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5 poemas de Cuestión de fe, de Juan Vicente Piqueras

5 poemas de Cuestión de fe, de Juan Vicente Piqueras

Sobre este poemario dice Carlos Marzal que su autor “convierte su íntima odisea conyugal en la aventura sentimental de todos los lectores, que sabemos que el amor, como la poesía, es cuestión de fe”.

En Zenda reproducimos cinco poemas de Cuestión de fe (Milenio), de Juan Vicente Piqueras.

***

JORNADA LABORAL 

Entra, sale, camina, limpia, ordena,
reza, canta, recoge, siembra, salva
del olvido lo vivo, vive, baila,
trajina, lava, tiende, extiende, brega,
pliega, despliega, guarda, sufre, plancha,
pone en su sitio, quita el polvo, baila,
prepara desayunos, guisa, friega,
pone, quita, sostiene, mira, ama,
hace sol, entra, sale, llueve, nieva,
da una mano a otras almas con sus clases,
se apaga, se ilumina, llora, ríe,
bebe el día en sus ojos luz de lágrima,
nado en sus aguas, soy, nada en las mías,
me declara su amor sin decir nada,
volando como un ave en torno a mí
da su sentido a lo que no lo tiene,
busca y espera, sueña, la sorprendo
colocando en su sitio lo invisible,
quitando el polvo a lo que soy, sintiendo
que no hace falta hablar sino sus pasos
sobre la arena de mi corazón,
mueve las manos que parecen alas,
sus manos y su vida dando vida
a la mía, prodigio a mi pobreza,
luz a mi voz, amor de cada día
a cada día, qué va a ser de mí.

***

POR EJEMPLOS

Un niño que jugando aplasta un hormiguero,
corta una lagartija, le abre el pecho
a un sapo para verle el corazón.

Un anciano que mira morir a las hormigas,
recuerda sus trabajos,
y le da pena que haya sido así.

Un amante que limpiando su cuarto
mata una araña.

Un gato atropellado por el coche
del amante que acude con retraso a la cita.

Una culebra aplastada
por el tren de aterrizaje del avión
donde ella regresaba con retraso también.

Una hormiga que escribe lo que piensa del mundo
antes de ser pisada.

Por ejemplos.

***

LA VOZ DE LA AZAFATA

En el vuelo Madrid-Bogotá se oye la voz de la azafata:

La tripulación atenderá con gusto cualquier inquietud.

Con gusto y a la orden, dulzura colombiana, azúcar del valle para el café de las montañas, tanta amabilidad confunde a alguien criado con mala leche ibérica. Pulso el botón encima de mi cabeza para que venga la azafata, es decir, la aeromoza de la voz de panela, y poder exponerle mi inquietud:

Mire, señorita, resulta que aquí mi esposa y yo, después de nueve años de matrimonio y diez de convivencia, estamos ya hartos cada uno de los defectos y manías del otro. Al principio dijimos no pasa nada, te acepto como eres, pensando: ya cambiará, pero no era verdad, ¿cómo iba a serlo? Cambiar sí hemos cambiado, pero no exactamente en la dirección que el otro deseaba. No es fácil torear dos toros a la vez. Si casi ni siquiera yo me acepto, cómo voy a llevar con elegancia los defectos de ella, sus heridas. La pareja no es fácil, usted ya me entiende. Tengo otras inquietudes, tal vez más inquietantes, pero con esta hoy puede bastar, ¿puede atenderla?

Y la aeromoza, de pronto, no me van a creer, me besó en los labios. Me dio un beso largo y dulce, ignorando que al lado estaba mi esposa que, menos mal, dormía. De repente el avión dio una sacudida, me desperté y oí la voz, la misma voz de la misma azafata, anunciando:

Señores pasajeros, estamos entrando en una zona de turbulencias.

***

ANULAR

En el dedo anular la huella de la alianza
-alianza que luego se convirtió en condena
de diez años y un día,
el día para recoger las cosas-
va, poco a poco, desapareciendo.

Miro las cosas de la casa y siento
cómo se me derrumba lentamente
lo que hasta ayer me cobijó.

Mareos

anuncian y recuerdan la tormenta.

Sangro ya por heridas que vendrán.

Brilla en los ojos lo que ya no tengo,
lo que pudo haber sido, pero no.

En el dedo, borrándose, la huella de la alianza.

Ahora sé que anular era también un verbo.

***

LO ETERNO SE ACABÓ

Ahora toca admitir lo inadmisible,
aprender a olvidar lo inolvidable,
tener que soportar lo insoportable,
intentar comprender lo incomprensible.

Prescindir de lo que era imprescindible,
tener que poner nombre a lo inefable,
sinvivir sin amor y ser amable.
Como buen ciego darse a lo invisible.

Hoy pongo en discusión lo indiscutible.
Me presentan a gente impresentable.
Debo decir que sí y sentir que no.

Tengo que hacer posible lo imposible.
Estar donde no está lo que era estable.
Aceptar que lo eterno se acabó.

—————————

Autor: Juan Vicente Piqueras. Título: Cuestión de fe. Editorial: Milenio. Venta: Todos tus libros.

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Antonio Raya Casado
Antonio Raya Casado
15 horas hace

Magnífico Juan Vicente, inconmensurable como la vida misma.