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Trance, de Alan Pauls

Alan Pauls es un escritor, crítico y periodista nacido en Colegiales, Buenos Aires, Argentina, en 1959. Fue profesor de Teoría Literaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, jefe de redacción de la revista Página/30 y subeditor de Radar, suplemento cultural del diario Página/12. Es autor, entre otras, de las novelas El pasado (Premio Herralde, 2003), Wasabi, El pudor del pornógrafo; de la trilogía Historia del llanto, Historia del pelo e Historia del dinero; y de los ensayos Manuel Puig: La traición de Rita Hayworth y El factor Borges. Ha sido traducido a más de diez lenguas. Presentamos una muestra de Trance, libro publicado en España por Ampersand, en el que el autor escribe sobre su vínculo con la lectura, ese vicio, fiebre y neurosis que se inicia en la infancia y prospera. La propia idea de la lectura se presenta aquí como una experiencia radical e intensa. Hace falta desdoblarse, verse a sí mismo bajo la perspectiva de una tercera persona, para describir las obsesiones que conforman el identikit del lector Alan Pauls: su ADN, esa ley del deseo irrefrenable que funda la continuidad (no la escisión) entre vida y arte. Un paso más allá del lector apasionado, Trance propone un glosario de la lectura, desarrollado por este autor fundamental argentino, vivida como una experiencia que llega hasta el fanatismo.

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Descubre muy temprano que nada le importa más que leer. Lee todo lo que puede, lo que encuentra. Lee hasta lo que no entiende. Poco a poco, sin duda porque dura más de lo razonable, su comportamiento, hasta entonces ensalzado como un ejemplo de juicio, madurez, civilización, cobra una cierta presencia, se vuelve demasiado visible. Los demás, misteriosamente, se sienten llamados a intervenir. El asedio ha comenzado. Primero, por las buenas: le acomodan el velador, le corrigen la postura, le abren o cierran la ventana, le sacan o ponen de prepo el pulóver. Llegan a sugerirle lecturas. Más tarde, dada la resistencia desafectada que opone a las reformas, su deseo de leer, de seguir leyendo, se vuelve incómodo, perturbador, como un acto de soberbia, un pavoneo, el recordatorio de una negligencia o una deuda impaga. Más que como un ejemplo, ahora lo ven como una anomalía, síntoma de una asocialidad peligrosa. Los métodos cambian. Ya no quieren mejorar su placer; sólo reprimirlo. Irrumpen en su habitación, le hablan en voz alta, le recuerdan todo lo incalculablemente valioso que olvida, que posterga, que reemplaza por estar ahí tirado con sus libritos. Le exigen que haga algo. Él, en el único rapto de inspiración que tendrá en su vida, decide ser escritor. Los escritores leen, piensa. Les da lo que quieren (un hacer) para quedarse él, en secreto, invulnerable, con lo que él quiere: un gozar. Milagrosamente, la cosa funciona. Declarar la deuda infinita que escribir (esa compulsión estratégica) tiene con leer (ese vicio gratuito, benéfico, generoso) es el propósito de este glosario.

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abc. Puesto a reducir al máximo el arsenal de herramientas, conceptos, técnicas y tics a los que recurre, a sabiendas o a ciegas, a lo largo de su vida de lector —un ejercicio tan inútil y apasionante como el que se impone con su biblioteca siempre que le toca mudarse—, se queda con dos ideas básicas, irreductibles, que son las que se activan siempre que se dispone a leer, no importa si lo que tiene entre manos es el periódico independiente El homeopático, las fragantes, sangrientas primicias de un portal de chismes o un tratado de filosofía, y las que atraviesan intactas, sin un rasguño, como el material del que está hecho el monolito de 2001: Odisea del espacio, más de medio siglo de quemar letras impresas: una, que lo que importa no son las palabras sino lo que hay entre ellas; dos, que en todo lo que está escrito siempre hay algo no escrito, o bien porque no se lo quiere escribir, o bien porque no se puede escribirlo. Tan fundadas (es y será siempre un hijo de La interpretación de los sueños) como discutibles (basta de hecho de que las consigne por escrito para desconfiar de ellas), esas evidencias son, más que sus principios, sus supersticiones de lector. No le costaría nada reconocer sus debilidades; tampoco aceptar que haya otras mejores, menos recelosas o más fértiles. Pero como sucede con los fetichistas —los únicos creyentes en los que cree—, renunciar a ellas, por fuerte que sea la tentación, está fuera de su alcance. Su lema, ciego pero enternecedor, es el del que prefiere adorar el zapato antes que el pie que alguna vez lo calzó: “Ya lo sé, pero aun así…”.

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Autor: Alan Pauls. Título: Trance. Editorial: Ampersand. Venta: Todos tus libros.

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