Siguiendo con nuestro afán de ir ocupando las distintas celdas de este maravilloso panal tintiniano, es preciso destacar que una de las facetas que con más ilusión, tesón, esfuerzo, satisfacción y dedicación hemos ido afrontando a lo largo de más de quince años ha sido la de conseguir ser los propietarios y gestores de un establecimiento comercial dedicado a la compra-venta de productos y artículos relacionados con la obra gráfica de Hergé, tanto sea de tipo original —dibujos, firmas, dedicatorias— como producto derivado —atuendo textil, objetos de menaje, juegos, figuras, esculturas, sellos y monedas, regalos, alfombras, placas esmaltadas, coleccionismo vintage— con productos y ediciones que, algunos de ellos, rondan aproximadamente los cien años de vida, todo ello relacionado con la obra y vida de Hergé.
Dicha actividad comercial ha sido la palanca necesaria para emprender distintas iniciativas socioculturales, las cuales siempre nos permitían disfrutar del placer que nos ocasionaba el compartirlas con un gran número de colaboradores de distintos rangos.
Diseñadores, creadores de ideas, escritores y pensadores, conferenciantes, comerciantes, proveedores, clientes, artesanos y por supuesto niños y jóvenes, de 7 a 77 años… y más allá. Todos ellos nos han ido acompañando en este sendero tan emocionante, y con el tiempo nos han ido moldeando un perfil con el cual intentar ser mejores, aprendiendo a separar el grano de la paja y quedándonos con lo mejor de cada uno de ellos, al mismo tiempo que descartando todo lo fútil e innecesario que nos pudiéramos encontrar en este discurrir tan excitante.
En esta etapa como pilotos de este tipo de empresa no se trataba de comprar por comprar o vender por vender. Había que ofrecer algo más; había que ofrecer ilusión, emoción, ahínco, ganas de volver a reencontrarnos con nuestros clientes y amigos, para conseguir que algún día pudiesen adquirir aquello que en un momento dado de sus vidas no se pudieron permitir, como nos pasó de jóvenes a nosotros.
Vas haciendo años, y un día, mirando la cara de felicidad de tu esposa e hijos delante de un escaparate en EuroDisney con los enanitos y Blancanieves saludándonos desde el otro lado del cristal, aprendes a constatar “que la felicidad de tus más próximos es la tuya”, y que ese sentimiento propio de felicidad es extrapolable a los demás, sin que sea necesario de que sean de tu propia sangre. “La felicidad de los demás es la tuya”. Con esta máxima emprendimos un viaje por este mundo de ensueño que, de momento, después de más de quince años, no le veo el final del camino, ni deseo contemplarlo.
El secreto del unicornio, la película de Steven Spielberg
Fue la fecha del 28 de octubre del 2011 la que dio el pistoletazo de salida a toda una serie de acontecimientos relacionados con el mundo de Tintín.
En dicha fecha se llevó a cabo la inauguración y puesta de largo de la película dirigida por Steven Spielberg y producida por Peter Jackson titulada El secreto del Unicornio. El argumento era un compendio de tres aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio, El cangrejo de las pinzas de oro y El tesoro de Rackham el Rojo.
Para la inauguración de dicha película, mediante la iniciativa de los miembros de la asociación de Sabadell, consiguieron llevar el estreno de la misma a los cines Imperial de dicha ciudad. Finalmente, dicha inauguración quedó diluida y no pudo ser primicia, ya que la iniciativa fue incautada por la Conselleria de Cultura de la Generalitat de Catalunya, la cual llevó a cabo dicha inauguración a los cines de Diagonal Mar, con toda la pompa habida y por haber.
Para aquel evento, Miquel Puig, socio de “TintinCat, associació catalana de tintinaires”, consiguió invitación personal para todos los miembros de su junta directiva. A tal efecto, pidió la relación de cada uno de sus componentes, sus cargos en la misma, acompañados de sus DNI respectivos.
Al presidente de dicha asociación no se le ocurrió otra cosa que insertar el nombre de su esposa como vocal de la junta, falseando dicho listado con el único interés de que ella también fuera invitada a dicha inauguración.
A Mª Carmen y a mí nos incomodó dicha mala praxis y, aunque finalmente fueron invitados todos los componentes de la junta directiva con sus acompañantes pertinentes, nosotros declinamos nuestra invitación a la inauguración y preferimos, al día siguiente, reunirnos con los compañeros de Sabadell para poder disfrutar de la película con ellos en los cines Imperial de dicha Ciudad.
Recuerdo que el día de la inauguración en Sabadell la sala estaba llena. La película en sí a los tintinianos en general nos gustó, pero en ningún momento tuvimos la sensación de intriga y suspense que te ofrece cualquier aventura de Tintín, ya que en todo momento íbamos adivinando lo que narrativamente iría sucediendo siguiendo la trama literaria de los libros.
