Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Sábado, 2 de mayo de 1936: Interviene la Motorizada
Los de la Motorizada eran chíbiris. Del sindicato de panaderos, para ser concretos. Miembros de la Juventud Socialista Madrileña que controlaba Indalecio Prieto y que fueron bautizados así por su afición a los automóviles. Todos pasaron la noche en Cuenca, escoltando al líder socialista, y una vez regresaron este y los restantes diputados a Madrid, se quedaron el fin de semana.
—Hay que iniciar la recogida de actas mientras todavía se halla el escrutinio en pleno desarrollo. Pistola en mano, si resulta necesario. Y si se puede con la firma en blanco de los miembros de las mesas, mejor. ¿Lo entendéis?
—¡Sí!
Su autobús seguía detenido frente al casino quemado. El ambiente estaba enrarecido. Las miradas de los conquenses no eran amistosas. Por su parte, el gobernador civil, que ya había ordenado la detención de algunas personalidades derechistas, salió a su encuentro, en plena plaza, entre guardias con el fusil a la vista. Tras estrechar la mano a Cuenca y a Puente, regaló a todos una amplia sonrisa.
—Muchachos. El señor Casares Quiroga insiste en que hay que ganar a toda costa estas elecciones. Como explicó ayer Prieto en su brillante mitin, son mucho más que unas elecciones locales, y en sus manos está…
El político destilaba cinismo en la sonrisa. Estaba, como cualquier autoridad municipal, corrompido hasta el tuétano por las prácticas caciquiles, pero no parecía avergonzarse de ello. Al contrario: consideraba que entender la política de manera diferente era ingenuidad. Y daba por hecho que el resto pensaba como él. Sabía que la Motorizada tenía pactada su recompensa con su jefe madrileño. Aun así, añadió:
—Esta mañana me ha vuelto a telefonear desde Madrid el ministro de la Gobernación. El señor Casares Quiroga me dice, insisto, que tiene previsto invitarlos a todos mañana, a su vuelta, a cenar en el restaurante Los Burgaleses. Es una cena donde también estará presente don Inda. Los dos quieren recompensarles como es debido por su desinteresada ayuda. Pero antes, por supuesto, hay trabajo por hacer. Bienvenidos a Cuenca. El día será largo.
El sol brilló en lo alto de un cielo despejado. La luz caía a plomo sobre las decenas de chíbiris que empezaron a seguir al gobernador civil, camino de los colegios electorales.
La jornada no hacía más que empezar.


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