Hay comienzos que invitan a la lectura; otros, más raros, la exigen. La última novela de Luis Zueco pertenece sin duda a esta segunda categoría. Antes incluso de adentrarse en materia narrativa, el autor despliega tres fogonazos iniciales que obligan al lector a detenerse, a frotarse los ojos y, casi, a tomar conciencia de que está a punto de cruzar un umbral.
El segundo fogonazo nos remite directamente a la voz de Francisco de Goya y Lucientes, en un informe dirigido a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde defiende la libertad creadora frente a las ataduras normativas. Es, en esencia, el manifiesto de un artista que entiende que toda regla impuesta es una frontera para el genio.
El tercero nos sitúa ya en el terreno del misterio: el anuncio en un periódico de la puesta a la venta de su libro de grabados, al que titula Los Caprichos. Tras una acogida exitosa, el autor ordena de inmediato, a las dos semanas del inicio de la promoción, su súbita retirada. El desconcierto es absoluto. Nadie sabe por qué. Pero en los salones, tertulias y mentideros de la corte el rumor se propaga como un rayo. El deseo de poseer la obra crece al mismo ritmo que el temor a hacerlo.
Nunca el comienzo de una novela me ha impactado tanto, lo recordaré mucho tiempo. También ha despertado en mí el deseo de descubrir qué ocurre y que misterios se esconden tras esa renuncia al éxito artístico y económico por parte de Goya.
La novela histórica que tengo entre mis manos da comienzo con un prólogo que actúa con un efecto multiplicador en mi deseo de zambullirme en la lectura. Me siento, así, esclavo de una curiosidad casi morbosa por desentrañar los misterios de la historia que cuenta el ingeniero, escritor y conservador de castillos medievales Luis Zueco en su reciente publicación titulada El Juicio. La Inquisición contra Goya.
La narración se abre paso en un tiempo convulso: en el cambio de siglo, año 1800, es cuando las ideas ilustradas comienzan a agrietar los cimientos de un mundo todavía dominado por viejas estructuras. En ese escenario, Zueco describe a un Goya inconformista, cercano al poder pero incómodo en él, consciente de que su arte puede convertirse en un arma. Y, una vez más, pocas armas son tan peligrosas como la sátira que se desprende de los pinceles del genio de Fuendetodos.
La novela construye, con pulso firme, una intriga en la que se entrelazan conspiraciones, persecuciones y preguntas sin respuesta como: ¿Es posible que haya un nuevo cuadro de Venus? ¿Qué contenían los grabados para retirar el libro? ¿Qué motivó la renuncia al éxito artístico y económico?
El elemento central de la historia que cuenta Zueco empieza siendo Los Caprichos, una serie de grabados que, más que una obra artística, funcionan como un espejo deformante, y por ello profundamente veraz, de los males de su tiempo. En ellas, Francisco de Goya y Lucientes no solo retrata la sociedad; la desenmascara. Y ahí reside su peligro. Porque en una España vigilada por la Santa Inquisición, mostrar la verdad podía equivaler a una condena.
La trama se complica con la llegada a Madrid, procedente de las américas, de la joven Angélina Díez, quien introduce una perspectiva narrativa que humaniza el conflicto y lo acerca al lector. Su deseo de abrirse paso en la sociedad la conduce hasta Goya, pero lo que comienza con un encargo, un retrato, y la contrapartida que le solicita el pintor por realizarlo, termina arrastrando a los dos a un conflicto donde el arte, la política, la justicia inquisitorial y el miedo se entrelazan de forma inexorable.
Literariamente se puede afirmar que la estructura que diseña Zueco roza la perfección. Los elementos que conforman el esqueleto de la novela permiten una lectura fácil y atractiva. La trama es brillante, los personajes, complejos y bien desarrollados. La introducción es soberbia; el nudo despliega una historia marcada por la cruda realidad en la España en tiempos de Carlos IV y, por último, en cuanto al desenlace, puedo afirmar que la realidad de lo acontecido en este episodio de la vida de Goya supera cualquier final que la ficción hubiera podido proponer.
La novela de Zueco termina con un acierto similar a como empezó. El autor da, a través de varias notas finales, en número de nueve, profusas explicaciones que permiten aclarar muchos de los pasos que ha recorrido en las tareas de investigación y documentación. Estas explicaciones ayudan a entender la génesis y el desarrollo del libro.
El autor logra así algo más que una novela histórica: construye un relato vibrante que explora el momento en que un hombre va camino de convertirse en un mito. Pero lo hace sin caer en la hagiografía, mostrando a un Goya alejado del divismo artístico. Es un hombre del pueblo, profundamente humano, que anda por la vida viendo y observando lo que le rodea: sordo, aislado y vulnerable, consciente del riesgo que asume al desafiar con su talento y arte el orden establecido. Porque ese es, en última instancia, la gran idea que atraviesa la obra: no hay arma más afilada que el arte de un genio cuando se enfrenta al poder.
Y quizás por eso, al cerrar el libro, permanece una inquietud que va más allá de la ficción: si aquellas imágenes resultaban peligrosas hace más de dos siglos, ¿hasta qué punto hemos dejado de temer hoy a quienes, como Goya, se atreven a mirar la realidad sin filtros? ¿Tan anestesiada está nuestra conciencia colectiva que hemos dejado de echar de menos a artistas como Francisco Goya, capaces de convertir unos cuadros en un acto de rebelión?
No parece aventurado afirmar que El Juicio, por todo lo expuesto, acabará situándose entre las novelas históricas más demandadas por el público en el actual panorama literario.
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Autor: Luis Zueco. Título: El Juicio. La Inquisición contra Goya. Editorial: Ediciones B. Venta: Todos tus libros.


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