La prueba fue que, terminada la película, quienes se levantaban y aplaudían eran los acompañantes de los aficionados a Tintín. Éstos, aun quedando satisfechos de la misma, no disfrutaron reiteradamente de la tensión que acompaña el desenlace acontecido en la misma.
Recuerdo a Jordi Tardà diciéndonos que no esperásemos ver una película hecha a imagen y semejanza de los libros de Hergé. Steven Spielberg haría “su propia y personal película”.
Al margen de ello, esta película, con sus seguidores y detractores, dio de sí un amplio abanico de productos derivados de merchandising que, aunque con el tiempo fracasaron, dieron auge e impulso a todo lo relacionado con la obra gráfica de Hergé.
“Si montamos una tienda de Tintín, la liamos parda”
Nosotros ya llevábamos unos cuantos años introducidos dentro del mundo de dicha afición como coleccionistas y moviéndonos por Europa, lo que ya suponía un bagaje considerable de conocimientos acerca del producto original y derivado que emana de los libros de Tintín y de los otros personajes dibujados por Hergé.
No pasaron más que unos cuantos días. Durante la puesta de largo de la película recibimos la invitación, por parte del distribuidor de producto tintinesco, a la inauguración, con fecha 10 de noviembre, de la tienda Tintinshop, que abría sus puertas en el recinto comercial de la plaza de toros Las Arenas, al lado mismo de la Plaza de España y de la Feria de Muestras de Montjuic de Barcelona.
La tienda se situaba en dicho recinto comercial, pero su ubicación no la encontramos precisamente muy adecuada. Estaba emplazada en una primera o segunda planta —no lo recuerdo—, de espaldas al aro central del Centro Comercial y, según nos informaron, algunas personas ni tan siquiera la supieron encontrar por sí mismas. Su espacio se reducía a más o menos 50 metros cuadrados y, cuando llegamos el día de la inauguración, ofrecía más encanto la gran cantidad de conocidos que asistieron al evento que la propia decoración y puesta de largo del establecimiento.
Después de entablar conversación con los presentes, departiendo conceptos como el objeto de regalo, de coleccionismo e incluso los artículos de uso diario —agendas, calendarios, llaveros, libretas, tazas, camisetas, etc.—, se brindó deseando mucha suerte a los responsables comerciales de dicho negocio porque, como bien pensé, la iban a necesitar.
Quisiera hacer hincapié en un hecho significativo a la hora de decidir ser una tienda al amparo y protección de Moulinsart en aquellos tiempos. Durante la inauguración estuvo presente la responsable de interiorismo de Moulinsart, Yifei Tchang, hija de Tchang Tchong Jen, gran amigo de Hergé, la cual estuvo durante toda la gala recolocando y decidiendo la ubicación de los productos dispuestos a su venta en la tienda, sacando de quicio a los responsables del negocio. Todo ello en medio de una situación festiva como pretendía ser la inauguración, dando la nota con una conducta del todo inapropiada. Todo un presagio para decidir, si se daba el caso, lo que no queríamos ser.
Finalizada la inauguración y de vuelta para nuestra morada, Mª Carmen y yo estuvimos reflexionando sobre el comercio inaugurado, llegando a la conclusión de que, si algún día se nos ocurría emprender una aventura de ese tipo, no seguiría ni de lejos el patrón establecido y exigido por Moulinsart a Tintinshop Las Arenas.
Encontramos dicho establecimiento muy blanco, con gran ausencia de color. Aséptico, insípido, sin alma, sin calor, puede que muy luminoso, dada su blancura general, pero no dejaba de ser un espacio parecido a la recepción de cualquier clínica sanitaria especializada. Solo rompía esa desazón el colorido del producto expuesto. Producto nuevo, sin historia, sin poso documental. En fin, un mínimo referente a la obra gráfica de Hergé más allá de cuatro o cuarenta artículos derivados. Ciertamente mejorable, aunque a nosotros nos sirvió para aprender lo que no queríamos que fuera una hipotética tienda de nuestra propiedad.
Llegamos a la conclusión que los responsables de dicho establecimiento no tenían ni la más mínima idea de lo que tenían entre manos, y que lo relevante de dicho negocio eran los resultados económicos en positivo, los cuales nos consta de que no se dieron con demasiada frecuencia, más allá de alguna campaña navideña que servía como flotador para salvar los muebles durante un par de meses posteriores.
Miren si esto fue así que, pasados unos días de la inauguración y llevando a cabo unas campañas de visualización y márquetin muy acertadas, el distribuidor nos pidió si podíamos acompañar al responsable de la tienda de Tintinshop, el señor Marc Picanyol, para darle apoyo con nuestra presencia y conocimientos como coleccionistas en una entrevista televisiva realizada en la cadena 8TV y dirigida por el periodista Pol Marçal.
La diferencia de conocimientos entre el bueno de Marc y yo era tan grande que cuando salí de dicha entrevista le dije a mi mujer: “Si montamos una tienda de Tintín, la liamos parda”. Esa frase en sí no quisiera que el lector se la tomara como arrogante o de ir de sobradito. Más bien al contrario. Era la constatación de lo que finalmente al poco tiempo sucedería.
