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La más burguesa de la Nouvelle Vague

La más burguesa de la Nouvelle Vague

Puede que solo sean figuraciones mías. Pero que Stéphane Audran, nacida en Versalles en 1932, fuera la primera musa —y la más genuina— de Claude Chabrol —el más burgués de los realizadores de la Nouvelle Vague—, así como una de las mejores intérpretes de ese discreto encanto de la burguesía, que lo llamó don Luis Buñuel en la cinta homónima de 1972, y que con tales antecedentes esta actriz encontrase el último gran personaje de su filmografía en una antigua comunera como Babette Hersant, treinta y muchos años después de haber caído en la cuenta, a mí me sigue dando que pensar.

Entre el 18 de marzo y el 28 de mayo de 1871, a consecuencia del sitio a la capital francesa durante la guerra franco-prusiana, el gobierno de la III República se retiró a Versalles. Ante el vacío de poder, la Guardia Nacional —una milicia ciudadana en cuya tropa habían arraigado las ideas internacionalistas, revolucionarias—, implantó el socialismo autogestionado. Aquel levantamiento, que se extendió a lo largo de unas diez semanas, está considerado el primero del movimiento obrero. Desde luego, fue el único en el que socialistas autoritarios —los partidarios de Marx en la Internacional— y libertarios —los de Bakunin— se batieron juntos. Tras la Comuna, unos y otros serían enemigos irreconciliables en la retaguardia, frente a la reacción.

"Se dice que la basílica del Sacre-Coeur, también en Montmartre, toda una referencia en el París turístico, fue alzada a modo de expiación de los crímenes de la Comuna"

Con anterioridad, esa misma reacción, que puesta a reprimir a quienes perturban su orden es colérica, implacable, vesánica, entró en París inclemente. Los versalleses regresaron con el ejército regular de la III República a bayoneta calada. Aquellas mismas tropas, que fueron incapaces de defender su capital frente a los alemanes, se emplearon a fondo con los federados. Los federados eran los parisinos que quisieron hacer de su ciudad la primera comuna de la nueva Francia, federal, organizada en comunas autónomas. Y fue que las tropas de los versalleses abrieron a cañonazos las barricadas, la de la calle Rivoli, la del bulevar Voltaire, la de la calle de la Bonne, allá en Montmartre, muy cerca de donde prendió la insurrección… Como en todas las matanzas, es difícil precisar con exactitud las cifras de comuneros muertos: se estima que entre 6500 y 10 000. Se dice que la basílica del Sacre-Coeur, también en Montmartre, toda una referencia en el París turístico, fue alzada a modo de expiación de los crímenes de la Comuna. Ahora bien, al Muro de los Federados, en el cementerio del Père Lachaise, contra el que fueron fusilados los últimos comuneros apenas depusieron las armas tras haber disputado entre aquellas tumbas los últimos combates contra los versalleses, tampoco le faltan visitantes henchidos por la emoción.

En fin, la represión que sucedió a la Comuna quiso ser un escarmiento y lo fue, abarcando además a toda Europa. Anselmo Lorenzo, destacado miembro de la sección española de la Asociación Internacional de los Trabajadores —la Primera Internacional—, uno de los primeros libertarios españoles, recuerda en El proletariado militante (1901) las cautelas que debió tener al pasar por Francia, en septiembre del año de la Comuna, con destino a la conferencia de Londres, convocada allí por Marx, en vez del congreso anual, para evitar la represión contra los internacionalistas desatada en todo el Continente.

"Llegado el momento de envejecer, supo brindarnos uno de esos personajes de antología en una película danesa: la Babette de El festín de Babette"

Pues bien, que toda una burguesa, experta en incorporar a burguesas, heterodoxas, pero burguesas al cabo, como lo fue Stéphane Audran, fuera a coronar su filmografía —o a darle lustre, como esa última pasada que se da los zapatos, ya limpios, para que brillen más, de la que nos habla Scott Fitzgerald al comienzo de Hermosos y malditos (1922)— con la historia de una comunera —hubo muchas, pero quiero recordar a la maestra anarquista Louise Michel— a mí me lleva a pensar en otra suerte de expiación para Stéphane Audran.

