Hablar de José Ángel Mañas es hacerlo de una de las figuras más representativas de la narrativa española contemporánea surgida en la década de los noventa. Integrante de la llamada generación neorrealista, su nombre quedó definitivamente fijado en el panorama literario tras ser finalista del premio Nadal con su primera novela, Historias del Kronen, obra que además dio el salto al cine con una adaptación galardonada en los premios Goya. No sería este su único vínculo con el séptimo arte: su novela Mensaka también obtendría reconocimiento en dichos premios gracias a su guion. A lo largo de su trayectoria ha sido asimismo distinguido con galardones como el Ateneo de Sevilla, el Santa Cruz de Tenerife o el premio Atrevidos 2026.
Su más reciente obra, El enigma del Papa Luna, reconocida con el premio Letras del Mediterráneo, supone un nuevo paso en esa consolidación dentro de la novela histórica. En ella, Mañas se adentra en uno de los episodios más convulsos de la historia de la Iglesia: el Cisma de Occidente.
El contexto sobre el que se cimenta la novela es el citado conflicto, surgido tras la existencia de dos sedes papales, una en Aviñón y otra en Roma. La conflictiva elección de Urbano VI provocó que un grupo de cardenales designara a Clemente VII, dando lugar a la aparición de dos papas rivales y a la consiguiente división política de Europa. El intento de resolver la crisis en el Concilio de Pisa no hizo sino agravarla, al originar la elección de un tercer pontífice. Finalmente, el cisma se resolvió en el Concilio de Constanza con la elección de Martín V como único papa, si bien el llamado Papa Luna nunca aceptó esta decisión.
Mañas utiliza a un sobrino de Pedro de Luna —quien adoptó el nombre papal de Benedicto XIII— para narrar la historia. Ese sobrino, llamado Rodrigo de Luna, supuestamente escribió en latín un testimonio autobiográfico en el que afirma “haber asistido a la mayor parte de los hechos del pontificado”. El relato se inicia con una asamblea de notables —miembros de la realeza, la nobleza, el clero y profesores de la Sorbona— reunidos en la Santa Capilla de París, donde debaten y acuerdan la necesidad de poner fin al cisma, instando a los papas de Aviñón y Roma a avanzar hacia la unificación mediante las vías de la cesión, el concilio y el compromiso.
Benedicto XIII, según lo describe el autor, trabajó siempre en favor de la paz y la unidad. Fue un hombre justo, de encomiable severidad religiosa, cercano en muchos aspectos a la idea de santidad. Antes de su elección había aceptado la vía de la cesión y, ya como pontífice, conservaba un documento que así lo acreditaba: lo mostraba pero nunca lo entregaba. Con el paso del tiempo, desestimó su renuncia personal y defendió una solución basada en la abdicación mutua, tanto la suya como la del antipapa de Roma, con el fin de alcanzar un acuerdo entre ambas partes.
Uno de los mayores logros de la novela no radica tanto en la recreación del contexto histórico —impecable, por otra parte— como en la compleja arquitectura moral de sus personajes. El Papa Luna emerge así no como un simple defensor del concepto de que la Iglesia sea una, sino como una figura atravesada por una paradoja esencial: cuanto más firme es su compromiso con esa unidad, más contribuye, de hecho, a su fractura. En esa tensión, sostenida hasta el extremo, se cifra no solo el drama del personaje, sino también la inteligencia narrativa de Mañas.
Pedro Luna, según demuestra a lo largo del libro Mañas, fue un hombre extremadamente culto y observador meticuloso de los preceptos religiosos, pero, sobre todo, terco como buen aragonés. Su célebre obstinación ha trascendido la historia para instalarse en el lenguaje popular: la expresión “mantenerse en sus trece” —que alude a la firmeza en una postura sin ceder— encuentra su origen en el ordinal de su nombre papal y en su negativa a renunciar a la tiara de San Pedro. Fue, además, el último pontífice de Aviñón, depuesto y declarado antipapa por el concilio de Constanza.
La obra no solo destaca por su rigor histórico, sino también por su capacidad de entretenimiento. José Ángel Mañas (Madrid, 1971), licenciado en Historia y políglota, demuestra una vez más su habilidad para combinar una documentación exhaustiva con una narrativa ágil. El resultado es una novela que atrapa tanto al lector interesado en la historia como a quien busca una trama bien construida y personajes verosímiles.
Tras más de treinta años de carrera y una bibliografía en constante crecimiento —en la que El enigma del Papa Luna ocupa el lugar cuadragésimo séptimo—, José Ángel Mañas confirma que sigue en plena forma creativa. Su curiosidad intelectual permanece intacta, así como su habilidad para descubrir y reinterpretar episodios del pasado, dotándolos de una nueva vida literaria.
En definitiva, puede afirmarse que, una vez más, Mañas acierta plenamente en la elección de la historia y del personaje. A ello se suma la fortuna de que, en el transcurso de su labor de investigación, se encuentra con uno de los descendientes directos de Pedro de Luna, quien le facilita toda la documentación que ha conservado la familia a lo largo de los siglos. Esta documentación, aunque limitada, contribuye a reforzar la verosimilitud del relato y aporta un valioso testimonio sobre lo vivido por el Papa Luna.
Para finalizar quisiera dejar constancia de dos matices que me hizo sentir la novela de Mañas: En primer lugar, a lo largo de la novela no encontré ningún aspecto que me obligara a hacer una crítica negativa, lo que constituye una prueba inequívoca de lo que ya afirmé: Mañas es un profesional de la escritura talentoso, solvente y dominador de su oficio. En segundo lugar, en el libro habita una historia que, más allá de sus páginas, confirma que la literatura sigue siendo el mejor lugar para comprender los defectos de los hombres como, en este caso, la obstinación.
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Autor: José Ángel Mañas. Título: El enigma del Papa Luna. Editorial: La Esfera de los Libros. Venta: Todos tus libros.


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