Inicio > Historia > 1936 día a día > 18 de abril de 1936: Aldabonazo del proletariado madrileño

18 de abril de 1936: Aldabonazo del proletariado madrileño

18 de abril de 1936: Aldabonazo del proletariado madrileño

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Sábado, 18 de abril de 1936: Aldabonazo del proletariado madrileño

Lo explicaba muy bien el periódico El Socialista:

«Anteanoche se respiraba entre el elemento obrero de Madrid un aire empozoñado por la ira. Los sucesos de la tarde en la Castellana habían colmado la paciencia. Nuestros camaradas estimaban que si por un lado la disciplina obligada al Frente Popular les ataba las manos, y por otro el Gobierno no ponía remedio eficaz a las provocaciones fascistas, se corría el riesgo de que el desencanto determinara desbordamientos de consecuencias incalculables.

"Avanzado el día, el paro fue total, impresionante, y ello debe aleccionar a los que empezaban a creer, en vista del auge de las provocaciones fascistas, que las masas obreras estaban abúlicas, si no intimidadas"

En la Casa del Pueblo se conocía y comprendía esta tesitura, y la visita que hicieron, ya de madrugada, los representantes obreros, en compañía de Julio Álvarez del Vayo, al señor Azaña tuvo por objeto recabar medidas del Gobierno que dieran satisfacción y calmaran los ánimos. La nota facilitada a la prensa por las organizaciones obreras revela dos cosas: que el señor Azaña supo hacer promesas que las disuadieran de ir a la huelga general, y que, no obstante, estaban atentas a lo que pudiera ocurrir.

Lo que pudo ocurrir y ocurrió fue que los sindicalistas decidieron, de todas formas, declarar el paro como protesta por los acontecimientos de la tarde. Dado el ambiente de irritación en la calle, los dirigentes socialistas y comunistas juzgaron que sería imprudencia, pese a su nota, desautorizar a la CNT, porque al margen de esta desautorización tal vez se produjesen colisiones entre los obreros, que no dejarían de ser aprovechadas por los agentes provocadores, y esta ha sido la única razón de que la Casa del Pueblo no opusiera reparos en la mañana de ayer a los que preguntaban si secundaban o no el movimiento.

Avanzado el día, el paro fue total, impresionante, y ello debe aleccionar a los que empezaban a creer, en vista del auge de las provocaciones fascistas, que las masas obreras estaban abúlicas, si no intimidadas.

Por otra parte, la huelga general confirma nuestra opinión de que el ritmo dado por el Gobierno a sus previsiones no estaba sintonizado con la inquietud popular. Inquietud ciertamente justificada por la osadía inaudita de los señoritos fascistas, que no vacilan en tomar por el terror la calle, gracias al recurso de aparecer encuadrados entre gente uniformada y oficial.

—¿Qué hace el Gobierno? ¿Por qué permite el Gobierno estos desmanes? ¿Es que el Gobierno del Frente Popular no dispone de los resortes coactivos que con tanta abundancia se han empleado cuando fueron trabajadores los que se manifestaban?

"O el Gobierno, con su autoridad, se impone a los fascistas y corta de raíz toda posibilidad de dictadura, o el proletariado, por su cuenta, con sus propias fuerzas, tomará la ofensiva"

La lógica de estos requerimientos, que se oían aquí y acullá, era irrebatible. Sobre todo, se pensaba que una abrumadora mayoría nacional se había pronunciado por una determinada política, y que esta política recibía por parte de una minoría insignificante un saboteo a sangre y fuego. Poco más de cinco mil sufragios obtuvieron los falangistas en Madrid el 16 de febrero, contra doscientos mil y pico de los candidatos obreros y republicanos. En el resto de España, la derrota del fascio fue de este mismo orden catastrófico.

Para curarse de ella, habían acordado los fascistas declararle a la voluntad popular y constitucional guerra sin cuartel. Guerra de asesinato, de algarada, de petulante anarquía.

La huelga general ha sido, por lo tanto, un aldabonazo enérgico al poder público. O el Gobierno, con su autoridad, se impone a los fascistas y corta de raíz toda posibilidad de dictadura, o el proletariado, por su cuenta, con sus propias fuerzas, tomará la ofensiva».

Todas las entradas de 1936 día a día

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios