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Reina Kāmohoaliʻi

Reina Kāmohoaliʻi

Sólo se puede proteger aquello que se ama
Jacques Cousteau

Ocean Ramsey sólo podía haber tenido un nombre de mar. Nació para lo que hace, y es de esa clase de personas que dan un paso hacia lo desconocido, en el límite de la lógica y el vértigo de la arista. Así nacen nuevas perspectivas en nuestro hermoso planeta. Así es como éste comparte algunos de sus secretos con nosotros, sus habitantes. La obra maestra de Spielberg, que justamente celebra este año su 50º aniversario, creó, sin pretenderlo, una corriente de rechazo y terror hacia el imponente rey de los mares. En la cultura hawaiana se le conoce con el nombre de Kāmohoali’i, un dios que guiaba a los náufragos para ponerlos a salvo. Cuentan en esa tierra que tuvo una amante humana, Nanaue. No sé si Ocean Ramsey procederá de la estirpe que descendió de la mitológica unión, pero lo cierto es que ella parece pertenecer a ese mundo acuático, donde ha pasado la mayor parte de su vida. Ahí está su verdadero hogar, junto a su Ohana de manōs. Su familia de tiburones.

“No estoy loca, sé perfectamente de qué son capaces, pero resulta que los tiburones son mi llamada. Algún día moriré, de alguna manera, y si es por la mordedura de un tiburón, habrá sido culpa mía y una elección que tomé al decidir vivir y trabajar en su hábitat. No te arrepientas de las cosas que suceden cuando vives tu vida al máximo o con un buen propósito”.

Sería el año 2013 cuando vi por primera vez a un ser humano nadar tomando la aleta de un gran tiburón blanco. El imponente escualo se movía con elegancia, en perfecta armonía con la buceadora, deslizándose hacia la profundidad en una prolongada apnea. La secuencia dio la vuelta al mundo, y ese fue el momento en que la atónita audiencia empezó a fijarse en Ocean Ramsey, que ya llevaba más de una década estudiando el comportamiento con tiburones en su Hawái natal, especialmente la especie más temida en aquellos mares, el tiburón tigre. Hasta entonces, nadie jamás había hecho algo semejante.

Manteniendo un estado de calma absoluta, Ocean posee la elegancia de los depredadores con los que danza. Su interacción con ellos es una coreografía del silencio, una comunicación de sutiles movimientos. Desde hace dos décadas Ocean ha estudiado los patrones de comportamiento en más de una treintena de especies de tiburón de todo el mundo, y ha catalogado cientos de ejemplares, con algunos de los cuales ha mantenido reencuentros a lo largo de estos años. Como una Nereida, es capaz de permanecer varios minutos bajo el mar, superando los límites físicos para poder estar más tiempo con ellos.

"En el año 2019 consiguió que se aprobara, tras varios años de lucha, la primera ley que prohíbe la pesca de cualquier especie de tiburón en todo Hawái"

Ocean siempre dice que la gente mira primero y opina después. Es cierto. Ella misma decidió aprovechar su apariencia física para que se fijaran en lo que hacía. La estética y plasticidad que capta a través de la cámara su compañero en este largo viaje, Juan Oliphant, resulta tan seductor como impactante. Es la atracción que ejerce la unión del poder con la delicadeza. La niña tímida, que prefería interactuar con la naturaleza antes que socializar con sus congéneres, empezó a salir en todos los medios para hacer pública su causa en defensa de los tiburones y tiene millones de seguidores en las redes sociales. Aunque una parte de la ciencia sigue reacia a aceptar sus métodos, lo cierto es que ella ha hecho más por el conocimiento y protección de los tiburones que muchos de los que la critican. En el año 2019 consiguió que se aprobara, tras varios años de lucha, la primera ley que prohíbe la pesca de cualquier especie de tiburón en todo Hawái. Ha extendido su propósito en múltiples lugares de Estados Unidos, y ahora en Europa, donde su objetivo final es crear concienciación para eliminar la depravada, absurda y terrible práctica del finning, que consiste en cortar la aleta dorsal de un tiburón, para hacer un tipo de sopa muy demandada en Asia, y arrojarlo vivo al mar, donde muere asfixiado.

