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De Madrid a Valencia (Diario de un viaje de novela, III)

De Madrid a Valencia (Diario de un viaje de novela, III)

Foto de portada: En la Casa del Libro de Gran Vía de Madrid, Luis Zueco y su editora, Clara Rasero

Cuando empezó a dibujarse el perfil de Madrid en el horizonte, sentí que no solo viajamos hacia la siguiente presentación, sino hacia un latido antiguo, hacia las calles donde Goya soñó, luchó y desafió a su tiempo. Esta no era una parada más del tour, con ella entrábamos en el corazón mismo de la novela.

Nos esperaban dos días intensos: entrevistas en prensa, radio, revistas, periódicos y medios digitales; visitas a la editorial; preparación de contenidos… Ese vértigo previo que acompaña a cada lanzamiento.

Tuvimos además una comida de trabajo con mis editoras y mi agente. De esas en las que se habla de la novela, de los planes que vendrán, de lo que soñamos que ocurra… y también se celebra. Porque publicar de nuevo es un pequeño milagro.

La culminación llegó con la presentación en la Casa del Libro de Gran Vía, dirigida por Raúl Sagospe. La sala estaba llena de lectores y también de muchos compañeros escritores que tuvieron el gran detalle de acompañarme: Ana Lena Rivera, José María Zavala, Juan Tranche, Andrés Pascual, Alberto Caliani, Emma Lira, Sergio Vega y David Yagüe. Fue una de esas tardes que uno atesora para el recuerdo.

La Casa del Libro de Gran Vía está a pocos pasos de la calle del Desengaño, donde Francisco de Goya vivió y puso a la venta Los Caprichos. Muy cerca también está la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde se conservan las planchas de cobre que grabó y su obra gráfica, además de varias pinturas fundamentales.

Tampoco quedan lejanos el Museo Nacional del Prado, que en cierto modo es el gran museo de Goya; ni el Palacio de Buenavista, vinculado a la duquesa de Alba; ni tantos otros escenarios que atraviesan las páginas de El Juicio.

Presentar la novela allí, en el centro mismo de ese Madrid que aún respira la sombra y la luz de Goya, fue cerrar un círculo invisible: la ficción regresando a los lugares donde el maestro vivió.

Entre entrevista y entrevista, recorrimos el centro de Madrid con nuestra furgoneta. Más de un viandante se nos quedó mirando. Martina, mientras tanto, disfrutó de su propio tour particular jugando en el Retiro o paseando al anochecer por la calle de Alcalá acompañada de su madre. Cada ciudad tiene su ritmo; el de Madrid es eléctrico, como nuestro vehículo.

Al día siguiente pusimos rumbo a Valencia, pero antes hicimos una parada en un pueblo de Albacete, Granja de Iniesta. Allí nos encontramos con un punto de lectura maravilloso, donde los libros se dejan para que otros los recojan y continúen el viaje. No pudimos resistirnos: dejamos también uno de los míos. Cada libro debe buscar su propio camino.

Valencia nos recibió con otras dos jornadas intensas. Lo más emocionante fue la presentación en la librería Imperio de Mamen Monsoriu y Mauro Lahore. Estuve acompañado por el escritor Javier Alandes y arropado también por compañeros como Juan Francisco Ferrándiz o Alan Pitronello. El público fue increíble. Mucha gente había venido desde lejos y llevaba tiempo esperando antes incluso de que comenzara el acto. Ese calor no se olvida.

Conseguimos, además, aparcar la furgoneta justo delante de la librería. Para ello madrugué el día anterior y estuve vigilando durante casi una hora hasta que quedó libre el hueco perfecto. La dejé allí sin decir nada, como sorpresa. La cara de la librera al verla fue impagable.

Martina también tuvo su momento especial: pudo jugar y leer en la librería junto a Irene, la hija de Mamen y Mauro. Este zuecotour también está creando estos pequeños recuerdos familiares, y nunca olvidaremos la tarde de las dos pequeñas juntas intercambiándose cuentos y juegos.

El maestro viajó al menos dos veces a Valencia. El primero por motivos profesionales: la Real Academia de San Carlos nombró a Goya académico de mérito de la misma. Y el segundo para mejorar la salud de su mujer, y también para disfrutar de una de las aficiones más conocidas de Goya, la caza. A finales del siglo XVIII, la caza de patos en la Albufera estaba reservada a reyes, nobles y personalidades.

Yo de caza sé más bien nada, pero mi paisano Goya era un excelente tirador, y por su correspondencia de aquellos días sabemos que disfrutó cazando patos y comiendo arroz con rata y anguila. Es muy probable que, aprovechando esta estancia, llevara a la Catedral los dos cuadros que le había encargado la duquesa de Osuna sobre San Francisco de Borja. Una de las entrevistas la realicé delante de uno de esos cuadros, donde tres figuras oscuras anticipan ya algunas de las que luego Goya recreó en los Caprichos y que tan relevantes son en mi novela.

También visitamos el Museo de Bellas Artes San Pío V, donde hay una excelente colección de obras de Goya y, en especial, una edición de 1868 de los Caprichos, donada recientemente por el lingüista y catedrático de la Universidad de Valencia don Ángel López García-Molins. Esta fue heredada de su abuelo, que la adquirió a un anticuario de Múnich en los años treinta del pasado siglo y que cruzó oculta la Europa de la II Guerra Mundial. No me digan que aquí no hay mimbres para otra novela.

Al día siguiente compartimos almuerzo entre escritores como Rodrigo Costoya en una nueva librería, El Archivo de Clío, impulsada por Mireia Giménez, y desde allí partimos hacia Carlet, al sur de Valencia, para participar en sus primeras jornadas de novela histórica.

Tuve el honor de pronunciar el pregón inaugural. Es valiente y hermoso organizar unas primeras jornadas: es apostar por la cultura. Además, hacerlo fuera de las grandes ciudades es doblemente valioso. Nosotros queríamos estar ahí porque reivindicamos que la literatura llegue a todos los rincones de España. Después, presenté la novela en una entrevista dirigida por la escritora y periodista Sonia Valiente. Estoy seguro de que estas jornadas serán un éxito y que repetirán muchos años, y yo podré decir con orgullo que estuve en la primera edición, ¡todo un honor!

Con alegría —y también con un poco de pena— dejamos Valencia camino del norte. Con mi hija Martina disfrutando de la extensa banda sonora que nos acompaña: Travis Birds, Fito, Leiva y muchos otros que vamos a ir incorporando estos días. Es maravilloso observarla con solo cinco años, con la vista fija en el paisaje y escuchando la misma música que nos gusta a nosotros.

Las próximas paradas del zuecotour ya están marcadas en el mapa, cambiamos de mes y entramos en marzo. El día 2 en Bilbao, el 3 en Logroño, el 4 en Burgos y el 5 en Vitoria-Gasteiz.

Así pasamos de levante al norte, cruzando España con nuestra casa sobre ruedas, llevando historias de un lado a otro, recogiendo abrazos, conversaciones y lectores.

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