La aparición de Semirretiro filosófico: Ensayos críticos (ASL Ediciones, 2026), el último libro de Ángel Faretta, ofrece una ocasión inmejorable para situar en primer plano a una de las figuras más singulares del pensamiento en lengua española. Desde Argentina —esa Europa americana—, Ángel Faretta ha erigido un sistema propio, una teoría del arte de ambición poco frecuente en el panorama hispánico contemporáneo.
Cine, literatura, poesía y pintura aparecen integrados en una misma arquitectura conceptual. Referencia absoluta de la crítica en Argentina y figura de culto, su magisterio desde la mítica revista Fierro formó la mirada de toda una generación de creadores frente a la crítica convencional.
En Semirretiro filosófico se reúnen textos escritos a lo largo de varios años, sustanciados en una inagotable erudición. Faretta aplica en ellos su propio armazón teórico, sostenido en una idea decisiva: el lenguaje mítico pertenece al origen mismo del pensamiento y conserva una potencia operativa que las formas modernas apenas han logrado sustituir. El volumen despliega así un catálogo de lecturas sobre una tradición latente, aún activa: de Mary Shelley a Stéphane Mallarmé, de William Shakespeare a Francisco de Goya, de Piero della Francesca a Georges Simenon. Distintas formas de una misma constelación simbólica.
Ese horizonte ya estaba presente en El concepto del cine, núcleo de su pensamiento. Allí cristaliza una reflexión elaborada durante décadas y finalmente organizada en un sistema. El cine aparece como una forma capaz de articular experiencia, historia y sentido bajo una lógica propia. Para situar ese momento, Faretta toma la obra del director D. W. Griffith como punto de inflexión: una figura que desborda tanto el positivismo capitalista burgués de los hermanos Lumière como la escenografía feérica-circense de Georges Méliès.
“El cine es entonces el primer arte decisionista de la modernidad. Si la modernidad se caracteriza por el estado de deliberación permanente, por el limbo de un coloquio infinito que nunca decide nada, el cine se asume y postula como una forma del pensar y el poetizar que decide continuamente.” (‘El concepto del cine’, ASL Ediciones, 2021. Tercera edición).
A partir de ahí, su teoría se organiza en torno principios que funcionan como estructuras de sentido. Quizá la más significativa sea la formada por: El Eje Vertical, coordenada técnica que atraviesa la horizontalidad del relato para conectar la acción con el sustrato arquetípico, religando la acción física a un orden superior de tipo metafísico; el Fuera de Campo que actúa no como una limitación del encuadre, sino como zona de sombra donde lo invisible y lo no dicho dotan de trascendencia a la imagen; y por último el Principio de Simetría, la caligrafía encargada de eliminar el azar mediante una lógica de correspondencias y rimas internas.
Gracias a este trío de elementos, la imagen cinematográfica desborda los márgenes de la pantalla: deja de limitarse a mostrar para empezar a ordenar la experiencia y proyectarla hacia una dimensión más amplia, donde lo histórico y lo simbólico se entrelazan.
Como expone Faretta en sus ensayos y clases magistrales, estos elementos forman parte de una “construcción ideativa”: el cine entendido como reunión de póiesis y techné en el tramo final del desarrollo estético de Occidente, con capacidad para integrar y reorganizar las artes anteriores en un dispositivo de conocimiento.
Ese estatuto se aclara al inscribirlo en la tradición occidental. El Hollywood clásico aparece entonces como una anomalía significativa: un “alien numinoso” alojado en el seno del materialismo estadounidense. Lejos de la imagen de industria puramente comercial que solemos asumir sin pestañear, Faretta señala el sistema de los estudios como una forma de mecenazgo moderno, en donde productores de origen europeo reformularon materiales tradicionales en tensión con el way of life protestante.
Esta toma de posición viene aparejada a una crítica frontal a la modernidad, que culminará en lo que denomina autoconciencia (saber que se sabe y saber qué se sabe) cuyos principales puntales serían la obra de Francis Ford Coppola, Brian de Palma y William Friedkin, entre otros. En oposición, su invectiva es clara contra la profusión de esteticismos nihilistas —póngase por caso el cine de Tarantino— o alegorías plúmbeas de autores como Tarkovski y tantos otros. Para Faretta, es estéril cualquier proposición sustentada en una ambigüedad indecisa.