“Ella es como un animal salvaje precioso que intenta encajar entre los humanos”. (Juan Oliphant)

Temidos, asediados, venerados, habitan lugares que no están marcados en ningún mapa. Aristóteles, en Historia animalium, los bautizó con el nombre de Selache, y más tarde, Plinio el Viejo se refirió a ellos como “perros de mar” en su Naturalis historia. Llevan tanto tiempo en los océanos que tienen la historia del mundo grabada en su piel. No hay muchas otras especies que hayan sobrevivido a las cinco extinciones masivas acontecidas desde el Ordovícico. Con sus 400 millones de años de existencia, son los dinosaurios del mar, y nosotros somos su única amenaza. Lo que Ocean Ramsey hace deriva en una mayor comprensión. Sin sabernos parte de la naturaleza, de su equilibrio, o su caos, no somos nada. Estamos solos.

El documental Shark Whisperer (2025) dedicado a esta conservacionista marina, doctorada en etología, es una magnífica oportunidad para conocer la historia de Ocean Ramsey, así como sus dos espléndidos libros, What You Should Know About Sharks (2019) y My Shark Teachers (2022). Hoy los zendianos tienen también la ocasión de conocer a esta excepcional y valiente mujer, que entiende como pocos la necesaria simbiosis entre humanos y ecosistema.

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—Ocean, tienes una larga historia de amor con los tiburones. ¿Cómo comenzó? ¿Cómo te sientes en su presencia?

"Mientras buceaba, un tiburón nadó por el fondo justo debajo de mí y sentí como si el tiempo se hubiera detenido"

—Mi relación con los tiburones comenzó en la infancia. Mi padre, un ávido buceador, y mi madre, una nadadora, llenaban nuestra casa con recuerdos de sus inmersiones y su tiempo en el océano. Mientras buceaba, un tiburón nadó por el fondo justo debajo de mí y sentí como si el tiempo se hubiera detenido. Me quedé hipnotizada con los detalles, el movimiento, la gracia, la belleza, y sentí una presencia única. No sabía mucho sobre ellos, pero sentí tanta curiosidad que lo seguí lentamente durante un corto trayecto mientras continuaba con elegancia su camino, sin mostrar ningún interés por mí. A medida que fui creciendo tuve más interacciones, y las conversaciones sobre tiburones parecieron volverse cada vez más comunes hasta convertirse en un tema cotidiano. Por lo general, se me acercaban personas que expresaban su miedo a los tiburones, ya fuera por casualidad o por las actividades marítimas que yo practicaba, como el surf, la natación, el snorkel, el buceo, el kayak, los paseos en barco, etcétera, e incluso en situaciones aparentemente no relacionadas el tema parecía surgir. Al principio solo compartía mis experiencias personales, que casi siempre contradecían la imagen de los tiburones inspirada en Hollywood, que la mayoría de la gente creía que reflejaba su comportamiento. Empecé a defenderlos con más pasión cuando supe que los mataban por sus aletas. Cuando lo oí por primera vez, pensé que era una broma… «Es imposible que alguien mate a un tiburón solo por su aleta. Es una estupidez, por no decir un desperdicio increíble, no tiene ningún sentido». Y las estadísticas sobre cuántos tiburones y con qué frecuencia se mataban (más de cien mil cada año)… Seguro que eso no era cierto, seguro que era una broma de mal gusto… Estuve incrédula durante un tiempo. Al final descubrí que el dato era cierto. Finalmente viajé a China para ver lo extendido que estaba, cómo las tiendas de todas las calles estaban llenas de bolsas de aletas obtenidas al matar a tantas de mis especies favoritas. Sabemos que los tiburones son importantes para los ecosistemas marinos, sabemos que se reproducen lentamente. Sigo sin entender por qué se sigue practicando el aleteo, pero sé que seguiré intentando ayudar a la gente a ver la verdad, a tomar conciencia, y espero inspirar un cambio importante. Me emocionó saber que la reciente película Shark Whisperer, de Netflix, dedicada a mi labor, se situó entre las diez más vistas en Hong Kong, uno de los mayores puertos de aletas de tiburón, y el más cercano al que se podría estrenar la película en China continental, de donde proviene la mayor parte de la demanda de aletas de tiburón. Países de todo el mundo matan tiburones por sus aletas para enviarlas a China… Esto tiene que cambiar.

—¿Cómo fueron tus primeros encuentros con tiburones?

—Mis primeros encuentros fueron maravillosos. Ya era una «niña del agua», me movía con fluidez y fuerza, imitando los movimientos de otras especies poderosas, como las focas y los delfines. Estaba llena de energía, pero mis movimientos eran decididos y sentía una gran curiosidad. Observaba su comportamiento y cada uno de mis movimientos, cómo reaccionaban ellos, si es que lo hacían, y cómo podía reaccionar yo. Los tiburones me mostraron mucha paciencia mientras aprendía, y me di cuenta de lo increíble que era eso. Una vez que fui más consciente de su comportamiento, adapté el mío rápida y constantemente, y me di cuenta de lo mucho que no quería poner a prueba su paciencia, lo agradecida que estoy por lo indulgentes que pueden ser con los humanos. Aprendí desde el principio que la quietud, la respiración controlada y sobre todo la conciencia constante de la situación son actitudes esenciales.

—Ver cómo tú y Juan Oliphant interactuáis con estos animales es fascinante. ¿Cómo aprendisteis a moveros como ellos?

"No intento moverme exactamente como ellos, no quiero provocar una pelea"

—Observando. Miles de horas de observación silenciosa y adaptación constante. Hubo y sigue habiendo momentos en los que experimentamos para aprender cómo podemos movernos mejor a su alrededor en diferentes situaciones, dinámicas y condiciones, para coexistir de la forma más segura y respetuosa posible. No «controlamos» a los tiburones, «escuchamos» su lenguaje corporal y nos adaptamos. Los tiburones se comunican a través del lenguaje corporal, la posición, el enfoque, la trayectoria, la postura y mucho más. Son el epítome de la gracia fluida, el poder y el equilibrio con su entorno. Me esfuerzo por ser más como ellos cada día, en cada inmersión, y no de una manera delirante. No tengo su piel, sus dientes, su composición corporal ni su forma, y respiro aire. No intento moverme exactamente como ellos, no quiero provocar una pelea, pero sí quiero moverme con claridad, gracia, poder y de una manera que les haga sentirse lo suficientemente cómodos como para continuar con su comportamiento natural y sus interacciones entre ellos, ignorándome en su mayor parte. Aunque aprecio esos momentos en los que deciden interactuar.

—¿Es posible redirigir el movimiento de los tiburones blancos y los tiburones toro?

—Sí, si los ves venir. Los tiburones blancos son cazadores que acechan, por lo que si se mueven rápidamente tendrás que reaccionar con rapidez. Lo más probable es que no los redirijas, sino que aproveches su impulso para apartarte de su camino. Sin embargo, lo que he hecho más a menudo es disuadirlos. Desviarlos implica interactuar físicamente con ellos, mientras que disuadirlos consiste en desanimarles para que no se acerquen al punto de contacto. Lo he conseguido nadando hacia ellos cuando se acercan en línea recta, igualando su velocidad para interceptarles, solo cuando bloquean su camino si se dirigen hacia mí o hacia algún buceador del que soy responsable. Es fundamental igualar su energía y «bailar», mostrarles con la posición de mi cuerpo que los veo y que no voy a retroceder, que no soy una presa, que yo también siento curiosidad por ellos. Esto parece inspirarles cautela. Respecto a los tiburones toro, nunca se debe perseguirlos. Hay que mirarlos y enfrentarse a ellos moviéndote lentamente a su alrededor, pero hay que tener en cuenta que pueden ser territoriales y curiosos y que no tienen muy buena vista, así que se debe mantener el silencio a su alrededor y tus extremidades cerca, ya que, al tener mala vista, podrían confundirlas con un pez pequeño. Extiende una mano para desviarlos con firmeza en el último momento, apuntando a la parte superior de la cabeza, no al borde del hocico, ya que pueden levantarse al sentir el contacto o incluso justo ante activar sus ampollas de Lorenzini, al percibir tu mano extendida (carne con pulso, similar a una presa potencial). Puede que dé a entender que la redirección parece fácil, y sin duda comparto las técnicas porque quiero que la gente sepa cómo hacerlo si se encuentra en una situación de emergencia (en lugar de entrar en pánico, nadar lejos o no mirar a su alrededor, o redirigirlos, lo que puede provocar una mordedura), pero quiero dejar claro en este artículo y en general que NO estoy tratando de animar a la gente a saltar al agua y «probar» esto. No hay que «probarlo», no es un videojuego, hay muchas formas de practicar si se quiere aprender a hacerlo de forma eficaz, entre ellas leer mi libro y hacer mi curso por internet, así como perfeccionar las habilidades de buceo libre, snorkel y movimientos en el agua antes de entrenar con mi equipo o conmigo en el agua para hacerlo. Por lo general solo entreno a buceadores por seguridad, profesionales, científicos que trabajan específicamente con tiburones o personas en zonas de alto riesgo que no tienen otras opciones. Es un entrenamiento intensivo y no un «curso» corto.

