Lo primero que se puede decir, tras leer esta recopilación de artículos de Jacinto Antón (Barcelona, 1957), es que nos engañaron, que la geografía no consiste en la enumeración de cabos siguiendo el contorno de la península en el sentido de las agujas del reloj: la geografía es, en mano de Antón, la ciencia más entretenida, lo que más merece la pena estudiar, conocer. Y, a ser posible, de primera mano. Uno quisiera haberse dado cuenta antes, cuando estaba a tiempo de saltar de lugar en lugar, de interés en interés, para llevar ese tipo de vida que se refleja en las palabras de Antón: a tono con el buen humor, con la curiosidad más sana, mostrando que vivir supone no enfadarse y dejarse sorprender incluso por aquello que uno esperaba encontrar, que es algo que contradice un poco el título de la obra: Sirenas, leones y otros encuentros inesperados. No importa. De lo que se trata es de llenar la vida de energía, de esa energía que nos transmite que pasar por este planeta es interesante, es estar en las cimas. Nuestro punto de vista, nuestra postura, será la que nos libre de la idea de que hemos venido al mundo a sufrir, a penar en este valle de lágrimas. Por eso leemos agradecidos a Jacinto Antón. No pudimos protagonizar nosotros estos recorridos, pero no se nos niega disfrutarlos a través de los cinco sentidos de los demás.
Dado que el espacio del que dispone el autor es limitado, al tratarse de textos que se reproducirán en un periódico, vamos a encontrarnos con lecturas que son más explosivas que líricas, y de una épica muy a ras de tierra, con la que resulta sencillo identificarse. No es fácil reproducir un trozo de mundo, una experiencia transformadora, en un número limitado de caracteres, así pues, Antón elige hacerlo mostrándose como el coprotagonista, siendo el otro partícipe de la crónica el centro de interés que le lleva al destino: un suceso histórico, un personaje, algo extraño, un animal. Asistimos al reencuentro con leyendas, expresados de tal manera que tenemos la sensación de que el trabajo de Antón se asemeja al de los paleontólogos, desenterrando leyendas que ya existían y que estaban un poco echadas en el olvido. El oficio de aprender es aquí el oficio de recordar lo que un día se supo. La única lástima que sentimos es esta impresión que va quedando de que los desplazamientos serán breves, intensos, pero demasiado breves. Aunque lo que importa es lo que han significado para el autor, cuya suerte compartimos. En realidad, estamos aprendiendo junto a él.
Tal vez el alma del libro sea el ansia de libertad o de las libertades, pues esta emoción no es única, como iremos comprobando a través de los encuentros que conoceremos. De hecho, no podemos dejar de sospechar que tras estas libertades está un cierto espíritu de gente valiente, en el sentido en que son valientes los héroes de las películas: «El esplendor y la noche se precipita para devastarnos, el amor y su desintegración; lo que hemos vivido», concluye cuando habla de James Salter. Aunque es más concluyente, en este sentido, cuando reproduce las palabras de Fenimore Cooper: «Carecía de ese valor moral sin el que ningún hombre es verdaderamente grande». Salter, Fenimore Cooper, pero también Conrad, Patrick Leigh Fermor, Jan Morris, las lecturas, los autores míticos, la otra cara del viaje, sin la cual no podríamos saber nada de ello ni de la aventura, que es la de quien supo sentarse luego a escribir, dar testimonio de que uno ha vivido, o al menos ha vivido momentos tan buenos como para que merezca la pena compartirlos.
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Autor: Jacinto Antón. Título: Sirenas, leones y otros encuentros inesperados. Editorial: Salamandra. Venta: Todos tus libros.


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