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Las monjas griegas que resucitaron la moda de Bizancio

Las monjas griegas que resucitaron la moda de Bizancio

En Mistrás, el último bastión de Bizancio, me encuentro con las monjas que han recuperado la moda que llevaron los habitantes de la ciudad en sus últimos siglos de esplendor.

En el corazón del Peloponeso, entre la frondosa vegetación de las faldas del Taigeto emergen las ruinas de Mistrás, el último bastión del Imperio bizantino. Entre sus calles empedradas y sus ruinas comidas por la hiedra se encuentra el monasterio de Pantanasa, el único que continúa habitado en el interior del recinto amurallado. Allí residen cinco monjas que llevan más de una década empeñadas en sacar del olvido a los antiguos habitantes de la ciudad.

El último gran refugio de Bizancio

La historia de Mistrás comienza en 1249, cuando el príncipe franco Guillermo II de Villehardouin mandó construir una fortaleza para controlar el fértil y codiciado valle del río Eurotas. Su dominio fue breve porque, tras la captura del príncipe en 1262, la ciudad pasó al dominio del Imperio bizantino.

"Su situación estratégica, entre Oriente y Occidente, favoreció el comercio y atrajo a artesanos, mercaderes, artistas y eruditos"

Durante las décadas siguientes, bajo la dinastía de los Paleólogos, Mistrás experimentó un extraordinario crecimiento económico y cultural y, en 1349, se convirtió en la capital del Despotado de Morea, una de las principales provincias del Imperio, gobernada por los hijos y familiares del emperador.

Su situación estratégica, entre Oriente y Occidente, favoreció el comercio y atrajo a artesanos, mercaderes, artistas y  eruditos, convirtiéndola en uno de los principales focos intelectuales de Bizancio. Filósofos como Jorge Gemisto Pletón encontraron en la ciudad un lugar para preservar el legado clásico. Además, figuras como el cardenal Besarión, Juan Eugénico o Laónico Calcocondilas fueron los protagonistas de un auténtico florecimiento cultural que acabaría influyendo en el Renacimiento europeo.

La Caída de Constantinopla en 1453 convirtió a Mistrás en el último bastión bizantino hasta que siete años después, la ciudad fue entregada sin resistencia al sultán Mehmed II.

Las guardianas de la memoria

La ciudad sufrió durante décadas el abandono y la destrucción, hasta que en el siglo XIX un grupo de religiosas se instaló en el monasterio de Pantanasa. Encontraron una ciudad en ruinas y, con paciencia y devoción, se dedicaron a restaurar sus templos y edificios y a estudiar los frescos que decoraban sus muros. Mucho antes de que la UNESCO declarara este enclave patrimonio de la humanidad o de que existiera la protección sistemática del yacimiento, aquellas religiosas fueron las primeras conservadoras de Mistrás.

"Las cinco monjas que residen hoy en el monasterio se sienten herederas de la labor de sus antecesoras, y responsables de que la historia del lugar y sus gentes no caigan en el olvido"

Su trabajo no terminó con ellas. Las cinco monjas que residen hoy en el monasterio se sienten herederas de la labor de sus antecesoras y responsables de que la historia del lugar y sus gentes no caigan en el olvido: «Somos un eslabón de la cadena del tiempo; una continuación del ayer y un heraldo del mañana», explican las hermanas Agnes y Elisabeth. Por esta razón, y con el objetivo de «revivir al habitante bizantino de Mistrás», hace más de una década se embarcaron en el ambicioso proyecto de recrear, con el mayor rigor histórico posible, la ropa que vistieron los habitantes de Mistrás entre los siglos XII y XV.

Durante este tiempo, las monjas trabajaron casi como arqueólogas: analizaron cada uno de los frescos conservados en las iglesias de la fortificación, miniaturas de manuscritos antiguos, iconos, retratos funerarios y obras del Renacimiento italiano. También estudiaron fragmentos textiles recuperados en las tumbas de Mistrás para identificar tejidos y técnicas de confección. Finalmente, los expertos de la Sastrería de la Ópera Nacional de Grecia transformaron todos estos años de investigación en 19 trajes completos de emperadores, nobles, eruditos y ciudadanos corrientes, una de las reconstrucciones de indumentaria tardobizantina más completas realizadas hasta la fecha.

La vestimenta que devuelve la vida a Mistrás

En palabras de la hermana Agnes, querían mostrar al público «el lujo, la grandeza, la riqueza de colores, la singularidad y el encanto de la indumentaria bizantina y acortar la distancia que inevitablemente ha creado el paso del tiempo» y ser un homenaje a las gentes que vivieron en Mistrás durante los siglos XIII al XV y que «pasen del olvido a la memoria». Así, con seda, terciopelo, oro y piedras preciosas, estas monjas han dado vida a la indumentaria que vistieron personas de todos los estratos de la sociedad tardobizantina: emperadores, miembros de la corte, eruditos, aristócratas, comerciantes, mecenas y ciudadanos anónimos.

"Inspirándose en un manuscrito conservado en el Museo del Louvre se ha creado una de las piezas más delicadas y espectaculares de la colección, la vestimenta ceremonial de Helena Dragaš"

Inspirándose en un manuscrito conservado en el Museo del Louvre se ha creado una de las piezas más delicadas y espectaculares de la colección, la vestimenta ceremonial de Helena Dragaš, esposa del emperador Manuel II Paleólogo y madre de Constantino XI, último emperador de Bizancio. A partir del mismo manuscrito se ha reconstruido el sakkos (σάκκος) o túnica púrpura, un loros (λώρος) o banda ancha bordada en oro, el kamelaukion (καμελαύκιον) o corona hemisférica y la akakia (ακακία) o pequeño rollo de seda del emperador, todos ellos atributos de la corte bizantina: «La vestimenta en aquella época era un elemento importante de diferenciación social, que mostraba la jerarquía política de quienes la vestían», explican las monjas.

Otra de las grandes reconstrucciones es la vestimenta ceremonial del emperador Juan VIII Paleólogo, inspirada en una fuente excepcional: la representación del rey Baltasar de los frescos de Benozzo Gozzoli del Palacio Medici Ricardi de Florencia. Se cree que el pintor italiano representó al emperador durante su visita a Italia con motivo del Concilio de Florencia.

También destacan la reconstrucción de Tomás Paleólogo, inspirada en los frescos de Pinturicchio sobre la vida del papa Pío II y conservados en la Biblioteca Piccolomini de Siena y un vestido de seda de una dama noble del siglo XV elaborada a partir de los restos textiles hallados en una tumba de la iglesia de Santa Sofía de Mistrás.

Otro de los aspectos interesantes es que también se ha reproducido la indumentaria de los donantes que aparecen representados en los frescos de las iglesias de la ciudadela, devolviendo así la identidad a comerciantes, nobles locales y habitantes corrientes de la ciudad.

Mistrás, entre Oriente y Occidente

La colección muestra el carácter fronterizo de Mistrás de los Paleólogos, una ciudad donde convivían la tradición bizantina y las influencias llegadas de Occidente. Los tejidos, los accesorios, muestran el permanente diálogo entre Oriente y Occidente en los últimos años del Impero bizantino.

La tarde se apaga sobre las desgastadas calles de Mistrás y las últimas luces del día iluminan el monasterio de Pantanasa. El sitio arqueológico está a punto de cerrar al público y las monjas me invitan a regresar con más tiempo, para que tengamos tiempo de charlas, de mostrarme los nuevos proyectos en los que están trabajando para seguir rescatando la memoria de la ciudad. Mistrás, a través de estas devotas mujeres, tiene aún mucho que contar.

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