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La larga agonía de los peces

La larga agonía de los peces

La materia dual que compone este libro, Filosofía griega temprana: De Tales a Plotino y Gnosticismo y cristianismo primitivo: De san Pablo a san Agustín, está basada en la transcripción cuidadosamente revisada de la grabación de dos series de conferencias impartidas en Los Ángeles (California), los inviernos de 1993 y 1994, por Edward F. Edinger (1922-1998)

Edinger, químico y médico militar, doctorado en Yale, nacido en una familia perteneciente a los Testigos de Jehová, se convirtió en el psicoanalista junguiano más influyente de la segunda mitad del siglo XX. Fue presidente del Instituto Carl Gustav Jung de Nueva York, entre otros honores y cargos. Es un autor que contribuyó fundamentalmente a la comprensión del fenómeno religioso desde los postulados de la psicología profunda. Muchas de sus obras han sido traducidas al español.

"Una manera fructífera de acercarse a este libro, que son dos, es considerarlo la historia de un milenio de la filosofía antigua occidental, de Tales de Mileto a san Agustín"

En Catafalco Peter Kingsley le coloca en el lugar de su bête noire más distinguida. No hablaremos de esto para nada aquí. El psicoanálisis, como todos los sacerdocios que fueron, son y serán, no es un estanque dorado. La búsqueda presunta de la “unidad y la verdad” genera monstruos y conflictos múltiples.

Una manera fructífera de acercarse a este libro, que son dos, es considerarlo la historia de un milenio de la filosofía antigua occidental, de Tales de Mileto (624-546 a.C.) a san Agustín (354-430). Una historia explicitada sistemáticamente desde los parámetros del modo psicoanalítico en su variante junguiana. Como tal resulta amena e inteligente, destacando la calidad y la oportunidad de los textos escogidos para ilustrar el pensamiento de los autores, reconociendo también la predisposición del autor para legitimar y elogiar al cristianismo en todo momento y lugar, cosa nada rara por lo demás: el mismo Carl Gustav Jung (1875-1961) era hijo de un pastor de la Iglesia Reformada. El autor alcanza cotas de intensidad excesivas en la dirección contraria al espíritu de Kingsley, nada autocontrolado tampoco, como bien sabemos.

Citaremos directamente a Edinger, tanto con relación al primer libro como al segundo, para comprender mejor la intención de fondo de este trabajo, al que el autor conceptúa como de “psicohistoria arquetípica”:

Los primeros filósofos griegos fueron pioneros en la expresión de ciertas ideas e imágenes que son básicas en la psique occidental. Le incumbe a la psicología profunda conocer de primera mano esas imágenes, que son centrales cuando aparecen en los sueños y demás contenido psíquico.

Tras el bardo ciego (Homero), detestado por Platón (427-347 a.C.), se entró de lleno en la “era axial” donde se supone que el mito fue sustituido por el logos. Tales, el primer filósofo de la serie, caminando por el campo mirando las estrellas, cayó un día en un pozo, donde tuvo la suerte de que no hubiera mucha agua, a la que había considerado el principio raíz de todo (arché), ni fuera demasiado profundo.

Hace dos mil años la psique colectiva sufrió un profundo vuelco, y llaman la atención los paralelismos con nuestra época. Este viraje al inicio de la era cristiana trajo consigo la muerte y el renacimiento de la imagen de Dios vigente por aquel entonces.

Un amigo, que desea permanecer en el anonimato, me comentó al hilo de hacerle participe de este articulo en sus inicios “que desde una perspectiva puramente junguiana y simbólica, el pez (Ichthys) es el gran avatar de la era que agoniza, representando el contenido del inconsciente colectivo que emergió con el cristianismo y el gnosticismo primigenios, y que ahora, en el invierno de Occidente, boquea fuera del agua, asfixiado por el páramo del racionalismo y la neurosis moderna”.

Nuestra época, desde el punto de vista de Jung, que murió en 1961, es el siglo XX, donde la propaganda, la guerra y la disociación mental generalizadas se convirtieron en tempo dominante. Ahí seguimos ahora, con un contenido catódico y digital extra que el psicoanalista de Basilea no llegó afortunadamente casi a conocer.

En todo momento durante la primera parte, la dedicada al pensamiento griego, helenístico y grecorromano, asistiremos a una explicación psicoanalítica junguiana exhaustiva, forzando muchas veces los significados de los autores antiguos. Los iniciados y purificados, los filósofos, son aquellos que han estado exitosamente sometidos a los procesos de individuación. La unidad es vivida como tensión ente los opuestos y la armonía como sintonización con el Uno. Las similitudes entre el Nous transpersonal divino, concebido como vórtice, se asocia a la imagen de Yahvé en el torbellino, exponiendo el aspecto dinámico y creativo del sí-mismo.

"Con Sócrates y Platón se hace presente una voz interior que habla desde dentro y a través de los sueños, al margen de la conciencia"

Con Sócrates y Platón se hace presente una voz interior que habla desde dentro y a través de los sueños, al margen de la conciencia. Una función del sí-mismo. Los conceptos, para mí no otra cosa que subproductos verbales, comienzan a darnos cuenta de la naturaleza no sensorial de las cosas. Aquí hace acto de presencia el poder de la mente para formular categorías generales, desvaneciéndose la participación mística con el entorno físico. Mejor no explorar las modificaciones en el plano de la voluntad. Todo ello muy en la línea del orfismo; se perciben, por estos pensadores y por sus amanuenses junguianos del siglo XX, supuestos avances: “pasos adelante”, en la puesta en escena de la consciencia. Sólo el cielo lo sabe… aunque lo recorran platillos volantes.

