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El incidente (del Castillo Montealegre)

El incidente (del Castillo Montealegre)

Merecedora del XXIX Premio Nostromo, esta novela recrea un episodio sucedido en el Atlántico sur durante la II Guerra Mundial: un submarino alemán hundió a plena luz del día un buque mercante español que regresaba desde la colonia de Guinea cargado de madera.

En este Making Of, Carmen Ródenas recuerda cómo escribió Castillo Montealegre (Edhasa).

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Primavera de 1943. Va a hacer tres años desde que Francia firmó el armisticio con Alemania y la Segunda Guerra Mundial ya se ha extendido por las colonias europeas de África, que han adquirido un enorme valor estratégico. El conflicto en el Atlántico Sur está servido. Los lobos grises patrullan la costa africana para interceptar los convoyes de suministros de los Aliados. Pero en abril de ese año uno de esos sumergibles nazis, el U-123, torpedea a un viejo mercante fletado por la Trasmediterránea que vuelve de la Guinea española cargado de madera. Lo hace a plena luz del día y, en contra de la ley del mar, abandona a los náufragos sin prestarles ayuda. El barco es de bandera neutral. Su nombre: Castillo Montealegre. ¿Por qué el comandante del U-123 decidió eliminarlo? ¿Por qué las autoridades españolas nunca responsabilizaron a los alemanes?

Fue al leer una entrega de la columna «Patente de corso», de Arturo Pérez-Reverte, publicada en 2013 en XL Semanal, cuando supe del hundimiento del Castillo Montealegre y de la malaventura de sus tripulantes en esa noche larga, negra y aciaga que siguió al «incidente». Incidente, sí, porque no hubo investigación oficial de los hechos a diferencia de otros casos, como en el del Monte Gorbea —un mercante de la naviera Aznar atacado el 19 de septiembre de 1942 por un sumergible alemán a la altura de La Martinica—, en los que se reclamó a los responsables por los daños. Ni siquiera la noticia del hundimiento llegó a publicarse en la prensa nacional.

"La escena de los náufragos del Montealegre en pleno Atlántico, rodeados de enormes troncos de ocume que se disparaban hacia la superficie surgiendo peligrosamente de entre las aguas, era poderosa"

Una vez tomada declaración a los supervivientes del Montealegre, ya en la escala en los puertos canarios, la Comandancia Militar de Marina concluyó que habían sido atacados por un submarino «pirata». Era cierto que el agresor no tenía bandera ni número de identificación, pero la tripulación lo había reconocido perfectamente en la guía de embarcaciones que el capitán del HMS Inkpen, que los recogiera en medio del Atlántico, les había mostrado: era uno de los sumergibles de la serie IX.B construidos para la Kriegsmarine entre 1937 y 1940. Por lo visto, en España se decidió que el «incidente» debía convertirse en un secreto de Estado y la tripulación del Montealegre fue silenciada.

Lógicamente, me pregunté por qué.

Tenía un misterio y tenía una imagen potente. La escena de los náufragos del Montealegre en pleno Atlántico, rodeados de enormes troncos de ocume que se disparaban hacia la superficie surgiendo peligrosamente de entre las aguas, era poderosa. Pura contradicción: el cargamento de madera podía ser su salvación, pero al mismo tiempo podía acabar matando a cualquiera de ellos. Veía a esos hombres desconcertados y aturdidos por la doble tragedia de haber sido torpedeados por un sumergible que, además, se había dado a la fuga. Era inevitable investigar el asunto.

"Y todo eso para, sin dejar de seguir a pies juntillas el relato verídico, armar una explicación verosímil de las razones que pudo haber detrás del malhadado ataque al Montealegre"

Pero nada, la realidad es terca y los papeles oficiales no añadían gran cosa; si acaso algún desatino del que doy debida cuenta en los cabos sueltos que explico en la novela. Aunque al final creo que ha sido mejor así. De esta forma he podido vivir el día a día en la vieja capital de la Guinea Española, Santa Isabel, y he llegado hasta las madereras del río Benito en el interior del continente africano; he navegado por las peligrosas aguas del Atlántico, tanto con los alemanes como con los británicos; me las he tenido que ver con los sextantes y la navegación astronómica; he plantado cara a los servicios secretos británicos, he implicado al banquero Juan March y, también, he deambulado por Lagos en compañía de Graham Greene. Y todo eso para, sin dejar de seguir a pies juntillas el relato verídico, armar una explicación verosímil de las razones que pudo haber detrás del malhadado ataque al Montealegre.

En fin, como dicen los italianos: e se non è vero, è ben trovato.

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Autora: Carmen Ródenas. Título: Castillo Montealegre. Editorial: Edhasa. Venta: Todos tus libros.

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