—¿Cuál de las especies «peligrosas» es la más impredecible?

"Incluso estar en aguas claras con cualquier especie depredadora grande puede ser peligroso si no te adaptas. Dependerá de tus habilidades"

—Personalmente, creo que los seres humanos son la especie más peligrosa y difícil de interpretar. Pueden ser emocionalmente inestables y, de repente, perder los estribos y tomar decisiones erróneas que causan daño a sí mismos y a los demás. Interactuar con tiburones siempre es un riesgo, pero hay situaciones especialmente peligrosas, como nadar en aguas turbias donde hay o se han vertido recientemente peces muertos, ganado u otros animales. Incluso estar en aguas claras con cualquier especie depredadora grande puede ser peligroso si no te adaptas. Dependerá de tus habilidades. Pero sé que la respuesta que quieres es más bien que diga que los tiburones mako son una de las especies más difíciles de interpretar porque tienden a moverse de forma errática, suelen ser más rápidos en general y hallarse en aguas turbias y con poca visibilidad, lo que puede ocasionar situaciones comprometidas si no tienes la suficiente pericia bajo el agua. Creo que a mucha gente también le cuesta interpretar a los tiburones oceánicos de puntas blancas porque son muy flexibles y tienden a «seguir» el cuerpo de las personas, y no creo que la mayoría de la gente lo sepa o lo espere.

—Cuéntanos algo sobre Kalihi y cómo evolucionó esa relación.

—A Kalihi la conozco o la reconozco desde que era joven. Siempre ha sido un poco más curiosa que el resto de tiburones, con una personalidad, disposición, comportamiento y temperamento más atrevidos y seguros, y menos cautelosa en comparación con los demás. Me ha enseñado mucho. Disfruté de nuestras interacciones y, al igual que con todos los demás tiburones, siento un profundo respeto por ella, pero a otro nivel. Me preocupa que al no ser tan cautelosa pueda resultar herida por un pescador. No creo que le interesen mucho los humanos, pero como pasamos mucho tiempo en el agua y buceamos, eso puede despertar la curiosidad de los tiburones cercanos, y ella no es de las que rehúyen investigar algo, ya sea un buceador que se mueve rápidamente y salpica por alguna razón, la brillante escalera de buceo, las hélices plateadas del motor, la cámara con flashes o las boyas del ancla. Si buceábamos con botella, la mayoría de los tiburones nos dejaban espacio debido a las burbujas, pero ella, desde muy joven, se acercaba. Normalmente era un solo intento, pero algunos días necesitaba un par de redireccionamientos antes de que su curiosidad quedara satisfecha, y luego, con el tiempo, la necesidad de redirigirla se hizo menos frecuente, ella «nos superó». El mismo empujón al acercarse se volvió aburrido, pero si todos los buceadores tenían una nueva carcasa brillante para la cámara, ella se acercaba, pues parecía ser una fanática de las cámaras y los aparatos electrónicos, y así seguía reaccionando a los movimientos rápidos acompañados de salpicaduras. He observado las etapas de la vida de los tiburones tigre: a medida que maduran tienden a volverse más cautelosos (la mayoría), y creo que en los últimos dos años ella realmente se ha calmado mucho. Por lo general, se está más seguro cerca de los tiburones más viejos.

—¿Kalihi te reconoce?

—Creo que los tiburones reconocen a las personas por su comportamiento, su presencia y tal vez incluso por la energía o la emisión bioeléctrica que emite todo organismo vivo. Los tiburones son únicos en el sentido de que tienen este sistema sensorial especial. Kalihi quizás incluso pueda olerme, pues el olfato de los tiburones es mucho más sensible que el de los perros. Mi teoría es que pueden olerse entre sí o, al menos, percibir la presencia de otras especies, lo que explicaría por qué veo cambios de comportamiento evidentes en los tiburones grises y los tiburones de las Galápagos antes de ver a un tiburón tigre.

—Háblanos de Nikki y Roxy.