La integración de lo inconsciente personal se manifiesta echando la vista atrás; la apertura al inconsciente colectivo y la inmortalidad del alma vienen en el mismo paquete, que incorpora sinuosamente el asunto peliagudo de la muerte. Del trance al Juicio. Las fuerzas corpóreas de la vida interior han sido abducidas y el alma deviene, más aun con la cremación de los cadáveres, vitalidad abstracta.

Aristóteles, Zenón de Citio, el estoicismo, Filón de Alejandría… la Lógica, el Imperio, el advenimiento del galileo y, para completar nada casualmente, la peste venida de oriente que sacó de la existencia a millones con el admirado Marco Aurelio (121-180), cuyo culto secular encuentra hoy en la academia el paroxismo, completan la rueda acelerada de los acontecimientos.

Heráclito (535-480 a. C.), Pitágoras (570-490 a. C.) y Filón de Alejandría (20 a.C.-45 d.C.) son especialmente considerados por Efinder y por su maestro Jung, siendo las referencias continuas sobre ellos especialmente significativas. Enantiodromía (transformación de los opuestos), arithmos (número, contar) y alegoría como descubrimientos capitales de estos sabios, donde encuentra ya acomodo, desde una perspectiva ética, el dios de Israel.

"Según Jung, al que se cita de continuo cuando se explora a los pensadores escogidos, la religión del amor era el opuesto psicológico exacto del diabólico poder romano"

Especialmente brillante es el segundo libro, más allá o quizá por las intensas creencias religiosas del autor. Entre Pablo de Tarso, su doble sombrío Simón el Mago, y la inflación del yo renacentista bien provista por Pico della Mirandola (1463-1494) y Fausto (1480-1540) ocurrieron muchas cosas. ¿Qué involucró, en el marco de la desesperación generalizada que por entonces envolvía al Imperio, la proyección del arquetipo Cristo y sus efectos históricos? El enigma del Nuevo Testamento es el del Dios-Hombre. Con ello se aportaba presuntamente una dimensión ultraterrena a la decadente psique clásica.

Según Jung, al que se cita de continuo cuando se explora a los pensadores escogidos, “la religión del amor era el opuesto psicológico exacto del diabólico poder romano”. Philip K. Dick (1928-1982) no podría haberlo dicho mejor; otra cuestión es que sea verdad. Pero esto, desde que entramos en la era de las ideologías, no le importa ya a casi nadie. Jung ve similitudes, en su experiencia de confrontación de lo numinoso, con la experiencia de ruptura de san Pablo: el camino de Damasco. Y lo expone con claridad:

Aunque ese Cristo de san Pablo apenas habría sido posible sin el Jesús histórico, la aparición de Cristo a san Pablo no procedía del Jesús histórico sino de las profundidades de su propio inconsciente.

Cristo ejemplifica, pues, el arquetipo del sí-mismo, ungido, eso sí, con tres en uno. La trinidad se refleja en la estructura de la psique humana. El yo, el hijo y el sí-mismo. El Hijo, cito ahora directamente a Efinder, es el yo y el padre es el sí-mismo; el yo es hijo del sí-mismo. La cuestión en disputa: ¿está el yo en pie de igualdad con el sí-mismo, o es, relativamente hablando, un títere?

La confrontación de la iglesia naciente con los gnósticos va a ocupar un lugar preferente en la mayor parte de los pensadores con los que se ocupa Efinder en esta segunda sección. El autor organiza en dos triadas los autores. La “gnóstica”, integrada por Marción, Basílides y Valentín, y la “eclesiástica”, compuesta por Clemente de Alejandría, Orígenes y Tertuliano. Quizá sea esta la sección del libro más compleja y fecunda, la que más va exigir al lector pero de cuya lectura atenta no se va a arrepentir. Después llegarán Mani, el profeta de Babilonia, figura inspiradora para Jung, como bien destacó Kingsley, y Agustín de Hipona, como Platón un gran escritor, que cerrarán el mundo antiguo.

"La idea de un tiempo lineal psicológico aportada por san Agustín, opuesto frontalmente al Eón, circular y eterno, está en la base de muchas perplejidades modernas"

Entre los saqueos de Roma de Alarico (410) y Genserico (455), Esnick, discípulo de Marción, elabora su doctrina de los tres cielos. En otro plano, producto de las especulaciones gnósticas sobre la Divinidad, “el Incomprensible, el Extranjero”, se asocian las transformaciones de Dios y los devenires de Sofía, en sus pertinaces acercamientos y alejamientos al Pléroma, con las mortificaciones de la materia en la retorta que Jung considera alquímicas y alegoría adecuada del proceso de individuación.

Terminamos volviendo al comienzo, al título que hemos asignado a esta reseña. Siguiendo a Efinder, que continúa el sendero de Jung, destacar la antítesis Cristo-Anticristo, simbolizada por los dos peces en la constelación de Piscis, como imagen del despliegue de la civilización cristiana. Son dos milenios. En el segundo, sin embargo, el secularismo racionalista y el materialismo científico, que rigen el mundo contemporáneo, reemplazan el dominio de Cristo por el Anticristo (Jung dixit).

La idea de un tiempo lineal psicológico aportada por san Agustín, opuesto frontalmente al Eón, circular y eterno, está en la base de muchas perplejidades modernas. Pero este asunto, por lo demás muy junguiano, excede ya con mucho la materia de este articulo.

Un libro de gran interés, estupendamente editado.

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Autor: Edward F. Edinger. Título: La psique en la antigüedad. Traducción: Carlos Jiménez Arribas. Editorial: Atalanta. Venta: Todos tus libros.

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