En nuestro taller de imprenta, la crisis del 2010 empezaba a hacer estragos. Clientes que cerraban puertas, otros que tomaban decisiones empresariales mediante las que desaparecían o bien centralizaban sus compras a proveedores, la nueva tecnología digital que complicaba la labor compitiendo económicamente con el antiguo sistema de impresión en offset y, sumada a todo ello, la falta de ganas por reinventarnos dentro de dicho mercado, en el que tenías que buscar nuevos clientes a cuyas condiciones financieras y de calidad someterte.
Ese escenario provocaba en casa que, cada vez que vislumbrábamos un futuro inmediato, apareciera a la palestra la idea de montar una tienda dedicada a Tintín.
Contactamos con el distribuidor para saber cuáles eran las mínimas condiciones exigibles para abrir un negocio de esas características, y nos informó sobre dos opciones a desarrollar.
La primera opción era convertirnos en otro puesto Tintinshop con todas bondades que suponía: apoyo constante en promociones, utilización sin límites de las palabras registradas —Tintin, Haddock, Tornasol, Hergé, Milú, etc.—, tanto en publicidad como en la rotulación de la tienda, preferencia a la hora de acceder al producto exclusivo y limitado de nueva producción, etc., pero, como he explicado anteriormente, con un control férreo acerca de temas tan personales como pueden ser la colocación del producto en la tienda y su decoración.
Todas esas bondades, las cuales estaban muy bien —o no—, tenían unas contraprestaciones difíciles de asumir, ya que quedaba tajantemente prohibida la venta de artículos que no fueran de nueva comercialización por parte de Moulinsart y posteriormente de TintinImaginatio.
Eso suponía no poder vender libros de lomo de tela de distintas ediciones, y prohibía la venta de revistas como Le Journal Tintín, Coeurs Vaillant, Petit Vingtième, Diabetres, O Papagayo, productos marca Pixi, Troselieurs, Vilac, placas esmaltadas, alfombras Axis, esculturas Aroutcheff, etc. En definitiva, todo un compendio de producto y conocimientos a los que se les cerraba el paso comercialmente si pretendías ser un Tintinshop.
La segunda opción era convertirnos en una tienda liberada, sin opción a las bondades que tenía acceso un Tintinshop —uso de nomenclatura tintinesca, preferencia en la adquisición del producto, etc—.
Esta segunda opción nos daba la oportunidad de poner a disposición de nuestros clientes una gran cantidad de producto derivado y original de todo tipo, que fue apareciendo en el mercado desde principios del siglo pasado, pudiendo ofrecer a todos los interesados una gran cantidad de conocimientos que nosotros habíamos ido adquiriendo durante más de quince años como coleccionistas.
Muy a pesar de tener que rechazar las condiciones favorables que nos suponía el decidir ser otro nuevo Tintinshop en Barcelona, preferimos poner encima de la mesa a disposición del público en general toda esa amalgama de conocimientos adquiridos durante casi dos décadas, y optar por la opción de ser una tienda liberada con productos tintinescos oficiales de toda índole y de tiempos pretéritos.
Tomada esa decisión, y enfrascados en una ilusión que se nos hacía impensable después de haber emprendido este camino tintinesco con grandes frustraciones de juventud como lastre emocional, pasados los años, y a punto de emprender este nuevo reto repleto de emociones al entorno de la obra de Hergé, me referiré a una frase del escritor catalán Josep Pla, en la que decía en uno de sus escritos:
La vida es como un reloj de péndulo que deambula de izquierda a derecha, ofreciéndonos con su constante vaivén el paso de la alegría a la tristeza, del regocijo a la incomodidad, de una hemorragia de satisfacción a la ingesta de sapos nocivos. Eso sí, todo ello mientras el péndulo no se pare. Si se para… ya saben, dejas de existir.
Y todo ese discurrir por una montaña rusa bautizada con el nombre de “Cantonet, el racó tintinaire”, como si fuera ese péndulo, es lo que iré narrando en próximos artículos.
De momento nos queda regocijarnos con el pensamiento de que por azar y durante muchos años, mientras el péndulo dance… siempre nos quedará Tintín.





Enric, genial y sin pelos en la lengua.
Es bien cierto la máxima de que la felicidad consiste en hacer felices a los demás, y tú con tus actos y emociones bien has hecho felices a mucha gente entre las que me incluyo.
No dejes de soñar, no dejes de “rular el coco” porque nos daremos cuenta de tus ideas, tus proyectos, tu stand, cuando digas hasta aqui he llegado y ahora quiero ver los toros desde la barrera y entonces es cuando hasta tus amigos e incluso tus detractores, te echarán de menos, aunque como bien culminas en tus preciosos artículos en Zenda, SIEMPRE NOS QUEDARÁ TINTIN.
Abrazos.
Triunfar en el mundo de Tintín no fue nada fàcil a la vista de dichas vivencias