"Tenerla cerca nos mantiene más seguros cuando surfeamos, porque no le interesan mucho los humanos"

—Cada tiburón es un individuo. Nikki es notablemente más tranquila, poderosa e interactiva, pero suele ser más calmada y gentil a pesar de su enorme tamaño (aunque no siempre es así). Es la «reina de la región» y creo que su comportamiento tranquilo y su enorme tamaño mantienen a raya a los tiburones más jóvenes y agresivos. Creo que tenerla cerca nos mantiene más seguros cuando surfeamos, porque no le interesan mucho los humanos y, además, es más grande, por lo que ocupa un área más amplia. Lleva mucho tiempo por aquí y rara vez se producen ataques, a pesar de la cantidad de tiburones que vemos a menos de 3 millas por donde surfeamos, y creo que puede ser porque patrulla estas zonas manteniendo alejados a los tiburones más pequeños y menos cautelosos. Roxy es única. Ha sufrido mucho. A veces he visto la desesperación en su comportamiento, embistiendo a otros tiburones, empujándonos, acercándose a nosotros en busca de ayuda, como si estuviera desesperada, y a veces es porque se ha enredado de nuevo debido a una etiqueta satelital terriblemente invasiva que alguien le perforó en el dorso, lo que habría requerido que la engancharan y la dejaran forcejeando con un anzuelo enorme, atravesándole la mandíbula contra una cuerda atada a un bote hasta que pudieran atarle también la cola y perforarla… A algunos tiburones se les rompen las mandíbulas cuando los capturan. No sé si se le rompió la mandíbula mientras la sometían a este horrible procedimiento cruento, pero no apoyo ese tipo de marcado en las islas Hawái, no es necesario. Tenemos una protección total para los tiburones, pero no gracias a la persona que le perforó la aleta dorsal. Ese tiburón parece tener un vínculo especial con Juan, tal vez se unieron por el dolor compartido. Él simpatiza con ella, ya que le pusieron tornillos en la columna después de romperse siete vértebras, pero nada se compara con su mandíbula rota. Vimos cómo luchaba por alimentarse incluso de peces muertos que flotaban en el puerto, desechados por los pescadores, y no tenía ninguna oportunidad si había otros tiburones alrededor, por lo que a menudo nadaba hacia nosotros con redes y sedales, dándonos cuenta de que probablemente intentaba encontrar un animal ya muerto del que pudiera alimentarse sin prisas ni competidores. No la hemos visto desde hace un par de años y eso me parte el corazón, pero sigo teniendo la esperanza de que Roxy esté nadando en alguna migración. No es raro que las hembras más viejas desaparezcan durante entre uno y tres años.

—¿Qué encontrarán las personas en One Ocean Diving?

—Educación, respeto y responsabilidad. Es esta una experiencia que está diseñada para todos. Es perfecta para personas que tienen miedo a los tiburones y quieren aprender a superar su temor, sustituyéndolo por conocimientos prácticos e información útil, y para aquellos que ya aman a los tiburones y quieran aprender más, pasando tiempo con ellos de manera respetuosa bajo la guía de un especialista ampliamente capacitado. Me encanta cuando la gente trae a amigos y familiares que no se lo esperan. A veces son ellos los que más lo disfrutan. Más allá de las inmersiones educativas guiadas, ofrecemos presentaciones gratuitas para escolares y universitarios, eventos públicos, medios educativos, promoción de políticas, documentación de investigaciones y otras iniciativas de conservación, como limpiezas de arrecifes y playas, diseños benéficos y mucho más, todo ello con el objetivo de fomentar la comprensión, la gestión responsable y la protección a largo plazo de los tiburones y sus hábitats.

—¿Por qué se producen incidentes con tiburones?

—La mayoría de los incidentes se deben a errores, normalmente debido a mala visibilidad, pero también por cambios en las condiciones ambientales. Las mordeduras también pueden producirse porque un tiburón está al borde de la inanición, y cualquier animal (incluido el ser humano) es susceptible de romper su dieta habitual si está hambriento. Ahora, con la masiva captura de peces oceánicos, debido al aumento de la demanda por el crecimiento de la población humana, es más difícil para los animales marinos (incluidos los tiburones) encontrar alimento en muchas zonas pobladas o desarrolladas. A veces también son territoriales. La prevención depende de comprender el comportamiento de los tiburones, evitar las condiciones de alto riesgo y respetar su espacio. La educación es la mejor protección: protege tanto a las personas como a los tiburones.

—¿Has aceptado los riesgos?

