia de ciertos terratenientes. También escribió literatura para niños, un libro de relatos, El país del humo, y fue colaboradora del diario La Nación y las revistas Primera Plana y Confirmado, entre otras. En 1971, Eisejuaz la confirmó como una voz sin parangón, lo que también significó su marginalidad relativa en los relatos canónicos posteriores de la literatura argentina, circunstancia que se ha ido revirtiendo en la última década y media gracias a la reedición de gran parte de su obra. A fines de los años setenta comenzó a trabajar como corresponsal en Europa, y más tarde residió un tiempo en Barcelona, donde escribió una colección de relatos La rosa en el viento. «Los que nacimos en el mundo que ella tempranamente vislumbró sentimos que somos hermanos de los personajes de sus ficciones, que sus búsquedas son las nuestras y su lenguaje y sus metáforas un don inesperado, irreemplazable», dice Leopoldo Brizuela.

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Autor: Sara Gallardo. Título: Pantalones azules. Editorial: Fiordo. Venta: Todostuslibros.

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