Es en los márgenes, en los géneros menospreciados, lejos del canon, donde su pensamiento adquiere mayor capacidad de precisión. La llamada Clase B —thriller, fantástico, terror— concentra una de sus tesis más sugerentes. En esos géneros, relegados por la crítica dominante, sobrevive una “cultura tradicional en diáspora” que la modernidad ha desplazado. Sus lecturas de John Carpenter y Jacques Tourneur articulan un vocabulario propio para nombrar fenómenos en los que la imagen recupera su poder revelador. El monstruo, el doble o la figura de la mujer fatal más allá de su rol en la narrativa actúan como símbolos que irrumpen para cuestionar la superficie racional del mundo.
“Desde la ciudad universitaria donde va a estudiar el protagonista de “El hombre de arena”, al Londres “de la multitud” al que llega el conde Drácula, o la cosmópolis a la que se lleva al monstruo de King Kong todos ellos representan la otredad estancada “colada”, invasora y hasta perdida en esa concentración —aglomeración urbana que niega su pasado feraz.” (‘Dominio eminente: Teoría de la Clase B y la cultura tradicional en diáspora desde el otoño de la Edad Media’, ASL Ediciones, 2022)
Esta línea se prolonga en libros como La pasión manda, Espíritu de simetría o Dominio eminente. Fuera del ámbito cinematográfico, La traducción de la melancolía propone una lectura del tango como forma simbólica moderna, en diálogo con la lírica europea.
También su narrativa funciona como campo de prueba. En El saber del cuatro, Tempestad y asalto, Viajeros que huyen o El invierno que viene, donde los principios teóricos adquieren forma literaria: “Una mano alzada brinda en dirección a una cuarta pared invisible.” (El invierno que viene, Evaristo Editorial, 2024)
En paralelo, Peregrino en Bizancio revisa la figura de Vincente Minnelli del mismo modo que Hitchcock en obra analiza en profundidad las claves fundamentales del genio inglés.
“En Hitchcock es horror a lo que desaparece, a lo fraguado, a lo abierto y desoculto. Lo inventado. El plein air, la altura, la cima, aunque haya sido intentada llenar como las caras talladas del monte Rushmore.” (‘Hitchcock en obra’, ASL Ediciones, 2018)
Finalizando esta breve recensión sobre el pensamiento de Ángel Faretta, días atrás recordaba la que para mí es una de las mejores fórmulas para la construcción de una poética operativa, situada, inesperadamente, en uno de los nueve libros de la Historia de Heródoto de Halicarnaso, (siglo V a. C.) considerado el primer historiador. Allí, al describir las costumbres de los persas, Heródoto cuenta de ellos que jamás tomaban una decisión importante sin someterla a la siguiente prueba: si se resolvía algo en estado de ebriedad, debía revisarse al día siguiente en plena sobriedad; y, a la inversa, todo acuerdo adoptado en frío se reconsideraba después en un banquete, bajo la influencia del vino.
Me parece esa una imagen muy precisa de lo que exige cualquier obra de arte: el primer estadio de construcción poética, abandonado al puro arrebato, no pasa de ser un sonajero; cualquier manifestación que no haya sido pensada será carne sin hueso. Hay que dotar al poema, al relato, al film, de un esqueleto interno, y el hallarlo —esa idea que sostiene y ordena— es la tarea más ardua del poetizar. Ángel Faretta nombra esa aparente dicotomía como una sola acción: pensar y poetizar son lo mismo. En su visión teórica, el sostén viene dado por la tradición, el arquetipo, el símbolo; una “segunda historia”, en un nivel mítico que une plano real y plano metafísico, en forma similar a aquello que Baudelaire esbozó en sus Correspondencias. Aquello que Ángel Faretta expresamente define como el grado más alto de la creación artística: Cuando el azar tiende a cero.
Recomiendo a quien lea estas líneas la experiencia de entrar en contacto con el pensamiento de este teórico incomparable. Su repaso del simbolismo de la nave a partir de Titanic, de James Cameron o su aproximación a la Filosofía política, en relación con El padrino de Coppola —fácilmente accesibles en forma de conferencias en internet— enseñan a proyectar una mirada substancial y sorprendente sobre el fenómeno artístico.
Convendría, por último, que los editores españoles recogieran el guante. La obra de Ángel Faretta reclama lectura, discusión y transmisión. Contra el sinsentido de un tiempo dominado por la inmediatez y la predominancia del simulacro, una mirada ejercida con rigor y conocimiento, capaz de arrojar algo de luz acerca del destino de nuestra cultura, se vuelve más necesaria, más urgente, que nunca.
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Autor: Ángel Faretta. Título: Semirretiro filosófico: Ensayos críticos. Editorial: ASL Ediciones.



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