"Quiero aprender y explorar, por lo que a veces me quedo cuando las cosas se ponen muy intensas. Depende de la situación"

—Sí. Si ocurre un accidente y resulto herida o muero por un ataque de un tiburón, será por culpa mía (o de algún humano que esté a mi alrededor), pero es mi decisión estar en el agua y confío en mis capacidades. Es mi decisión, y estoy preparada para aceptar las consecuencias, que pueden incluir la muerte o la mutilación. Aun así, elijo entrar, a veces también elijo no entrar, o salir, y creo que es importante que la gente sepa que no fuerzo las cosas. Quiero aprender y explorar, por lo que a veces me quedo cuando las cosas se ponen muy intensas. Depende de la situación. Sigo pensando que es más probable que muera en un accidente de tráfico o de alguna otra forma.

—¿Qué es lo que no puedes explicar?

—Muchas cosas. La «comunicación» tácita, la conexión y cómo a veces parece que los tiburones pueden leer mi mente. No todo lo que se puede medir es significativo, y no todo lo que es significativo se puede medir. Los tiburones actúan mediante mecanismos que la ciencia aún no comprende del todo, y eso está bien, aunque todos los que están demasiado institucionalizados o carecen de «conexión con la naturaleza» aún no puedan entenderlo.

—¿Qué lección fue la más importante?

—Controlarme y mantener la plena conciencia. No se puede controlar a los tiburones ni al océano, solo puedo estar completamente consciente (mira mis vídeos y fíjate en lo mucho que miro a mi alrededor) y adaptarme constantemente para mantener el respeto. Con los tiburones, el respeto no se da, se gana, y se pone a prueba y se cuestiona constantemente, por lo que es una danza invariable de adaptación. Controlo mis pensamientos, mis movimientos, anulo las emociones con acciones lógicas (intentar salvar a tiburones enredados a veces me lleva a traspasar mis límites de seguridad), pero tengo un alto nivel de responsabilidad personal por mi posición y me exijo más de lo que espero de los demás. Creo que son los tiburones los que me han ayudado a mejorarme y convertirme en una mujer más fuerte. Estoy agradecida por todo lo que estos animales me han enseñado, así como a mis padres, antepasados y cualquier otro aspecto innato que me haya llevado de forma natural a tomarme tan en serio mi trabajo y el cuidado de ellos y de los demás que están a mi cargo.

—«Sé el maravilloso tiburón que naciste para ser» es una frase de tu libro My Shark Teachers. ¿Qué significa?

"Me encanta la gente buena, pero creo que he visto tanta crueldad que sigo sin poder entender del todo muchas cosas"

—Significa honrar tu naturaleza, tu vocación, en lugar de reprimirte o cambiar para adaptarte a lo que es popular (y probablemente históricamente erróneo, insostenible o aún no comprendido ni apreciado). La gente tiene miedo de destacar, a hacer algo que no sea «normal». A mí me da igual. Siento profundamente, con fuerza, veo claramente la diferencia entre lo correcto, lo incorrecto y lo que es natural, lo que está influeido por el ego, el miedo y la desconexión institucionalizados por Occidente. No crecí con las redes sociales ni con muchos medios de comunicación, no me influyeron para creer en otra cosa que no fuera lo que me enseñó la Naturaleza. Intento mantenerme conectada. Pese a que me siento muy cómoda impartiendo conferencias ante miles de personas o estando en cualquier entorno social pudiendo encontrar formas de relacionarme y conectar con cualquier persona de cualquier parte del mundo, sinceramente no soy una «persona sociable». Me encanta la gente buena, pero creo que he visto tanta crueldad que sigo sin poder entender del todo muchas cosas. Prefiero estar en la Naturaleza, como cuando crecí «en comunión» con todas las especies, y no detrás de una pantalla siete días a la semana. He elegido hacer lo que hago porque quiero cambiar las cosas. Me expongo «susurrando a los humanos», y a veces gritándoles para beneficiar a las otras especies de este planeta. Lo hago para devolverles algo, para proteger a aquellos con los que crecí, a los que conocí y a los que aún espero conocer.

—¿Ser mujer ha hecho que esto sea más difícil?

