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Cristina Fanjul y su reenfoque novelístico de la guerra civil

Cristina Fanjul y su reenfoque novelístico de la guerra civil

La novela La isla de Garibaldi fue titulada así en referencia a un territorio insular mediterráneo que no se menciona expresamente en el texto. No importa que no se especifique el lugar concreto donde se inició aquella empresa política del patriota italiano Giuseppe Garibaldi, dado que puede entenderse que se hace alusión a la genovesa isla de Quarto, o a Sicilia. En cualquier supuesto, lo que sí importa es que a esa isla se la evoca en la obra como simbolismo de que en la vida puede haber un nuevo comienzo después de arrostrar profundos traumas individuales en el marco de otros que lo fueron colectivos. Sería un comienzo basado en una suerte de paz interior lograda a vueltas de hacer memoria de los avatares histórico-políticos españoles del siglo XX, en los que sobresalen la monarquía de Alfonso XIII, la Segunda República y la guerra civil que estalló en julio de 1936, pero hacerla también de la dictadura franquista, de la transición a la democracia, y de la España de la monarquía constitucional hasta las dos décadas primeras del XXI.

Este período histórico tan amplio abarca La isla de Garibaldi, novela que es la primera que ha publicado Cristina Fanjul, periodista del Diario de León, que en ese rotativo se ocupa preferentemente de temas culturales, así como de la columna de opinión “El baile del ahorcado”, estando a su cargo asimismo dos secciones, Exterior y Revista. Ejercitada en el periodismo de investigación, una práctica cada vez más necesaria y determinante, así como en la modalidad del reportaje, se le debe en coautoría con Víctor del Reguero un libro publicado en 2024 en el que se indagan nexos entre los intereses del poder proyectados crudamente desde una zona minera. El título de dicho libro, en el que resuena el nombre del personaje ficticio del don Vito Corleone siciliano, resulta tan sugeridor como elocuente: Don Vito: Una historia de mafia, política y carbón.

"De las minas de carbón bercianas se deshará, vendiéndolas, su última propietaria, Sara, una de las protagonistas centrales de La isla de Garibaldi"

Tanto el asunto como el mapa geográfico del referido ensayo de investigación también van a ser nucleares en la novela editada en 2025 por Eolas Ediciones, porque en esas páginas juegan un papel sustancial las minas carboníferas enclavadas en la comarca leonesa de El Bierzo, lo que convierte al relato en un nuevo aporte valioso a una temática insuficientemente estudiada, que en las letras españolas ha tenido cultivadores relevantes, y en distintos géneros literarios. La lista de títulos que pudieran ser invocados sería enorme, y por tanto me voy a limitar a poquísimos en los distintos géneros. Recordemos sendas piezas escénicas de los años treinta del pasado siglo, la de Carmen Conde Mineros, y la de Miguel Hernández Los hijos de la piedra. Por esos años compuso José María Morón los poemas de su Minero de estrellas, y lustros después, ya en 1960, Armando López Salinas iba a publicar su novela La mina.    

De las minas de carbón bercianas se deshará, vendiéndolas, su última propietaria, Sara, una de las protagonistas centrales de La isla de Garibaldi. Las vende con el fin de tratar de poner punto final a tantas situaciones ingratas generadas a raíz de episodios acaecidos en aquel espacio comarcano de Torre del Bierzo y en la España que abarca la extensa cronología de la novela. Dicho espacio comparte ligamen geográfico con Las Médulas, con Corullón, con el lago de Carucedo, así como con otro también leonés, aunque capitalino, la ciudad de León, algunas de cuyas calles más renombradas, Ancha, Ordoño y Alcázar de Toledo, o la plaza de santo Domingo y la llamada del caño Santa Ana, así como algunos de sus monumentos emblemáticos, por ejemplo la seo catedralicia, la colegiata de san Isidoro, el palacete de Sierra Pambley, la columna trajana, constituyen referencias que, como la de Puente Castro, proporcionan al relato un remarcable color local.

"La trama gira en torno a la insólita y laberíntica peripecia de un coronel del ejército español, Marcelo Aceval, que en tiempos de Alfonso XIII participa en una guerra en la que no creía, la del Rif"

A las antedichas referencias ambientales se suma, además del factor topográfico, el onomasiológico, toda vez que el personaje de Nonia lleva un nombre con muchas resonancias leonesas, debido a que santa Nonia era la esposa del mártir cristiano san Marcelo, patrón de León. Y resulta que Marcelo es el nombre de uno de los protagonistas clave de la obra. Pero mucho más allá de ese marco, en La isla de Garibaldi se escenifican hechos que suceden en otros enclaves peninsulares, entre ellos en las ciudades de Madrid, Barcelona y Alicante, y el municipio asturiano de Luarca.

La clave ficcional de La isla de Garibaldi la constituye un relato de culpa unido al intento de redención de la misma, un relato que se despliega a través de rememoraciones de los hechos que justifican tanto el amargo peso emocional de la culpabilidad como las acciones compensatorias con las que se pretende aliviarla. La trama gira en torno a la insólita y laberíntica peripecia de un coronel del ejército español, Marcelo Aceval, que en tiempos de Alfonso XIII participa en una guerra en la que no creía, la del Rif, y tras el desastre de Annual acaba como prisionero concentracionario en el norte de África, en la cárcel de Axdir.

"En labios de Marcelo y de Sara ha puesto la novelista los numerosos discursos que van jalonando La isla de Garibaldi. En algunas ocasiones tales discursos se atienen a la fórmula del ya inveterado monólogo interior"

Reclutado después para Servicios Especiales Reservados, informará sobre la tragedia de la que había sido testigo al general Picasso, responsable de investigar las causas del desastre militar de Annual, que iba a servir como pretexto para la dictadura militar de Miguel Primo de Rivera. Durante la Segunda República sigue trabajando en misiones secretas, lo que le permitiría establecer contactos con numerosos personajes del más alto relieve político, entre ellos Melquíades Álvarez, Manuel Azaña, Largo Caballero, Fermín Galán, Marcelino Domingo, Juan Negrín, así como con espías de algunas potencias europeas formalmente no beligerantes que, sin embargo, gestionaban intrigas políticas relacionadas con el curso de la guerra española. Habiendo vivido unos meses como exiliado en Francia, regresa a León, “una de las primeras ciudades en las que se declaró la República, y seis años después protagonizó los primeros disparos de la sublevación”, se recuerda en el capítulo 9 de la novela. Allí se le encarcela acusado de ser un rojo y un traidor a la patria, siendo fusilado en la ciudad, donde estaba viviendo prácticamente de incógnito.

Marcelo Aceval asume en La isla de Garibaldi una de las voces sobresalientes en el relato, como también ocurre en el caso de su hija Sara, que lo es también de Aurora, su esposa, y condesa de Toreno. Mujer universitaria con muchos arrestos, y que acabó con el tiempo votando a Felipe González, había sido una de las republicanas del grupo desafiante de las “sin sombrero”, aunque se hará falangista al comienzo de la posguerra. El cónyuge había podido librarse de morir de un pistoletazo anteriormente, cuando en el feudo minero de El Bierzo el personaje de la abnegada sirvienta Doro, por Dorotea, convenció a un minero familiar suyo, Matías Rubio, para que se prestase a ser abatido en vez del patrón consorte. La salud de Matías ya era muy precaria por los estragos que en su cuerpo le había ocasionado la mina, lo que facilitó que le hiciese tamaña propuesta a alguien considerado casi como un moribundo. Muerto el minero, fue enterrado en el panteón familiar que tenía la condesa en el cementerio parroquial de Luarca simulando que el sepultado era el coronel, quien desde ese momento habrá de ocultar su verdadera identidad hasta que, como dije recién, fue fusilado en León justo cuando se cumplían varios años de la proclamación de la República.

"Entre los valores creativos de La isla de Garibaldi subrayaríamos el hecho de superar la novelista con pericia el reto novelesco que implicaba una trama muy compleja, así como la viveza e interés de tantos diálogos en torno a España como cuestión histórica"

En labios de Marcelo y de Sara ha puesto la novelista los numerosos discursos que van jalonando La isla de Garibaldi. En algunas ocasiones tales discursos se atienen a la fórmula, tan empleada en la narrativa escrita por autoras, del ya inveterado monólogo interior. Esos monólogos mayormente se expresan con implicaciones epistolarizadas, y no siempre coinciden las personas destinatarias. Esta práctica es una de las más axiales en la novela, en la que asimismo descuellan los constantes cambios de contextos históricos, temporales y de enclaves geográficos, así como varios episodios muy tremendos. Citaré tres de ellos, a cual más espeluznante: las pésimas condiciones de supervivencia en el campo de concentración africano de Axdir; los peligrosísimos trabajos en las minas bercianas, y la angustia de las gentes republicanas que en el puerto marítimo de Alicante trataron sin conseguirlo de huir al exilio al final de la guerra y fueron concentrados por los vencedores en diversos lugares alicantinos al término de la guerra.

En virtud de haber contextualizado tantos episodios de su novela en tierras leonesas, Cristina Fanjul se ha unido a otros significativos autores y autoras que hicieron otro tanto, así Juan Benet, Luis Mateo Díez y Nativel Preciado, por circunscribirnos solo a tres. Sin embargo, el hecho de que en la novela se ponga énfasis en la guerra civil hace más notable la similitud con Camino de hierro, de la recién citada narradora madrileña, a la vez periodista también. Añadiría aún que, como algunas circunstancias de la novela giran también en torno a la extracción del wolframio en la comarca del Bierzo, del que pretendía apoderarse Alemania, ese motivo argumental permite en algunos momentos la conexión de La isla de Garibaldi con la novela polifónica de Raúl Guerra Garrido El año del Wólfram.

Anoto por último que entre los valores creativos de La isla de Garibaldi subrayaríamos el hecho de superar la novelista con pericia el reto novelesco que implicaba una trama muy compleja, así como la viveza e interés de tantos diálogos en torno a España como cuestión histórica. Con todo, ponderaría sobre todo el reenfoque de casi cien años de historia española desde una memoria de la guerra civil que se encuadra en el amplio marco que va desde la guerra africana del Rif hasta el presente.

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Autor: Cristina Fanjul. Título: La isla de Garibaldi. Editorial: Eolas Ediciones. Venta: Todos tus libros.

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