La musa por excelencia de Claude Chabrol también fue una de las grandes actrices del cine europeo de la segunda mitad del siglo XX. Pero cuando Orson Welles, Samuel Fuller y tantos otros maestros de la pantalla estadounidense emplazaban su cámara en Francia, guardaban un lugar en sus repartos para ella. Su nombre estaba escrito con mayúsculas en la historia del cine desde finales de los años 50. En aquellos días, irradiando la misma sensualidad que todas las actrices de la Nouvelle Vague, Stéphane ya demostró unas dotes para el drama muy superiores a las de la mayoría. Después llegaron sus grandes personajes para Chabrol. Seguro que también significa algo que siempre se llamasen Hélène. El caso fue que aquellas Hélène dieron cintas de la talla de L’oeil du malin (1962), La mujer infiel (1969), El carnicero (1970) y Al anochecer (1971). La Hélène de El carnicero era una maestra enamorada de un asesino en serie. Más peliaguda, sobre todo para la época, había sido su creación de la Frédérique de Las ciervas (1968), también a las órdenes de Chabrol. En aquella ocasión, la actriz incorporó a una de las primeras lesbianas que se mostraron abiertamente en la cartelera comercial. Todo en ella fue gracia.

"Será a partir de La ligne de démarcation cuando madame Chabrol se convierta en la protagonista de las cintas de su esposo. Su trabajo en Las ciervas le valió el Oso de Oro en el Festival de Berlín"

Así, llegado el momento de envejecer, supo brindarnos uno de esos personajes de antología en una película danesa: la Babette de El festín de Babette (Gabriel Axel, 1987). Era aquella una cocinera francesa que, huyendo de París tras la represión que sucedió a la Comuna, encuentra refugio en una aldea de Dinamarca. Con los años, agraciada en un sorteo de lotería, corresponde a sus benefactores con un banquete.

Stéphane Audran estudió declamación con Charles Dullin, Tania Balachova y Michel Vitold antes de conseguir sus primeros aplausos en la escena. En el cine se inició en Los amantes de Montparnasse (Jacques Becker, 1958). Tras su matrimonio con Jean-Louis Trintignant (1954-1956), roto cuando él se fue detrás de Brigitte Bardot, el gran Éric Rohmer la reclamó para dar vida a la patrona del hotel de Le signe du Lion (1959). Con Chabrol, con quien se casó en 1964, trabajó por primera vez en Los primos (1959). A partir de entonces, participó en casi todos sus títulos de los años siguientes. Curiosamente, en las primeras producciones de su marido, las realizadas en la edad de oro de la Nouvelle VagueLes bonnes femmes (1959), Les Godelureaux (1960), L’ oeil du malin y Landru (1962)—, Stéphane Audran sólo da vida a personajes secundarios. Será a partir de La ligne de démarcation (1966) cuando madame Chabrol se convierta en la protagonista de las cintas de su esposo. Su trabajo en Las ciervas le valió el Oso de Oro en el Festival de Berlín.

"Corría 1971 cuando, con motivo del centenario de la Comuna, Jean Ferrat dedicó una de sus canciones más hermosas a aquel levantamiento"

Para Luis Buñuel fue la Alice Sénéchal de El discreto encanto de la burguesía, con José Luis Borau colaboró en Hay que matar a B. (1974). Orson Welles la incluyó en la inacabada The Other Side of the Wind. Fuller fue el estadounidense que más la contrató. Trabajó con él en Uno rojo: División de choque (1980), Ladrones en la noche (1984) y Calle sin retorno (1989). Para Bertrand Tavernier fue la Huguette Cordier de 1820 almas (1981). En lo que a la televisión se refiere, cabe recordar su colaboración en Retorno a Brideshead (1981).

Merecedora del César por su creación de Germaine Nozière en Prostituta de día, señorita de noche (Claude Chabrol, 1977), unos años antes su trabajo en El carnicero le valió la Concha de Plata a la Mejor Actriz.

Corría 1971 cuando, con motivo del centenario de la Comuna, Jean Ferrat dedicó una de sus canciones más hermosas a aquel levantamiento. A finales de esa década, recuerdo a una gentil burguesita del Liceo Francés de Madrid cantando dicha pieza y otra de Jean-Roger Caussimon —”La commune est en lutte”— y todo en mi memoria se confunde con Stéphane Audran incorporando a Babette.

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