—Sí. Sin duda, sigue habiendo un doble rasero. Crecí con varios hermanos, mayores y menores, me siento cómoda siendo la única mujer y siempre encuentro la manera de «darles una lección a los chicos», pero eso incomoda a algunas personas inseguras y de mentalidad anticuada. La gente tiene una idea preconcebida generacional de cómo debe actuar una mujer, qué debe vestir y cómo debe seguir su trayectoria profesional. Muchos hombres publican cosas similares a lo que yo «hago» con mucho menos significado, educación, contexto o propósito, y son elogiados o ignorados. La gente primero mira y luego escucha, y a las mujeres se las suele «mirar» más y se las examina con lupa. No sé muy bien por qué la gente se siente tan libre de criticar a las mujeres tan abiertamente, pero si nos fijamos en la historia, en el «papel de la mujer» en la sociedad a lo largo del tiempo, en su propiedad, en el control y en sus derechos, creo que simplemente hace que algunas personas se sientan inseguras, amenazadas. Les provoca miedo y, lo más triste de todo, he tenido personas que me juzgaron solo por mi apariencia y que más tarde admitieron que tenían muchas ideas «estereotipadas» sobre cómo era, e incluso reconocieron estar descaradamente celosas de mí porque pensaban que mi vida era «muy fácil» y que todo me «había sido dado», antes de descubrir lo duro y firme que había trabajado desde muy joven y por todo lo que había pasado. Intento ayudar a otras mujeres y he contratado a más mujeres que hombres a lo largo de mi carrera, porque durante mucho tiempo fui la única mujer en mi campo. Más tarde conocí a las doctoras Jane Goodall y Sylvia Earle, que habrían sido modelos a seguir y ahora lo son para mí, junto con otras mujeres de negocios que están teniendo un impacto positivo y desafiando el statu quo. Lo más triste, sinceramente, es la inseguridad que he visto en algunas mujeres, que no apoyan a otras mujeres porque imaginan una competencia que no existe o que no tiene por qué existir cuando se persiguen los mismos objetivos. Creo que la sociedad también anima a las mujeres a pensar que no solo tienen que competir con los hombres, sino también con otras mujeres. Puede que eso sea cierto en algunos sectores, pero no creo que lo sea en la conservación, la educación o la ciencia. Creo que también puede deberse a si la persona tiene una mentalidad de «abundancia» o de «escasez». Hay tantas oportunidades… Hay una gran cantidad de caminos. Creo que hay mucho para repartir, y eso elimina la idea de competencia. Creo que si perseguimos el mismo objetivo podemos llegar más rápido con la colaboración.

—¿Por qué hay resistencia por parte de algunos sectores de la comunidad científica?

"Solo espero no inspirar erróneamente a más personas a dedicarse a la biología marina y que luego terminen bajo el ala de un asesor de la vieja escuela"

—Los artículos publicados son la moneda de cambio en el sistema universitario. Yo no estoy sujeta a sus restricciones, no compito por becas, no intento conseguir un ascenso y no tengo ego. Presumir de cuántas credenciales, títulos o artículos publicados no me supone ningún «impulso», sino que me parece más bien un «trozo de papel» que a la gente le gusta mencionar para sentirse más importante, pero para mí mi única medida es lo que he hecho que ha supuesto un cambio real. La mayoría de la gente no lee artículos de investigación, la mayoría de los artículos de investigación no se «ponen en práctica». Muchos son inútiles, y para mí eso es una pérdida de tiempo, lo que es una pérdida de vida. Solo tengo una vida, no voy a dejar que me intimiden, me presionen o me obliguen a seguir el camino «tradicional». Estoy adoptando las redes sociales y provocando cambios. A través de las redes sociales he podido conectar con personas de todo el mundo, llegando a millones de personas que se han educado e inspirado para ayudar a que se aprueben leyes para proteger a los tiburones y mucho más. Creo que ese tipo de «influencia», que podría haberse ejercido de otra manera y haber llegado más lentamente, puede hacer que algunas personas muy institucionalizadas, programadas y de pensamiento rígido se sientan amenazadas. No digo que nunca vaya a trabajar en más artículos, pero me gusta compartir datos, tendencias, observaciones y desempeñar un papel más activo en la conservación e involucrar al público. Tradicionalmente, la mayoría de los científicos evitaban hablar con los medios de comunicación convencionales porque sé (a mí también me ha pasado) que das una gran entrevista y la recortan para que parezca que estás diciendo algo que no es lo que intentabas decir. Algunos medios de comunicación han publicado descaradamente «citas» de cosas que yo no he dicho, así que entiendo por qué a la mayoría de los científicos de más edad no les gustan los medios de comunicación, pero con las redes sociales cada vez son más los que se están sumando y lo que hemos visto es que la ciencia «refuta» o «descubre» todo tipo de creencias anteriormente aceptadas constantemente. Solo espero no inspirar erróneamente a más personas a dedicarse a la biología marina y que luego terminen bajo el ala de un asesor de la vieja escuela y de mente cerrada que trata a los animales, por ejemplo los tiburones, como «sujetos de prueba desechables». Espero que se adopte la inteligencia artificial, que se comparta y combine más información y conocimientos indígenas y comunes, y que los programas de grado cambien para ser más accesibles y ayudar a personas de todo el mundo a APRENDER con una MENTE ABIERTA… con un PROPÓSITO que AYUDE. Perdón por las mayúsculas. Podría decir más, pero no lo haré.

