Transición, de Eva G. Guerrero y José Ángel Mañas, llegará a librerías en septiembre, pero habrá una preventa exclusiva en el festival Celsius 232 de Terror, Fantasía y Ciencia Ficción, donde los lectores podrán comprarla. La presentación será el día 15 de julio. ¡Os esperamos!
Eva G. Guerrero escribe en Zenda acerca del proceso de gestación de la obra.
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Finales de enero de 2024, viernes de tardeo.
—Hola Eva. Me he tomado el atrevimiento de recomendarte a una editora vasca que está publicando una saga de ciencia ficción: La experiencia U-Feeling. Son novelitas cortas muy potentes de unas 80 o 90 páginas. El universo lo ha creado José Ángel Mañas, el de Historias del Kronen. Ha invitado a un par de autores y ahora busca una escritora de ciencia ficción. Habiéndote leído me parece un match perfecto. Le he pasado tu contacto. Espero que no te disguste.
—Todo lo contario, Jorge Iván. Me parece perfecto. Te agradezco que hayas pensado en mí.
Sentada en un silloncito añil del Varsovia, me quedo ensimismada admirando el estilo art decó que lo impregna todo. La conversación alrededor se sumerge en una especie de silencio de algodón, porque en mi mente abotargada solo cabe una editora vasca y José Ángel Mañas, el de Historias del Kronen, esa novela generacional que retrató el desencanto, el exceso y la juventud urbana de los 90. Es decir, a toda una generación a la que pertenezco, aunque yo nunca fui excesiva, sino más bien soñadora. Supongo que por eso terminé escribiendo novelas fantásticas. Mientras los demás beben y ríen, yo gugleo: «U-Feeling». Descubro que las tramas de las anteriores novelas giran en torno al intercambio de cuerpos y todo me descoloca. ¿Mañas escribe ciencia ficción? ¿Cambios de cuerpos? ¿Perspectiva femenina? Y a pesar de tantas preguntas, debajo de la extrañeza emerge la ilusión como un iceberg desafiante y de inmediato el corazón se me desboca.
—¿Qué te pido, Eva? —pregunta mi marido.
—Eh… un Cosmopolitan.
La atmósfera trampa del local —la de sentirte a gusto en un pasado mejor que ni siquiera viviste— y un nuevo proyecto en ciernes lo llena todo de un glamur vintage. La posibilidad de escribir ciencia ficción junto a uno de los autores que ha marcado mi juventud tiene algo de puerta inesperada. Al futuro. En ese pasado que relato, a principios de 2024, el del inicio de esta aventura a cuatro manos que ha sido escribir Transición, todavía no sabía que esa coctelería a los pies del hotel más alto de la ciudad acabaría convirtiéndose en uno de los escenarios de la historia que imaginaríamos, igual que otros rincones de Madrid se infiltrarían en la futura novela de la mano de Mañas. Tampoco que la propuesta inicial de escribir una novelita corta terminaría transformándose en un reto mucho más ambicioso.
Todo cambió cuando Mañas me pidió una sinopsis.
La idea general giraba alrededor de un intercambio corporal entre hombre y mujer dentro del universo U-Feeling. Parecía una premisa sencilla, casi lúdica, pero en cuanto me puse a pensar en sus implicaciones emocionales, políticas y sociales, la historia comenzó a crecer sola. Soy escritora, sin querer, sobre todo de ciencia ficción. Señalo «sin querer», porque las historias surgen en el imaginario de los juntaletras de millones de formas distintas, en mi caso, en esa grieta en el cerebro de los soñadores por donde se cuela lo posible y lo imposible, las historias suelen nacer de una pregunta: «¿Y si…?». La pregunta contrafactual que rompe la realidad y abre posibilidades alternativas.
¿Y si existiera una tecnología capaz de intercambiar cuerpos?
Esa fue la cuestión inicial. Dentro de ese marco tecnológico y con la premisa intercambio mujer-hombre mis obsesiones se desataron: el cuerpo como territorio político, la identidad como construcción, el privilegio, el poder, la violencia, el deseo de escapar de uno mismo. ¿Es posible seguir amando a alguien si deja de tener su rostro? ¿Y qué pasa cuando regresamos a nuestro viejo cuerpo, qué secuelas quedan? ¿Seguirías siendo tú con el cuerpo de otro? ¿Y si pudieras experimentar el privilegio desde dentro? ¿Hasta dónde llegarías para cambiar un sistema opresor?
Lo maravilloso de la ciencia ficción es cuando surgen las preguntas incómodas, y esta novela rebosaba de ellas incluso antes de plasmarse en palabras. Porque no significa lo mismo habitar un cuerpo masculino que uno femenino. No significa lo mismo caminar por el mundo siendo observado que siendo temido. No significa lo mismo ocupar un cuerpo que históricamente ha sido vigilado, deseado o violentado, que uno acostumbrado a ejercer el poder sin pensar siquiera en él.
Entonces se abre un terreno filosófico y literario fascinante, porque las ramificaciones comienzan a multiplicarse en todas direcciones: políticas, sociales, éticas, sexuales, identitarias. Y es ahí donde la ciencia ficción despliega toda su potencia, no como una forma de predecir el futuro —ya decía Úrsula K. Le Guin que la ciencia ficción no predice el futuro; lo describe— sino de tensionar el presente hasta obligarnos a mirar aquello que preferimos no ver.
Envié la sinopsis y Mañas contestó enseguida. «Pero ¿cómo vamos a meter todo esto en una novela de cien páginas? ¡Me encanta!».
Ahí empezaron nuestros debates y mil enjundiosas reflexiones sobre maneras distintas de abordar el género, porque Transición tiene alma cifi y cuerpo de thriller. Como lo tiene Blade Runner, de Ridley Scott, la gran referencia que manejábamos ambos, junto con muchas otras: Gattaca, Black Mirror, Altered Carbon. Y cuanto más profundizábamos en estas ideas más complejo se volvía encontrar un equilibrio. ¿Cómo desarrollar ciertos temas sin convertir la novela en un sermón? ¿Cómo mantener zonas grises morales? ¿Cómo armonizar nuestras voces y conjugar ambas miradas? Mujer y hombre, thriller de ciencia ficción y realidad, reflexión y concreción. Yo volaba y Mañas me obligaba a detenerme en los detalles exactos. Me ataba al suelo de Madrid, al de Valencia, a cada escenario del mundo real en el que también se asienta Transición.
Dice Simone de Beauvoir que el cuerpo no es una cosa, es una situación. ¿Y si la situación cambiase drásticamente en el futuro? Algunos libros nacen de grandes preguntas, da igual lo exóticas y extravagantes que parezcan si acaban respondiendo a inquietudes profundamente humanas y contemporáneas. Otros comienzan con un audio de WhatsApp, en una Valencia invernal, con ese frío húmedo que se te pega poco a poco a los huesos, a las puertas de una coctelería de un hotel muy alto. Lo curioso es que, meses después, ese mismo lugar terminaría infiltrándose en la ficción.
Porque así funcionan las novelas: empiezan observando el mundo y acaban devorándolo. El Varsovia dejó de ser solo el local en cuya entrada recibí un audio sobre un posible proyecto literario. Se convirtió también en el lugar donde, dentro de las páginas de Transición, una ex fallera mayor de Valencia se citaría con Peña, la subinspectora del Grupo Tecnológico de Intercambialismo de la comisaría Centro de Madrid. Y supongo que eso significa que la novela ya había empezado a escribirse antes de que nosotros lo supiéramos.




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