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14 de agosto de 1936: El horror de Badajoz visto desde el presente

14 de agosto de 1936: El horror de Badajoz visto desde el presente

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Viernes, 14 de agosto de 1936: El horror de Badajoz visto desde el presente

Hoy, en el noventa aniversario de la caída de Badajoz, me vais a permitir que hable del controvertido asunto de los fusilamientos de la plaza de toros.

Quizá el relato más conocido es el que aparece en el diario madrileño La Voz, octubre del 36, calcando el reportaje que el periodista americano Jay Allen había enviado previamente al Chicago Tribune. Salió a los pocos días de la toma de Badajoz por el teniente coronel Juan Yagüe. Es un relato macabro que ubica en los tendidos a respetables terratenientes y sus esposas, afiliados a Falange y Renovación, curas y monjas, mientras Yagüe ordena montar las ametralladoras. Al poco salen a la arena centenares de republicanos, socialistas, comunistas y anarcosindicalistas, incluso mujeres y niños. A todos se les ametralla en masa, y los legionarios y moros matan con bayoneta a quien intenta revolverse.

El texto es pura propaganda bélica, con la intención de preparar a los madrileños a la resistencia contra las tropas de Yagüe. Eso no quita que se apoya en las crónicas periodísticas de los tres corresponsales que visitaron la ciudad el día después de su toma.

"En su crónica Neves describe, como detalle crudo, el humo blanco y denso en forma de pequeñas columnas que se expandía por el cielo proveniente de la quema de unos, calcula, trescientos cadáveres"

Los tres estuvieron en Badajoz y fueron escoltados durante su visita. Lógicamente, los tres resaltaron las decenas, incluso centenares de cadáveres en las calles. Jacques Berthet, en Le Temps, cuenta que «los arrestos y ejecuciones en masa continúan en la plaza de toros». Mário Neves, en el Diário de Lisboa, escribió que la plaza había sido bombardeada, que en ella se veía un carro blindado entre multitud de cadáveres. Y cuando volvió al día siguiente, porque en Portugal corría el rumor de fusilamientos masivos, afirmó que aunque allí esperaban docenas de prisioneros a que los ajusticiasen, la plaza de toros no tenía un aspecto diferente del día anterior. Su conclusión fue que el rumor de fusilamientos masivos era infundado. Los cadáveres que vio eran los mismos de la víspera, aunque, eso sí, en su crónica describe, como detalle crudo, el humo blanco y denso en forma de pequeñas columnas que se expandía por el cielo proveniente de la quema de unos, calcula, trescientos cadáveres.

En cuanto a las cifras, en ninguno de los reportajes aparecen los cuatro mil muertos de que habla Jay Allen. Tampoco ninguno tuvo la repercusión internacional del americano. Berthet habla de mil doscientas ejecuciones. El historiador Paul Preston de dos mil. El controvertido Pío Moa cifra las víctimas de Badajoz, basándose en datos del estudioso Sánchez Marroyo, entre quinientas y mil quinientas hasta fin de año, incluyendo muertos en combate y ejecuciones posteriores. Tampoco parecen creíbles los arabescos literarios con los que el fantasioso periodista de La Voz adornó los fusilamientos: banda de música y parafernalia, bajo los acordes de la Marcha Real y el himno de Falange, ante tres mil espectadores.

Lo innegable es que hubo centenares de fusilamientos ese catorce de agosto, y los días siguientes. El propio Yagüe declaró que no podía permitirse avanzar con su tropa dejando vivos a sus espaldas miles de enemigos potenciales.

Pero que fueran ejecutados en un ambiente de fiesta ya me parece un elemento de fantasía goyesca, vinculado a esa crueldad ibérica siempre tan presente en el imaginario norteamericano.

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Aguijón
Aguijón
1 mes hace

La toma de Badajoz fue sangrienta porque hubo resistencia por primera vez a las columnas del ejército de África.
La propaganda de guerra es así, después de la toma del cuartel de la montaña lo de menos parecían ser los asesinatos de los rebeldes rendidos cuando su captura no representaba ningún problema.
No es de recibo el decir que no podía Yagüe dejar enemigos a su espalda en su avance cuando él mismo instó a Franco para avanzar directamente hacia Madrid por Córdoba y no guardar el flanco extremeño de la frontera portuguesa.
Hubo muchas bajas en combate y luego fusilamientos de revancha contra los que antes habían ejercido la represión contra derechistas, nada diferente de otros lugares, pero el duro combate por tomar la ciudad incrementó considerablemente el número de muertes.
La propaganda es infecta y si es un aprendiz de Hearst quien la hace, más.

Javier
Javier
1 mes hace

Al terror y la barbarie por la toma de la ciudad, le siguió el terror y la barbarie en toda la provincia que controlaban los sublevados, con miles y miles de represalias, pueblo por pueblo, contra gente que el pecado más gordo que habían cometido, era haber sido fieles a la República, tener ideas de izquierdas, o haber ejercido cargo público, electo o por oposición, para el régimen republicano.
La toma de Badajoz fue nuestro Srebrenica, o por mejor decir, Srebrenica fue el Badajoz bosnio, con la diferencia de que aquí ganaron los malos.
Saludos.

Bernardo
Bernardo
1 mes hace

Hay un relato desgarrador, por realista, sobre «Lo de Badajoz» en Guerra Total, de Chaves Nogales, libro que reseñé para esta revista y que recomiendo leer para calibrar posiciones, por mucha ficción que destile. Una ficción que se soporto en los hechos acaecidos y registrados en la memoria de quienes lo sufrieron y sobrevivieron.
La reseña aquí: https://www.zendalibros.com/la-guerra-fue-mas-humana/

Fernando Triana
Fernando Triana
1 mes hace

Ya está bien de blanquear el Franquismo.