—¿Estamos a tiempo de salvar a los tiburones?

—Sí, pero solo si actuamos ahora. Las políticas, la educación y los cambios culturales son importantes. Los tiburones no son prescindibles, muchas especies dependen de su supervivencia. Mantener el equilibrio ecológico es esencial, no opcional. ¡Hagámoslo! Por favor, participa (en mi sitio web encontrarás diez formas de ayudar a los tiburones).

—¿Cómo percibe la vida un tiburón?

—De manera eficiente y tal como es. Con el equilibrio perfecto entre curiosidad y cautela en su mayor parte. Sin desperdicio, sin drama. Perfectamente equilibrado.

—¿Hubo un punto de no retorno?

—Sí, cuando los individuos se hicieron reconocibles y vi su sufrimiento, eso me impactó mucho, junto con ver el odio ciego e inmerecido de tantos seres humanos. Hablar en nombre de aquellos que no tienen voz humana, de la Naturaleza de la que depende toda la vida, devolver lo que se nos ha dado en beneficio de los demás. Ese es un propósito profundo por el que vale la pena vivir, al que vale la pena dedicar energía, y espero que más personas se sumen a la causa a su manera. 

—¿Cómo les dejas claras tus intenciones a los tiburones?

"Estoy constantemente leyendo sus movimientos y ajustando los míos en tiempo real. Si un tiburón parece nervioso, le doy más espacio"

—Cuando pienso en mis intenciones en el agua, especialmente cuando estoy ayudando a un tiburón o cualquier animal marino que se ha enredado, repaso mentalmente todo el proceso. Lo visualizo casi como si estuviera viendo una película: me veo nadando tranquilamente, acercándome con calma, levantando suavemente el sedal de su cuerpo y cortándolo para liberarlo. Mi intención es ayudar, no hacer daño, y mi cuerpo lo refleja de forma natural. Mis músculos permanecen relajados, mis movimientos son suaves y mi actitud general transmite serenidad y cuidado. Los tiburones son increíblemente perceptivos y la comunicación es bidireccional, por lo que se convierte en una especie de baile. Estoy constantemente leyendo sus movimientos y ajustando los míos en tiempo real. Si un tiburón parece nervioso, le doy más espacio. Si está tranquilo, puedo acercarme un poco más. Todo se basa en la delicadeza, en conciencia y en respeto. Puede ser útil compararlo con una situación humana; imagina por un momento que tienes la intención de hacer daño a alguien: estarías tenso, tus hombros se contraerían, tu expresión facial se endurecería y tu postura cambiaría. Ahora imagina que tu intención es ayudar a alguien: tu cuerpo se relaja, tu expresión facial se vuelve más abierta y tu tono es tranquilizador. Los tiburones y muchos otros animales interpretan nuestro lenguaje corporal de la misma manera. Si quieres dejar claras tus intenciones, debes ser consciente de tu propia energía, postura y movimientos, al tiempo que prestas mucha atención a los suyos. Ver la situación desde la perspectiva del animal es increíblemente útil. Cada especie, y cada individuo, tiene diferentes sistemas sensoriales y diferentes umbrales de comodidad. Por ejemplo, si estoy ayudando a una tortuga marina a quitarle un sedal, tengo mucho cuidado de no imitar los movimientos de un depredador. Todo se adapta al animal en cuestión y al momento específico. En general, siempre le digo a la gente: “Concéntrate en lo que quieres lograr y visualiza el camino hacia ese resultado. No te quedes estancado en una sola forma de hacerlo, adáptate sobre la marcha. Sé persistente ante los desafíos, pero también flexible y fuerte, como un tiburón. Simplemente sigue nadando. Y trabaja en alinear tu mente y tu cuerpo. Si tienes un perro o un caballo, puedes practicar esto con ellos. Presta atención a su mundo sensorial y a sus necesidades, sin dejar de ser consciente de las tuyas”. La comunicación intencionada, tranquila y respetuosa es universal entre las especies.

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Fotos del artículo: ©oneoceandiving.com ©juansharks

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