Inicio > Historia > 1936 día a día > 11 de abril de 1936: Sobre el general Mola

11 de abril de 1936: Sobre el general Mola

11 de abril de 1936: Sobre el general Mola

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Sábado, 11 de abril de 1936: Sobre el general Mola

Si lo que queremos es hablar de la conspiración, entonces conviene detenerse un momento en la figura del general Mola. No hay la menor duda de que durante todos aquellos años Mola fue el alma del sentimiento antirrepublicano en el Ejército. Ya en los últimos tiempos de la monarquía, con el gobierno de Berenguer, él fue quien, al frente de la Dirección General de Seguridad, se enfrentó a la conspiración del Comité Revolucionario.

En sus Memorias relata su paso por la Dirección General de Seguridad. Y basta leer esa prosa tensa y estructurada para entender su personalidad meticulosa, obsesiva, y la inquina que les tenía a los republicanos. Ahí se palpa mejor que en ninguna parte su desdén por la desorganización de los conspiradores, que luego, con el tiempo, se tradujo en su obsesión por montar un golpe de Estado perfecto.

Mola siguió muy de cerca el advenimiento de Azaña y el resto de los republicanos. El hombre analizó todos sus defectos, las posibilidades de asaltar el poder, las necesidades de armas y estructura, de contar con la propaganda adecuada.

"A nadie le debe sorprender que desde el 11 de abril se pusiera el general Mola al frente como director del cada vez más inminente golpe de Estado"

En su lucha contra el republicanismo clandestino consiguió un conocimiento de los mecanismos y técnicas del asalto al poder que se añadía a su conocimiento de las herramientas del Estado, para convertirlo en el conspirador más peligroso de la República.

Muy por encima de amateurs como Calvo Sotelo o José Antonio.

Y desde luego a ello se añadía un odio feroz a Azaña que da el tono de otro libro, Las tragedias de nuestras instituciones militares: el pasado, Azaña y el porvenir, aparecido a principios de 1936, donde explica su relación con Azaña. Una relación en la que pesaba intensamente el hecho de que no pudiera volver a vestir el uniforme desde la proclamación de la República hasta el año 34.

En este texto, Mola despellejaba las reformas militares republicanas y de paso explicaba cómo, una vez desaparecida la monarquía, pese a la adhesión de muchos oficiales a la República, el Ejército se sintió traicionado por una República que alentaba contra él el encono de la opinión pública, haciendo creer interesadamente que las fuerzas armadas querían resucitar la monarquía.

Esa idea, según Mola, no la podía defender nadie, vista la adhesión recibida. Y sin embargo el Gobierno provisional adelgazó hasta la humillación el presupuesto militar y encargó a un hombre que había pasado la mayor parte de su vida, según Mola, en las covachuelas del Ministerio de Gracia, que era, le parecía, frío, sectario, vanidoso y obsesionado con triturar y pulverizar el Ejército.

Algo difícilmente restañable que, siempre según Mola, lo llevó al más lamentable estado de desorganización, indisciplina e impotencia. Todo con el fin inconfesable de que, por muchos desatinos que cometiesen los políticos, el pueblo jamás pudiese volver sus ojos al Ejército para protegerse de ellos.

Con semejante pasado y con una tal concepción de la figura de Azaña y sus reformas, a nadie le debe sorprender que desde el 11 de abril se pusiera el general Mola al frente como director del cada vez más inminente golpe de Estado.

Todas las entradas de 1936 día a día

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios