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Introducción al polar francés (y V)

(Viene del asiento del 27 de febrero)

4. El polar en su apogeo

Michel Poiccard (Jean-Paul Belmondo) regresa a París en un Oldsmobile robado en el que encuentra un revólver. Tras asesinar con el arma a un agente de policía que le da el alto en la carretera, ya en París, Poiccard va al encuentro de su chica, Patricia (Jean Seberg), una vendedora del New York Herald Tribune en los Campos Elíseos. Posteriormente, habiendo estado a punto de ser capturado por dos inspectores de policía cuando intenta cobrar una deuda, Poiccard vuelve a encontrarse con Patricia, esta vez en la habitación de ella…

El párrafo precedente, un somero apunte del argumento de Al final de la escapada (Jean-Luc Godard, 1960), también nos habla de la trama del polar que puso en marcha el cine moderno.

“La Nouvelle Vague era Godard”, defendería Macha Méril, protagonista de La mujer casada (Jean-Luc Godard, 1964), en un documental incluido en los extras de la edición en DVD de dicha cinta. No carecía de acierto: Godard fue el más representativo de aquel grupo de cineastas que, en efecto, puso en marcha el cine moderno. Y Al final de la escapada, su primer largometraje, la síntesis de sus rupturas —con la percepción de la continuidad, con la construcción tradicional de los caracteres dramáticos, con la dirección habitual de actores, con las fronteras que separan los distintos géneros…— no es solo un polar canónico, dentro del fatum —sino fatal— sentado por Duvivier, también incluye un homenaje al gran maestro del género: Jean-Pierre Melville. En efecto, el futuro realizador de Círculo Rojo (1970), en la ópera prima del gran Godard incorpora a Parvulesco, un escritor que da una rueda de prensa en la que participa Patricia.

La Nouvelle Vague tiene un notabilísimo interés en la novela negra. Truffaut, el más romántico de todos ellos —quien ya había adaptado a David Goodis en Tirad sobre el pianista (1960), su segundo largometraje— hace historias de amor con un clásico del hard boiled estadounidense. No es otro que Cornell Woolrich, a quien versiona en La novia vestía de negro (1968) y en La sirena del Misisipi (1969).

"En la imagen de la edición del Festival de Cannes de 1959 se nos muestra a los nuevos realizadores del cine galo que aquel año acudieron a la cita de la Costa Azul"

Aunque no suele asociársele a la Nouvelle Vague, y ciertamente no lo era, nuestro dilecto Édouard Molinaro sí que aparece en una célebre foto de grupo tenida por la foto oficial de la Nouvelle Vague en su año cero, célebre y casi tan celebrada como esa otra, tomada en Beverly Hills, en el otoño de 1972, en el domicilio de George Cukor, durante el agasajo que éste tributó a Buñuel, yendo a reunir allí a Billy Wilder, Alfred Hitchcock, Robert Mulligan, Rouben Mamoulian, William Wyler y alguno más.

En la imagen de la edición del Festival de Cannes de 1959 se nos muestra a los nuevos realizadores del cine galo que aquel año acudieron a la cita de la Costa Azul: Molinaro es el primero por la izquierda de la segunda fila. Aunque el lugar que merece en la historia le será negado por prodigarse en la comedia fácil —a menudo al servicio de Louis de Funès—, Molinaro cultivará el polar en títulos tan dignos de encomio como De espaldas a la pared (1958) o Des femmes disparaissent (1959). Antes de que acabe el año 59 tiene tiempo de rodar Sólo un testigo, uno de los títulos que contribuyen a la forja del prototipo de Lino Ventura. Ya en el 61 adapta a Simenon en La mort de Belle.

"La mujer infiel, en la que incluso incluye la figura del detective, y Al anochecer son otros dos buenos ejemplos del polar en Claude Chabrol"

Claude Chabrol sí que fue uno de los principales integrantes de la Nouvelle Vague, aunque también fue el menos rupturista de aquellos cineastas. Cultivará el polar con relativa frecuencia, aunque no lo hace, ni de lejos, en El carnicero (1970). Hay algo que nos dice que no faltarán lectores prestos a echar de menos en nuestro recuento de los grandes títulos del cine negro francés esta obra maestra indiscutible de Chabrol. Pero la historia de Popaul (Jean Yanne), el carnicero de Treómolot, se encuentra mucho más próxima a esos thrillers psicológicos de Hitchcock, a quien Chabrol, uno de los colegas que más le admiraron, dedicó un ensayo, hoy canónico, escrito en colaboración con Éric Rohmer: Hitchcock (avec Éric Rohmer et Dominique Rabourdin), éd. Universitaires, colección Classiques du cinéma, nº 6, 1957.

En puridad, Chabrol hace polar, y de primera categoría, en Accidente sin huella (1970). Basándose en La bestia debe morir (1945), la más adaptada de las novelas negras, que el poeta irlandés Cecil Day-Lewis publicó con el nom de plume de Nicholas Blake —hay una versión argentina, de 1952, dirigida por Román Viñoly Barreto, y una serie inglesa de 2021, creada por Gabby Chiappe y Dome Karukoski— el cineasta francés realiza un filme ejemplar. La mujer infiel (1969), en la que incluso incluye la figura del detective, y Al anochecer (1971) son otros dos buenos ejemplos del polar en Claude Chabrol, el más conservador de todos los integrantes de la Nouvelle Vague. Sin olvidar Inocentes con manos sucias (1975). Con algo de manga ancha, por aquello de que se trata de un adaptación de Simenon, también cabría añadir Los fantasmas del sombrero (1982).

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Juan
Juan
4 horas hace

¿Al final de la escapada? Espantoso apodo le pusieron a esa “A bout de souffle” que me conmocionó de adolescente. Le va mucho mejor “Sin aliento”, como se conoció en América Latina o el “Breathless” de Estados Unidos. Gracias por estos hermosos recuerdos, señor Memba.