Arturo Loera es un poeta nacido en Chihuahua, México, en 1987. Es autor de los libros El poema vacío, Cámara de Gesell, La retórica del llanto, Ídolos, Un montón de piedras, Nada notable y Algunos sueños sobre el capitalismo. Parte de su trabajo se encuentra reunido en antologías como Fuego de dos fraguas: Poetas jóvenes de México y España (Exmolino: Taller Editorial / Centro Cultural España, 2016) y Parkour Pop: Ético, entre otras. Algunos poemas suyos han sido traducidos al inglés y al italiano. Ha sido becario de diversas instituciones en México, como el PECDA David Alfaro Siqueiros para creadores con trayectoria; la Fundación para las Letras Mexicanas y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Ha recibido algunas distinciones como el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2021 y el Premio Binacional de Poesía Pellicer Frost 2017, entre otros. Presentamos una selección de poemas de Barrabás, de próxima aparición en Medusa Editores en México.
***
Fila
Te duele la muerte de los tuyos, sí.
Algo de cariño, claro.
El tiempo, dicen resignadamente, no pasa
en vano.
Te duele, por supuesto.
Los recuerdas, es lo justo.
¿Acaso no ven tu traje negro?
Alguna anécdota idiota saca de ti
una sonrisa agrietada.
En el fin hay paz, pero tú sabes,
lo sabes bien,
que te duelen en parte esas muertes tan cercanas
porque ves cómo avanza la fila
y tú ya estás a dos pasos
de pagar todas tus cuentas.
***
La ciudad de los muertos
¿Qué visitamos al visitar
a nuestros muertos?
¿Qué pequeña esperanza
abandonamos en esas lápidas
sin nombre?
¿Por qué aquí los jardines
son más bellos?
¿Por qué aquí las ruinas
son más bellas?
¿Quién juega con los juguetes
que las familias dejan
sobre las tumbas de los niños?
¿Qué hay entre tus huesos
y el perro guardián que orina
los pinos por la noche?
¿Qué queda entre tu memoria
y la cuota de mantenimiento
de esta esquina en la que duermes
para siempre?
¿Qué ley de migración estoy rompiendo
al visitar esta ciudad tendida?
¿Qué lloramos sobre la tierra,
qué enterramos con este puño?
¿Quiénes son los gobernantes
de las ciudades de los muertos?
Si cosechamos lo que sembramos,
¿qué fruta podrida nos habrás de dar?
¿Seguimos hablando el mismo idioma?
¿Existe, acaso, más idioma entre nosotros
que el de abandonar las flores
a su suerte? ¿barrer el polvo?
***
Cardenche
Preparo bien mi canto en los acordes del sotol.
Sé que moriré en el desierto, pero
no soy el único que ha intentado cruzarlo a manga
para despertar a los alacranes dormidos bajo la arena
como hizo Dios hace mucho tiempo,
borracho al octavo día.
¿Cuántos hombres se me han muerto allá quemados?
Sin guitarra ni acordeón,
con el veneno del Diablo, mi Sapioriz.
Cuadro que sólo Dios presencia ahora
en calidad de hormiga.
Híncate, nube obrera.
Pasa la botella a tus hermanos, señor mío.
Deja las espinas en la entrada.
Mi corazón coronado quiere gritar.
Que los aguijones del mundo sepan
que veneno y veneno se vuelven canto,
canto quebrado, canto puerco, a rastras
por la noche y sus tiraderos.
Ven, quítate aquí las botas,
y acompáñanos, tenemos algo que contarte.
Pero no ofendas a los señores de la casa.
Vamos a jugar a ser humanos.
Jugar a ser los humanos más rotos
que este desierto ha visto.
Y mira que ha visto a tantos.
No te estoy diciendo que Dios existe,
te estoy cantando que la luna es redonda
porque a veces pareces olvidarte.
Mira nada más cuánto dolor.
No te vayas tan temprano.
¿A dónde vas, veneno, que más valgas?
¿A dónde tu voz de lija?
¿Cuántos pesos me debes por la cosecha, Dios mío?
¿Cuánto por esta espina, hijo de hombre?
***
En el corazón de los polacos
El corazón de los polacos se siembra en las estaciones gloriosas.
Palpita en cada carta de la baraja que esconde
en su juego el conocimiento pleno y sigiloso de la Historia
como quien dice tercia de sotas para decir 1910.
En el corazón de los polacos construí una casa.
La puerta siempre abierta, siempre puerta
y un par de viejos chimeneas que sostienen
con su humareda la relación celeste y terrenal,
una metafísica sencilla para leer en los camiones
que nos llevan de casa en casa, del corazón de los polacos
al corazón de nuestro pecho.
***
Hierba
Piensas decir adiós, abandonar
los problemas de esta tierra
y despedirte sin mayor gracia
y sin mayor alarde. Está bien
querer irse de este mundo tan temprano,
pero antes que cierres la puerta
detente y dime:
¿cuántas veces ha muerto
para nacer de nuevo
la hierba mala
en la entrada de tu casa?


Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: