Sostiene Irvine Welsh que “es más enriquecedor llegar al conocimiento a través de la lectura y el estudio”. Esa frase es importante, y lo es todavía más porque el autor de Trainspotting la dijo rodeado de libros, los de las casetas de la Feria de Málaga, que celebraba su 55.ª edición, y lo hizo por todo lo alto. Además del escritor escocés, pasaron por la ciudad andaluza autores internacionales como Alan Hollinghurst —Premio Booker y Premio David Cohen—, Andrés Neuman y François Jaran-Duquette; y nacionales como María Dueñas, Lorenzo Silva, Bernardo Atxaga y Esther García Llovet.
La feria comenzó el jueves 30 de abril con el pregón de Esther García Llovet. La autora de Gordo de feria (Anagrama, 2021) destacó en su discurso que “para escribir hace falta imaginación, eso por descontado, pero para leer también”. Durante ese acto inaugural se presentó la imagen de esta edición, diseñada por el estudio Santa Rita, bajo el lema “Libros con olor a litoral”. Un homenaje al entorno marítimo de la ciudad y a la revista Litoral —publicación vinculada históricamente a la Generación del 27— en su centenario. En ese arranque de la feria participó Lorenzo Silva para hablar, junto a Marta Robles, de su última novela, Con nadie (Destino), que narra la vida y la muerte del general Campins, ejecutado por sus compañeros de armas al comienzo de la Guerra Civil por no unirse al golpe de Estado.
El fin de semana, García Llovet volvió a tener protagonismo con la presentación de su última novela, Las jefas (Anagrama, 2026), junto a Vicente Luis Mora. También fue el turno para Bernardo Atxaga y sus Golondrinas (Alfaguara). Además, estuvieron en la ciudad andaluza Llucia Ramis, autora de uno de los libros que hemos recomendado en Zenda esta temporada, Un metro cuadrado (Libros del Asteroide), una reflexión sobre la manera en que nos influye el lugar que habitamos; y el presentador de televisión Vicente Vallés, que conversó con Manuel García Iborra sobre su última novela, La caza del ejecutor (Espasa), una novela de espías que nos recuerda que el mundo actual se parece demasiado al de la Guerra Fría. Como no podía ser de otra forma, el inefable Donald Trump se coló en la conversación: “El futuro de Trump dependerá de si mantiene el control de la Cámara de Representantes; si no lo logra, le esperan dos años durísimos”.
Durante la semana continuó el trasiego de autores y lectores por el parque de Málaga a la espera de la gran traca final, que comenzó con la llegada a la feria de Laura Chivite. El viernes fue el momento para uno de los escritores británicos más importantes de la actualidad, Alan Hollinghurst, que llegó a la capital andaluza con su última novela, quizás la mejor que ha escrito nunca, Nuestras veladas (Anagrama). El premio Booker nos dejó un titular para la reflexión: “Hemos vivido una conquista de libertades, pero también un retroceso en los últimos años”. La jornada terminó con la entrega del Premio Feria del Libro 2026 al Festival de Poesía Irreconciliables. El galardón lo recibieron Violeta Niebla y Ángelo Néstore, actuales organizadores y herederos del legado de Paco Cumpián, poeta, editor y fundador del certamen.
El sábado llegó a la feria una invitada sorpresa, la lluvia, que obligó a cambiar el acto de María Dueñas del Espacio Eduardo Ocón al Patio de Banderas del Ayuntamiento; esto no fue un inconveniente para que la legión de lectoras de la autora de Por si un día volvemos (Planeta) llenaran a reventar el recinto para escuchar su charla con Inma Aguilera. El día anterior tuve la suerte de presentar a Hollinghurst y el sábado también disfruté de la oportunidad de conversar junto al periodista Agustín Rivera de mi libro La guerra que cambió España (Ediciones B). Qué complicado poder resumir en una sola frase la amable hospitalidad y las atenciones que hemos disfrutado autores y presentadores estos días en Málaga. Avanzar hacia un mayor reconocimiento sin perder la cercanía; ese es el reto de cualquier evento, y en esta feria lo han conseguido con nota.
Y por la tarde del sábado llegó uno de los momentos más esperados de estos días librescos, toda una primicia, la presentación de la secuela de Trainspotting, la novela Hombres enamorados (Anagrama). El autor escocés habló de su libro y también de otros temas como el mundo digital: “Las redes sociales son mucho más tóxicas que la heroína”. También dio su opinión sobre cómo ve este siglo XXI: “No me gustaría volver a tener 20 años, porque falta mucha libertad”. La traca final estuvo protagonizada por el escritor Andrés Neuman, que llegó a Málaga con Vengo de ver (La Bella Varsovia), un poemario sobre nuestros impulsos de extinción y de amor como un mito de origen contemporáneo; y por el periodista Juan Cruz, que conversó con José María de Loma sobre Inolvidables (Galaxia Gutenberg), un libro que recoge una treintena de sus charlas con personajes clave de la literatura del siglo XX, como Gabriel García Márquez, Günter Grass, Mario Vargas Llosa o Javier Marías.
El domingo tocó bajar las persianas de las casetas. La encargada de despedir esta edición de la Feria del libro de Málaga fue la poeta y filósofa Chantal Maillard, premio Zenda de poesía, que ofreció la conferencia de clausura. La coda musical y lírica la pusieron la cantante María Rodés y la escritora y traductora María López Villalba con un concierto en el que fusionaron música y poesía. No nos pongamos tristes; ya sólo quedan 365 días para que los libros vuelvan a conquistar el paseo del Parque de Málaga. Mientras tanto, recuerden que los libreros les esperan con las estanterías cargadas de clásicos y novedades.









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