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12 de abril de 1936: Monumento a Pi i Margall

12 de abril de 1936: Monumento a Pi i Margall

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Domingo, 12 de abril de 1936: Monumento a Pi i Margall

Hoy está en la plaza Llucmajor de Barcelona, en Nou Barris. Una rotonda con bastante tráfico. Por ello apenas repara uno en ese pedestal de acero sobre el que se sitúa la Flama, una versión romántica de la Niña Bonita —una mujer desnuda alzando el brazo izquierdo— obra del escultor Josep Viladomat; y al lado, un obelisco, y el medallón con la efigie de Pi y Margall.

El monumento, cuya ejecución llevó tanto a la Generalitat, por fin se inauguró por la mañana con una solemnidad absoluta. Hubo un desfile militar y al acto, como parte de las fiestas de conmemoración de la República del fin de semana, asistieron el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, su consejero de cultura, Ventura Gassol, y el alcalde de Barcelona, Carlos Pi i Sunyer. Todos, según relata La Vanguardia, fueron recibidos entre aplausos y vivas por la multitud.

Durante el tiempo que desfilaron los militares delante de la tribuna de autoridades, la banda municipal interpretó el Himno de Riego, Els segadors y alguna sardana. Al cabo, mientras desde la tribuna se daba lectura a un artículo del homenajeado Pi i Margall, Companys, el flamante president, respiró hondo. Sacando pecho, reflexionó sobre cómo podía cambiar la vida. Hacía apenas unas semanas estaba en una cárcel, rodeado de castellanos que lo ignoraban todo sobre su cultura, y ahora…
Ahora era nada menos el sucesor de Macià.

"Aquel hombre de mirada sincera y un amor verdadero y muy catalán por su país, cuando le tocó hablar ante sus conciudadanos, lo hizo con enorme emoción"

Aquel hombre de mirada sincera y un amor verdadero y muy catalán por su país, cuando le tocó hablar ante sus conciudadanos, lo hizo con enorme emoción.

—Pueblo de Barcelona, yo quisiera empezar poniendo de relieve la admirable sencillez y las extraordinarias condiciones intelectuales de nuestro compatriota Pi y Margall. La por fin restablecida Generalitat de Cataluña se siente orgullosa de inaugurar el monumento que perpetúa su memoria, y nos recuerda sus enseñanzas. Antes del advenimiento de la República, muchos se decían federales. Pero pocos conocían la doctrina de Pi i Margall. Para llegar a su pensamiento, hay que limpiar el alma. El federalismo entonces era una autonomía de bazar, dibujada sobre papel pero sin contenido. Las concepciones dominantes, imperialistas y latifundistas, importadas a España por dinastías forasteras, habían hecho mella en la conciencia del país, hollándola.

»Pero la verdadera historia no es la que nos enseñan en las escuelas y en las universidades, bajo el estandarte de glorias sangrientas, sino la de los fueros y libertades individuales y colectivas. Esos fantasmas del pasado tienen que desvanecerse para hacer de España el gran Estado del porvenir. España, por su historia y su estructura natural, por su pasado glorioso, y por el imperativo de su geografía, es una diversidad magnífica de pueblos sobre la que hemos de edificar un ideal común que alce hasta las nubes una república ambiciosa. La Primera se perdió porque Pi i Margall no fue escuchado. La Segunda estuvo a punto de desfigurarse. Pero Cataluña se mantiene en la lucha, porque sabe querer y sabe combatir. ¡Adelante! ¡El recuerdo de Pi i Margall y de Françesc Macià iluminan el camino de nuestro esfuerzo!

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